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14 Jan 2025Views 1076Madre e hija folladas en una suite Una madre y su hija exploran sus deseos mas oscuros en un juego de pasion y complicidad con dos hombres, sellando un secreto que transforma su relacion.


Mariana observaba la playa desde el balcon del hotel, el mar extendiendose ante ella como una promesa incierta. Las olas rompian con un ritmo hipnotico, pero su mente estaba en otro lugar. Camila estaba sentada detras de ella, en el sofa, con los auriculares puestos y una expresion de indiferencia que parecia estar tallada en piedra.

El viaje habia sido una apuesta. Mariana sabia que su hija no estaba feliz con la separacion, y menos aun con la idea de pasar unos dias en un hotel lejos de su circulo social. Pero despues de meses de peleas, portazos y silencios incomodos en la casa, Mariana habia decidido que algo tenia que cambiar.

—¿De verdad tenias que traernos aqui? —dijo Camila, quitandose un auricular sin mirar a su madre.

Mariana suspiro, apoyandose en la barandilla del balcon.

—Necesitabamos un respiro. Tu y yo.

Camila solto una risa seca.

—¿Un respiro de que? ¿De todo lo que rompiste?

Las palabras golpearon como una bofetada, pero Mariana las esperaba. Desde la separacion, habia aprendido a recibir las criticas de su hija con la paciencia de quien sabe que el tiempo y la perspectiva lo cambian todo.

—Se que estas enojada, Camila —respondio con calma—. Y tienes derecho a estarlo. Pero este viaje no se trata solo de mi. Tambien es para ti.

Camila no respondio, pero tampoco volvio a colocarse el auricular. Eso, para Mariana, ya era un avance.

Mas tarde en la piscina. Camila caminaba unos pasos delante de Mariana, con la vitalidad y frescura que solo sus diecinueve anos podian otorgarle. Habia heredado lo mejor de la genetica de su madre: la piel tersa y radiante, los ojos brillantes que parecian guardar secretos y una figura esculpida que no pasaba desapercibida. Sin embargo, tambien habia heredado el caracter explosivo de su padre, una chispa que encendia tanto su temperamento como su magnetismo natural.

Llevaba un bikini rosa que acentuaba su silueta juvenil. El top triangular realzaba su busto perfecto, mientras que la diminuta parte inferior dejaba al descubierto sus caderas redondeadas y piernas largas, que parecian disenadas para atraer miradas. El kimono blanco semitransparente se deslizaba por sus brazos, flotando con cada uno de sus movimientos, como un delicado marco que destacaba su feminidad sin esfuerzo.

Camila aun no parecia consciente del efecto que causaba en los demas, o quiza lo sabia demasiado bien y jugaba con ello. Al cruzar el area de la piscina, sintio las miradas, algunas furtivas, otras descaradas, de hombres de todas las edades. Pero ella, con una sonrisa entre inocente y desafiante, parecia disfrutar el juego. Mariana observaba a su hija con una mezcla de orgullo y nostalgia, recordando como, a esa edad, habia dominado el arte de ser mirada, aunque con menos rebeldia y mas cautela.

—¿Sabes? Cuando tenia tu edad, solia venir a la playa con tus abuelos —comento Mariana, intentando romper el hielo.

—¿Si? ¿Y tambien te paseabas como si estuvieras en una pasarela? —respondio Camila, con una mirada que oscilaba entre la burla y la curiosidad.

Mariana se detuvo un instante frente a una vitrina del hotel y miro su reflejo. Su cuerpo, a sus cuarenta anos, seguia siendo una declaracion de feminidad. Aun conservaba las curvas que la habian hecho modelo en su juventud, aunque ahora exhibian las marcas de su historia: las delicadas estrias en sus caderas, un vientre que hablaba de la maternidad y muslos anchos que reflejaban fuerza y sensualidad.

El trikini negro que habia elegido era atrevido y perfectamente ajustado a su figura, con aberturas estrategicas que dejaban entrever su piel bronceada. Las delgadas tiras doradas del diseno, que recorrian sus hombros y su cadera, anadian un toque de lujo mientras abrazaban su cintura, realzandola. Su escote pronunciado y el corte alto en las piernas transformaban su andar en una oda a la confianza.

Su trasero redondeado se balanceaba al ritmo de sus pasos, evocando la confianza que habia olvidado poseer. Despues de anos de vivir bajo las reglas y criticas constantes de su exmarido, habia recuperado el placer de vestirse para si misma, y el resultado era innegable: una mujer que desbordaba poder y sensualidad con cada paso.

—De hecho, si —respondio, con una sonrisa que no llego del todo a sus ojos—. Fui modelo, ¿recuerdas? Antes de que nacieras.

Camila se detuvo, girando hacia su madre con una ceja levantada.

—Siempre pense que eso era un invento tuyo.

Mariana solto una carcajada sincera.

—Lo entiendo. Ultimamente, ni yo lo creia.

Por un momento, la tension entre ambas parecio disiparse. Mariana decidio arriesgarse un poco mas.

—¿Por que no nos tomamos unas fotos juntas? Algo divertido.

Camila la miro con incredulidad.

—¿Fotos? ¿Tu y yo?

—Si, ¿por que no? —Mariana alzo los hombros, como si fuera lo mas natural del mundo.

—¿Para que me sigan comparando contigo? No, gracias.

Las palabras de Camila dejaron a Mariana helada.

—¿Compararte? ¿Quien hace eso?

—Todo el mundo. Papa, las tias, incluso tu. Siempre hablando de como eras antes, como si yo tuviera que ser igual.

Mariana quiso protestar, decir que no era cierto, pero algo en el tono de su hija le hizo guardar silencio. Habia verdad en esas palabras, aunque no fuera intencional.

Asi paso la tarde, cada una sumida en su propio mundo bajo el sol abrasador. Mariana habia decidido no insistir mas. Desde la tumbona, observaba como Camila tomaba el sol junto a la piscina, con una despreocupacion que parecia calculada.

Los rayos del sol acariciaban la piel de Camila, resaltando el brillo dorado que comenzaba a formarse en sus hombros. Jugaba con los tirantes de su bikini, deslizandolos lentamente por sus brazos, como si buscara evitar marcas de sol, pero el gesto tenia algo de intencional, casi provocador.

Sus pezones se marcaban sutilmente bajo la tela, endurecidos por el calor directo y la brisa ocasional, algo que no paso desapercibido para los chicos del hotel. Camila lo sabia.

Mariana observaba desde su tumbona, siguiendo los movimientos de Camila con una mezcla de admiracion y curiosidad. Noto los pequenos gestos calculados: como arqueaba ligeramente la espalda al estirarse, dejando que sus curvas se moldearan contra el bikini; como entrecerraba los ojos bajo el sol, con esa sonrisa traviesa que nunca se definia del todo; como sus dedos jugueteaban distraidamente con un mechon de su cabello, desordenandolo apenas, como si el desorden tambien fuera parte del juego.

Los chicos seguian mirandola, intentando no ser demasiado evidentes, pero Camila ya habia notado cada mirada. Mariana tambien.

Era como un espejo del pasado: el descubrimiento de la propia sensualidad, esa mezcla de inocencia y audacia que, sin pretenderlo, enciende deseos. Mariana se sorprendio reconociendose en ella, como si el tiempo hubiera retrocedido y, de pronto, estuviera mirando a una version mas joven de si misma.

Esa noche, mientras ambas se arreglaban para cenar en el restaurante del hotel, Camila rompio el silencio:

—¿Que se siente cuando un hombre deja de mirarte?

Mariana se giro hacia ella, sorprendida por la pregunta.

—¿A que te refieres?

—Nada. Solo que… los hombres te miran diferente ahora, ¿no? —Camila hablaba, su voz suave y cargada de una curiosidad contenida, mientras retocaba su labial frente al espejo. Los movimientos de sus dedos eran delicados, casi como si estuviera acariciandose los labios, notando como el color resaltaba la Ir a página 2
26 Dec 2023Views 533Mi hermana dormida Pase una estupenda noche, aprovechandome de mi hermana.

Mi hermana es 9 anos mayor que yo y desde siempre he tenido obsesion por ella. Desde muy nino, cuando la vi por primera vez desnuda, me obsesione con su culo, y abusaba de ella mientras dormia. Cuando se caso, pense que todo acabaria, pero como ya he contado en otros relatos, he tenido otras oportunidades.

Mi cunado es guarda de seguridad, y una noche que le tocaba trabajar, mi hermana me llamo por si queria acompanarla a ver la procesion de una virgen que salia en un barrio cercano. Fui a recogerla en mi coche, y nos acercamos a la iglesia. La procesion salia con una hora de retraso, por lo que nos fuimos a un bar cercano a tomar unas cervezas.

Cuando llego el momento, nos acercamos a la iglesia, la cual estaba ya llena de gente. Entre empujones, me puse detras de mi hermana, pues habia varios tios que se querian poner detras de ella. La agarraba por la cintura, y con el roce de su culo, mi pene se puso duro.

Como el camino que seguia la procesion, era el mismo hacia donde tenia mi coche aparcado, fuimos detras de la virgen, evitando que se colocasen entre nosotros lo demas hombres, incluso me encare con un viejo, que casi lo consigue. Yo seguia agarrandola por la cintura, pegado a ella y con mi pene entre las cachas de su culo.

Cuando llegamos a una esquina, nos salimos de la procesion y nos dirigimos hasta el coche, que estaba cerca. Una vez en el coche, camino de su casa, me disculpe por haberme apretado tanto a ella, pero no queria que lo demas se metieran detras de ella. Me dijo que lo entendia, y que no pasaba nada.

Llegamos a su casa, y como era tarde me dijo que me quedara a dormir, pues no queria que condujera de noche. Le dije que si, sin que se notara demasiado que ya lo tenia pensado, pues deseaba tener una nueva ocasion de desnudarla cuando estuviese dormida.

Era verano y hacia calor, por lo que le pedi a mi hermana que me diera las calzonas que siempre tengo en su casa, para cuando me quedo n su casa. Fue a su dormitorio, y al cabo de unos minutos salio con las calzonas. Mi polla se puso dura al verla cuando salio de la habitacion. Se habia cambiado de ropa y llevaba una camiseta de tirantas, con un gran escote, que dejaba ver el canalillo de sus pechos, y cuando se agacho pude ver sus pezones coronando esos deliciosos pechos. Tambien llevaba un pantalon corto, muy amplio que cuando se sento frente a mi, se le veia un poco el conito por la pernera, pues no usa ropa interior cuando esta en casa.

Me fui al bano a cambiarme, y a hacerme una paja, pues estaba en el pene duro del roce en la procesion y al ver los pechos y el cono de mi hermana.

Cuando regrese del bano, mi hermana habia preparado un par de cubatas de ron. Nos los tomamos comentando lo bien que procesionaba la virgen y la de gente que habia, para ser verano.

De nuevo volvi a disculparme por pegarme tanto a ella, pero asi evitaba que se pusieran detras de ella. Me dijo que no fuera tonto, que lo entendia y me lo agradecio con un beso en la mejilla.

Prepare otro cubata para cada uno, mientras ella abria el sofa cama y lo arreglaba para que durmiese. Yo pense que al no estar mi cunado dormiria en su habitacion, pero conecto el aire acondicionado y se acosto en el sofa al lado del mio. Quedaba un culito en la botella de ron, por lo que nos preparamos el tercer cubata. Cuando nos lo terminamos, nos dimos las buenas noches y nos dispusimos a dormir. Ella se quedo dormida pronto, entre el cansancio y la embriaguez de los cubatas. Yo intente aguantar, para tener la oportunidad de poder desnudarla.

La oportunidad llego pronto. Dormia boca arriba y sus pechos se le salian por las tirantas de la camiseta. Como estaba muy cerca de mi, sin levantarme, alargue la mano y empece a acariciarlos, jugando con mis dedos con sus sonrosados pezones, que se pusieron duros al momento. Me incorpore y bajando las tirantas y la camiseta casi al ombligo, deje sus pechos desnudos a la vista y comence a besarlos, jugando con mi lengua en sus pezones, haciendo circulos siguiendo el giro de las aureolas y, metiendome los pezones en la boca, mamar de ellos, intercambiando los pechos, mientras con mi mano le acariciaba el cono por encima del pantaloncito. Entre que tiene el sueno muy profundo, unido a la embriaguez de los cubatas, no reaccionaba, y seguia dormida. Entonces, meti la mano por el elastico del pantaloncito, y comence a acariciar su cono, recorriendo la rajita de sus labios vaginales y jugando con su clitoris, mientras estaba metiendole un dedo. Poco a poco, tire del elastico y le baje el pantaloncito hasta los muslos, y alli estaba mi hermana, boca arriba y desnuda. No pude aguantar y me fui al bano para hacerme una paja y coger unas toallitas.

Cuando regrese, mi hermana habia cambiado de postura, estaba de lado, cara al respaldo del sofa y con su culo desnudo totalmente a mi disposicion. Me acerque, y comprobando que estaba dormida por sus ronquidos, comence a acariciar y besar su culo, incluso separe sus nalgas y comence con un beso negro. Me baje las calzonas y el boxe y refregue mi pene por su culo, haciendome una cubana apretando sus nalgas contra mi pene. No me pude contener y solte un chorro de semen que le lleno las nalgas. Las limpie, y como mi pene aun seguia duro, separe las nalgas y apunte directamente a su ojete, penetrandola suavemente. Cuando tenia la mitad de mi pene dentro, espere un poco y comence el mete y saca despacito, sin pausa pero sin prisas, hasta que me corri dentro de su culo. Limpie la leche que le chorreaba del ojete, le di un beso en las nalgas, subi el pantaloncito, y me eche a dormir, aunque no podia solo de pensar que mi hermana estaba tan cerca y a mi disposicion. Me incorpore de nuevo y alargue la mano, para seguir acariciandole el culo por encima del pantaloncito y de vez en cuando metia mi mano por la pernera para jugar con su cono y meterle un dedo.

Como habia bebido, fui al servicio. Cuando regrese, mi hermana estaba boca arriba, con sus pechos desnudos, pues no le subi la camiseta, y su conito casi se le veia, pues el pantaloncito solo pude subirlo por la parte del culo, y tenia una pierna fuera del sofa, apoyada en la moqueta del suelo, por lo que tenia las piernas separadas. Como note que seguia roncando, le baje muy despacio el pantaloncito y cuando tuve su cono desnudo a la vista, me baje la ropa y apunte a la entrada de su cono, penetrandola poco a poco hasta que mis huevos chocaron con su piel. Espere unos segundos, sintiendo el calorcito de su interior y comence el mete y saca, bombeando despacio mientras acariciaba y chupaba y mamaba sus pechos. No me preocupaba correrme dentro, pues esta operada.

Cuando note que me iba a correr, empuje penetrandola hasta el fondo y soltando toda mi corrida en su cono. Me quede con mi pene dentro, jugando con sus pechos, hasta que salio por si solo ya flaccido. Le limpie el semen que salia de su cono, le subi el pantaloncito, le coloque bien la camiseta, y me eche a dormir.

No dormi mucho, un par de horas, mas o menos. Me desperte y mi hermana estaba de lado, pero esta vez de cara hacia mi. Seguia roncando y sus pechos se le veian por las tirantas de la camiseta. Jugue un rato con ellos y me baje la ropa para pasarle mi pene por sus labios, poco a poco con mi mano, tirando de la barbilla, le abri la boca y le meti la punta de mi pene, haciendo que me la mamara. Hasta que senti que me iba a correr, lo saque y cogi una toallita, echando la corrida en ella.

Volvi a acostarme y me quede dormido hasta que me desperto mi cunado, que regresaba del trabajo. Nos saludamos y volvi a dormirme hasta bien entrada la manana y al abrir los ojos, alli estaba mi hermana, agachada recogiendo los vasos y la botella de ron y ensenando sus pechos por el escote de la camiseta. Recorde como habia disfrutado de ellos. Me levante y fui al bano a masturbarme.

Desayunamos y me despedi hasta poder tener otra ocasion para disfrutar de sus encantos.
27 Jul 2025Views 805Enfadado con mi madre, hicimos las paces follando Tras fallecer mi padre,mi madre tuvo pareja muy pronto y yo no se lo perdone. Cuando pasados un par de anos coincidimos en la casa de la playa, pudimos hablar y reencontrarnos hasta tal punto que acabamos follando y disfrutando del sexo como nunca.


Me reconcilie con mi madre, follandomela en verano.

Volver a Denia despues de tanto tiempo tenia algo de irreal. El calor del Mediterraneo era el mismo, pero el aire me parecia mas denso, como si la casa arrastrara todavia el eco de mi padre.

Llevaba algo dos anos trabajando en Londres y estaba deseando volver a Espana. Desde que mi madre llevo a vivir a mi casa a una nueva pareja, apenas un ano despues del entierro de mi padre, no habia vuelto.

Nos dimos un medido abrazo, que no podria catalogarse exactamente de amor maternal. Hacia casi dos anos que no la habia visto pero a sus cincuenta y seis anos seguia siendo una mujer esplendida, muy alta cuando se subia en tacones y en una forma envidiable gracias a sus horas de ejercicio. Su cabello largo, rubio, liso, envolvia una cara muy bien conservada. Sus azules ojos miraban de frente sin timidez. Recorde los veranos en los que mis amigos me decian lo buena que estaba mi madre, un pibon de mujer para unos chicos de veinte anos.

— !Estas estupendo! —me recibio carinosa.

—La que esta increible eres tu, le pareces a mi hermana — Martita tenia 22 anos, mi hermanita pequena a la que queria mucho.

La casa seguia igual: las macetas en la terraza, el toldo descolorido, la mesa redonda del porche. Pero dentro, todo habia cambiado. Ya no estaba la risa grave de mi padre resonando por el pasillo, ni las bromas que el hacia, como si todo fuera siempre una fiesta.

Habia fallecido hacia mas de dos anos. Un infarto mientras conducia que afortunadamente no causo ninguna victima y evito el drama de una enfermedad larga o de estancias en hospitales. Se fue como vivio: sin hacer ruido, sin pedir nada.

Yo ya vivia fuera de Espana y no estuve presente en los primeros meses de su ausencia para mi madre la principal afectada. Mi situacion en Londres fue la razon de que no viera el cambio de mi madre y como a los ocho meses de ser viuda comenzo a salir con un senor que poco despues de un ano del fallecimiento de mi padre, ya se instalo en mi casa. Cuando me entere, me enfade con ella y no volvi a regresar a Madrid, ni a Denia en verano. No podria soportar verla con otro hombre en mi propia casa.

Aunque me senti traicionado, la verdad es que nunca deje de quererla. Afortunadamente para mi, egoistamente hablando, esa relacion le duro solo un ano. Me lo dijo la primera noche, mientras cenabamos y nos poniamos al dia de nuestras respectivas vidas sentados en la terraza con una copa de vino.

—Siento mucho haberte defraudado, se lo que querias a tu padre.

—Y tu tambien lo querias. Por eso me resulto tan chocante que apareciera ese tio cuando crei que la familia estabamos de luto.

—La familia estaba de luto, pero tu hacias tu vida en Londres y Martita no dejo de salir ni un fin de semana. Cada uno lo hemos echado de menos a nuestra manera.

Comprendi que era egoista pero no podia evitarlo.

—Bueno mama, me alegro de haber venido y pasar unos dias contigo. ¿Como estas?

—A Lucas lo he olvidado rapidamente. Pero al volver a quedarme sola, me ha entrado un cargo de conciencia que no habia sentido antes. Seguramente estaba obnubilada.

Yo asenti sin decir nada. A veces el silencio es el unico consuelo verdadero. Tras ponerla al dia de mis actividades en Londres, le confese que echaba de menos tantos veranos que habia pasado en esa casa.

—Martita esta en Boston y no vendra hasta agosto, a ver si puedes volver tu tambien. Y ahora, cuentame, ¿has dejado algun ligue en Londres?

—No hay nadie que me espere. Y tu, ¿sales ahora con alguien? Te aseguro que no pretendo reivindicar mas a mi padre, ya ha pasado tiempo. Puedes actuar como quieras.

—Quiero estar un tiempo sin nadie. Salgo con mis amigas, conocemos algunos senores. Y nada mas.

Cuando la vi salir arreglada para reunirse con sus amigas, con un vestido de verano ajustado, los labios pintados y unas gotas de perfume en el cuello, no pude reprimirme.

—Vas muy guapa. No me extrana que te salgan novios.

—Ya sabes que en esta playa todas las senoras se visten como si fueran de fiesta.

—Pero ninguna tiene tu clase —respondi, sincero.

Ella sonrio agradecida.

—Me alegro mucho de que estes aqui. ¿Has quedado con alguien?

—Si, he llamado a los amigos de entonces —menti.

La verdad es que no habia quedado con nadie. Me apetecia pasear, sabia los sitios por los que podria encontrarlos. Desde que me fui a Inglaterra, no habia vuelto. Fui al puerto, tome una cerveza en la barra en un garito con musica en directo. Habia cambiado el ambiente, gente que no era de alli, turistas con poco estilo. No conocia a casi nadie ya. Un camarero me dijo que la gente que iba por alli, ahora solia ir a La Noite, fuera del puerto.

Fui alli y encontre a Paquito y a Loren, a los que hacia tanto que no veia y que se alegraron un monton de verme. Me uni a su grupo donde habia una chica, Luisa, que me miro con ojitos de bienvenida. Yo me sentia fenomenal, desinhibido, como si no hubiera estado ausente tanto tiempo.

Entonces la vi. Bailaba en medio de la pista, con dos amigas mas o menos de su edad, riendo como una adolescente. Llevaba el vestido que yo le habia visto ponerse dos horas antes, pero ahora le brillaban los ojos. A su alrededor, un par de hombres, uno mas joven, el otro de barba canosa, se movian con esa risa insistente del que quiere gustar. Uno le dijo algo al oido y ella le respondio con una risa que no supe si era coqueta o burlona.

Me aleje un poco de la pista. Desde un lateral de la barra, segui observando un rato. Sus amigas tambien se lo pasaban bien. No vi incomodidad en ella, ni tampoco determinacion por rechazar. Y en mi, algo se movio. Sin dejar de sentir una ternura profunda, sufri un ataque de celos. Me fascinaba verla asi, divertida, atractiva, seductora pero a la vez me dolia.

Decidi irme sin que me viera. Esa noche era suya. Por primera vez entendi que ella tenia todo el derecho del mundo a gestionar su vida. Tenia derecho a salir y pasarlo bien. Y desde luego no le faltarian pretendientes.

Llegue a casa sin sueno. El calor no ayudaba a conciliarlo. Sali a la terraza con un libro en la mano. Encendi la luz y me sente en el sillon que mi padre llamaba el sillon del patriarca. Ahora yo era su heredero.

Escuchaba los grillos, el murmullo de musica lejana. Habia algo regenerador en estar ahi, recuperando mi pasado familiar. Incapaz de concentrarme en el libro que tenia en las manos, recupere los recuerdos de las fantasias de juventud de mi grupo de amigos de verano cuando venian a casa y veian a mi madre. Cosas de jovenes que mi mente mucho mas adulta ahora, revivia.

Sobre las dos de la manana, la puerta se abrio suavemente, como si no quisiera hacer ruido. Entro con sus zapatos en la mano. El vestido parecia que aun se movia al ritmo de la noche.

—¿No tienes sueno? —dijo, con una sonrisa en los labios al verme.

—No, hace calor —respondi tratando de parecer ajeno a ella.

—Me quedare un rato contigo. ¿Te apetece un vino? —pregunto mientras se acercaba a la cocina.

—De acuerdo.

Volvio con dos copas de vino blanco frio y se sento a mi lado, cruzando las piernas. Nos miramos como si no fueramos los mismos de esa manana.

—¿Lo has pasado bien? —me pregunto.

—Si —dije con un suspiro largo, hondo—. He estado con Paquito y Loren en la Noite.

Bebio un trago y apoyo la cabeza en el respaldo.

—¿Has estado alli?

—Si. Te vi. No quise interrumpir.

Ella me miro con ternura.

—No lo habrias hecho, solo bailaba. Espero que no lo vieras mal, no quiero que nos distanciemos nunca mas, eres parte de mi vida.

—No me ha molestado, solo que...estaban mis amigos. Para ellos eras un sex simbol y no quise que gastaran bromas. Afortunadamente ellos no te vieron o... no te reconocieron.

—No pretendo esconderme de nadie. Mis amigas y yo solo coqueteabamos un poco. No paso nada, no te preocupes —me miro divertida, feliz de tenerme alli.

—Realmente estabas radiante —Y seguia estandolo, con sus ojos brillantes y no por el vino.

—Me alegro mucho de poder hablar contigo como adultos. Debe ser ese sillon —rio recordando a mi padre— que aporta madurez.

Chocamos las copas. Me dio un abrazo enorme, en intensidad y en duracion. Mi polla se puso en tiempo de saludo y ella lo noto. Me miro de nuevo sorprendida y en su mirada entendi que la persona frente a mi no era solo mi madre. Era una mujer viva, buscando reconstruirse a pesar de sus errores y yo, decidi en ese momento ser parte de esa reconstruccion.

Me dio la mano sonriendo y nos quedamos alli, en la terraza, en silencio, viendo como la noche empezaba a redimirnos del pasado. Pasado unos minutos de paz con nosotros mismos, nos retiramos a dormir. Concilie el sueno mientras repasaba la conversacion en la terraza que me habia parecido tan excitante.

Me levante temprano, con la vaga resaca del vino y la certeza de que algo habia cambiado la noche anterior. Cuando sali a la cocina, ella ya estaba alli, descalza, con el pelo recogido de cualquier manera y una camisa blanca amplia que le daba un aire despreocupado, casi juvenil.

—Buenos dias, carino —dijo sin girarse del todo—. ¿Te apetece hacer hoy algo juntos?

—!Claro! Tenemos que recuperar los anos perdidos.

—¿Sacamos el barco? Puedo preparar algo de comer y fondear en alguna cala...

La idea me atrajo enseguida. Una pequena aventura veraniega, compartida solo por nosotros dos.

—!Perfecto! ¿Vamos a Portichol? —exclame alegre.

—Prepara tu las bebidas. Y coge fruta.

A las once, salimos caminando rumbo al puerto. Ella llevaba un vestido vaporoso, un sombrero de ala ancha y una cesta de mimbre con el picnic. Yo, a su lado, llevaba una neverita portatil, mirando de reojo como el vestido se le pegaba al cuerpo por culpa del calor. Encontre el barco en perfecto estado.

—¿Lo has sacado ya este verano?

—No, pero le pedi a Perico que lo pusiera a punto.

!Perico! El viejo marinero del puerto. Me apetecia saludarlo. Soltamos amarras y salimos con el sol ya alto en el cielo, las playas aun medio dormidas de banistas. Fuera del puerto, se quito el vestido y aparecio bajo el un bikini azul marino. No era muy llamativo, pero su cuerpo si lo era. Con curvas que hablaban de una madurez esplendida. Se notaba que seguia cuidandose y mostraba un bronceado natural.

Yo me quite la camiseta y senti su mirada fugaz, escurridiza, por encima de las gafas de sol.

—¿Te acuerdas las excursiones que haciamos? —dijo, sentandose en proa con las piernas estiradas, dejando que el sol le acariciara el vientre.

—Si. Pero nunca lo habiamos hecho solos, siempre estaba lleno el barco.

Ella sonrio.

—No echo de menos a nadie ahora. Tengo a mi lado a mi hijo prodigo.

Nos quedamos en silencio, un silencio que se lleno de oleaje y de miradas.

Anclamos frente a una cala donde solo se oia el rugir suave del agua contra las rocas. Extendimos una toalla en cubierta y saque dos cervezas de mi neverita, a la sombra del toldo. Nos reiamos, la conversacion fue virando sin que nos dieramos cuenta. De sus anos de matrimonio y familia, a la viudedad y sentirse sola, a los vacios y a la aparicion de un senor que le transformo y le hizo sentir algo tan diferente...

—Es curioso este verano —dijo dando un trago a la cerveza y mirando al horizonte—. Me siento viva y culpable a la vez.

—Ego te absolvo a peccatis tuis —le dije—. En el nombre de mi padre, y de tu hijo y.... !de la madre que te pario! !Eres libre!.

Me miro durante unos segundos como si necesitara asegurarse de que no me estaba burlando. Y luego sonrio y se inclino ante mi para darme un abrazo tan apretado que sus pechos se aplastaron contra mi pecho y volvieron a despertar a mi polla dormida por los calidos rayos de sol.

Se separo para mirarme con una sonrisa, pero diferente, consciente, peligrosa.

—Parece que reaccionas rapido a las caricias.

—Lo siento... —hice una pausa—. Despues de los anos sin vernos, mi cuerpo sufre una ligera confusion entre verte como madre y como mujer—dije riendome.

El sol comenzaba a marcarle los hombros. Una brisa suave nos envolvia.

—!Que morro tienes! Pero no puedo sentirme incomoda. Hasta me halaga. Supongo que es un sintoma de la juventud —dijo.

—Hace tiempo que no he salido con una mujer, puede que tenga el sindrome de la abstinencia. Menos mal que eres una tentacion imposible.

Volvio a apoyarse en la toalla, girando apenas el cuerpo hacia mi. No nos volvimos a tocar. Pero el ambiente que vino despues ya no era el mismo. Pasados unos minutos, se incorporo y se quito el sombrero.

—¿Nos damos un bano?

Salto al agua con elegancia, sin grandes salpicaduras. Cuando emergio, se sacudio el pelo hacia atras y sonrio, mostrando una imagen con los ojos vivos como no se los recordaba nunca.

Iba a nadar a una piscina en Madrid y se le notaba el estilo al bracear. Me lance tras ella. El agua estaba fria pero agradable. Nade un poco a su lado, alrededor del barco. En un momento dado, nadamos paralelos, muy cerca. Nuestras manos casi se rozaban bajo el agua. Ella se giro hacia mi, flotando, con la cabeza hacia atras.

—En el agua me siento otra.

—Debe ser tu alma de sirena.

—¿Has leido La Vieja Sirena? Es de Jose Luis Sampedro.

—No. ¿De que va?

—Una sirena inmortal que renuncia a su inmortalidad a cambio del amor de un hombre. Leelo. Te va a encantar.

—¿Y tu a que has renunciado?

—Ya a nada. Fui fie a tu padre hasta el ultimo dia, me acople a su estilo de vida siempre. Pero eso quedo atras y siento que tengo tu apoyo tambien.

Mientras braceabamos con los pies y las piernas para no hundirnos, nuestras piernas se tocaron fugazmente bajo el agua y sin aviso, nado hacia la escalerilla del barco. Yo me quede en el agua unos segundos mas, dejando que el corazon se calmara y mi polla se desinflara. En el mar esa manana flotaban mas cosas que una madre y su hijo.

Ella subio al barco, con el bikini pegado al cuerpo, marcando unas areolas enormes, con gotas de agua resbalandole por el pecho. Se seco despacio, como si no tuviera prisa. Se sento en la proa, con las piernas colgando por la borda, mirando hacia la costa. Yo sali del agua y me sente a su lado. Nos miramos un instante, muy cerca, con el sol reflejado en sus ojos.

—Te has puesto muy moreno —me dijo, bajando la vista a mi torso, al rastro de sal que me cubria el pecho —. Estas muy guapo.

—Y tu te has puesto muy atractiva —bromee, pero lo dije en serio.

Ella sonrio, pero no bajo la guardia.

—¿Atractiva? Quizas para los senores de mi edad, pasados los cincuenta.

La mire, directo a los ojos.

—Eres como esa Vieja Sirena de la que me hablaste. No tienes edad, pareces eterna.

—Me encanta como me ves.

—El verano te sienta bien. Y el mar, el mar te transforma.

Ella bajo un momento la mirada, como si no se esperara esa frase.

Sacamos la comida y dimos cuenta de lo que habia preparado, gazpacho, ensaladilla y entremeses frios. Yo abri el vino y entre risas y cosas que nos ibamos contando, cayo la botella.

—Madre mia, nunca me he mareado en barco pero con tanto vino...

Acabo recostada en la cubierta, sobre la toalla, con los ojos cerrados, una mano sobre el vientre y la otra sobre el pecho, como protegiendose. Yo eleve el toldo y lo gire de forma que la protegiera de los rayos directos del sol.

Yo estaba despejado, observaba como respiraba, como las sombras del sol le dibujaban reflejos en la piel. De repente, sin abrir los ojos, sintio mi presencia.

—Me gusta la sensacion del calor de alguien a mi lado, que respira conmigo.

No supe que responder. Me pillo desprevenido.

—Haces que me sienta como el guardian de tu sueno.

—¿Sabes? No es solo el sexo lo que se pierde cuando te quedas sola —continuo—. Es todo lo que lo envuelve: el roce involuntario, los silencios compartidos, el ritual de un cafe compartido por la manana. La compania de alguien a quien le importas.

Asenti, mudo. Y entonces, sin pensar demasiado, me acerque un poco.

—Cuando aparecio Lucas me confundi. Me ofrecio otro tipo de vida, vivi el sexo como nunca lo habia disfrutado y durante un tiempo, enmascaro todo lo maravilloso que vivi con tu padre.

—¿Lo echas de menos? —pregunte tratando de reivindicarlo.

—Mas que despues de fallecer. Dormi con el tantos anos, que algunas mananas lo busco al despertar. Lucas en cambio es como si nunca hubiera existido.

Me encanto su respuesta.

—Fui egoista e inmaduro. Debi hablar contigo, enfadarme cara a cara no ser un cobarde y evitarte. Perdoname mami.

Hubo un silencio. Solo se oia el chapoteo suave del agua contra el casco. Ella dejo la toalla a un lado y me rozo apenas con los dedos el antebrazo. Yo me gire hacia ella y se acerco un poco mas, hasta que su rodilla toco la mia y sus labios quedaron tan cerca que podia sentir su respiracion.

—!Me lo recuerdas tanto! Cada vez te pareces mas fisicamente.

Podia haberla besado entonces. Podia haber sucedido todo alli mismo, bajo el sol, en ese barco navegando entre el respeto y el deseo. Pero no lo hice. Ni ella tampoco. En lugar de eso, se puso de pie con agilidad y dijo:

—Esta noche hay verbena en el Club Nautico. Voy con mis amigas. ¿Por que no te vienes? Me encantaria que me sacaras a bailar.

—¿Y estropear la velada a todos los piratas que quieran abordar tu nave?

—No hay ningun pirata que pueda competir contigo —me lanzo una sonrisa nada inocente—. Pero esta dama puede mantener a raya a todo el club nautico.

Regresamos del mar con su piel tostada por el sol oliendo a sal, el alma algo revuelta y mi cuerpo en ebullicion.

Al llegar a casa, ella se adelanto al bano. El sonido del agua en la ducha me llegaba con nitidez, como una invitacion callada. La imagine en su desnudez con el agua deslizandose por sus pechos y mi amiguita reacciono al instante.

Salio envuelta en una toalla fina, casi translucida, que apenas cubria lo justo. Llevaba el pelo humedo, cayendole sobre los hombros y los pies descalzos. Me miro como si no notara el efecto que tenia sobre mi.

—¿Quieres ducharte? —me pregunto con una media sonrisa.

—Me lo podrias haber pedido antes. Si hemos compartido barco podriamos haber compartido ducha —respondi, mirandola de arriba abajo.

Ella sonrio con un gesto coqueto.

—Mira por donde sale el inglesito.

Y se retiro hacia su habitacion. En la ducha no deje de pensar en ella ni un segundo. El olor a su champu, el calor del agua… Todo parecia prolongar su presencia. Sostuve mi polla con las dos manos elevandola, como si se la ofreciera a ella.

Sali corriendo preocupado de los pensamientos que me asaltaban. Ella estaba sentada en el tocador con un vestido que dejaba su espalda al descubierto. Se estaba pintando los labios con lentitud, jugando con sus labios, sin prisa como si me esperara. Se levanto y me miro, esperando mi opinion.

El vestido negro ajustado acababa en un generoso escote delantero ademas del trasero, zapato ligero de tacon alto y el cabello suelto cayendo por su espalda para cubrir su desnudez, con una elegancia natural. Se habia puesto unos pendientes dorados sencillos haciendo juego con una gargantilla que sin ser ostentosa, causaba un efecto impactante.

Silbe cuando ella dio una vuelta sobre si misma.

—!Guau! Mama, vas a ser la reina de la fiesta.

Ella rio, satisfecha.

—Necesito un rey a mi lado. O al menos, un principe.

—Me has convencido, te acompanare al club.

—Pues date prisa, he quedado con mis amigas a las 9.

Me arregle rapido, nosotros no necesitamos tocador ni peinado. Me puse una camisa blanca de botones en el cuello y un pantalon de lino oscuro y pata estrecha. Nada elegante pero mucho mas arreglado de lo que solia ir en verano.

—Estas muy guapo —dijo al verme, echandome un vistazo de arriba abajo.

Me ofrecio una copa de vino de una botella que acaba de abrir.

—Es temprano, vamos a brindar por esta salida con mi hijo. !Me hace mucha ilusion!

Brindamos felices, como si ambos supieramos que esta noche era distinta. Ella quiso aclarar un poco el plan.

—No estas obligado a estar pendiente de mi esta noche... vamos a estar cada uno con su grupo. Pero quiero saber que te tengo cerca, como cuando vigilabas mi sueno en el barco. Que nos buscamos con la mirada de vez en cuando.

—Estare cerca —repeti—. Aunque hablemos con otros, aunque bailemos con otros.

Ella asintio y levanto su copa.

—Por la libertad… y por mi hijo.

Al brindar, sus dedos rozaron los mios mas tiempo del necesario.

—Por la libertad y por ti...—evite llamarla mama.

Salimos juntos, ella iba radiante, con ese brillo nuevo que le habia descubierto desde mi regreso, sabiendo, al menos yo, que esa noche no eramos madre e hijo, sino dos adultos bailando sobre una linea cada vez mas fina.

Nos subimos al coche y durante el trayecto hacia el club, no podia evitar mirarla de reojo. Me quede cortado cuando comprobe que ella me sonrio, como si me hubiera pillado en un descuido.

Al entrar nos encontramos a sus amigas, todas muy arregladas pero ninguna del nivel de mi madre. Las tres se acercaron a saludarnos con miradas curiosas.

—Asi que tu eres Javier, el hijo ingles… —dijo una, con una copa en la mano y una sonrisa traviesa.

—Nos lo habias escondido —anadio otra, sin ningun recato, mientras me daba un vistazo descarado —. Me lo pido para un baile.

—Ahora entiendo por que te has arreglado tanto Marta. !Menuda pareja!

Mi madre rio, divertida pero con un leve sonrojo.

—Sois unas gamberras —dijo—. No les hagas caso Javi.

Aunque no me senti incomodo, la noche poco a poco nos fue separando. La fiesta en el Club Nautico bullia con la energia de una noche mediterranea en su esplendor: risas, copas que tintineaban, musica latina que invitaba a mover la cintura y luces suaves que daban al aire una textura magica.

Yo me acerque al grupo de mis amigos que habia saludado ayer en La Noite. Entre ellos, estaba Luisa, la chica con la que coincidi anoche. En uno de los movimientos por la terraza, llego mi madre con sus amigas y las presente a mi grupo. Cuando se marcharon, tuve que responder a algunas bromas acerca de lo buena y divertida que estaba mi madre este ano.

Charlabamos animadamente, recordando fiestas pasadas, y poco a poco Luisa iba acortando las distancias, tocandonos e inclinandose mas de lo necesario sobre mi al hablar. Me daba la sensacion que estaba buscando un polvo.

Entonces, senti su mirada. Marta estaba de pie a unos metros, como una estatua de seda, con la copa en la mano y una expresion que no supe descifrar del todo. Camino hacia nosotros despacio, felina, sin perderme de vista. Sus amigas la miraban de reojo, entre sorprendidas y divertidas.

—¿Lo pasas bien carino? —pregunto con dulzura, aunque con un tono de despechada mas que de madre—. ¿Me la presentas?

—Claro. Luisa —senale a ella—. Ella es Marta....mi madre —anadi sonriendo.

—Encantada —dijo Luisa agobiada—, voy a buscar una copa. Nos vemos luego.

Mi madre se acerco a apenas unos centimetros.

—Tienes exito —dijo, tratando de marcar territorio.

—Es genetico por via materna —respondi riendo.

Ella bebio un sorbo de su copa, luego me miro con esos ojos que no necesitaban palabras para expresar lo que sentian.

—Yo no pretendo competir con nadie —dijo finalmente—, pero me apetecia bailar contigo, me lo habias prometido.

Dejamos las copas en una mesa y nos dirigimos hacia la pista de baile. Tras iniciar unos pasos al ritmo de canciones de los 80s, la musica cambio de ritmo, las canciones lentas empezaban a sonar y la pista comenzo a vaciarse de jovenes y llenarse de parejas mas adultas.

Me acerque con naturalidad, la rodee con un brazo y ella apoyo su mano en mi hombro. Su otra mano, calida, busco la mia. Y comenzamos a movernos, despacio, como si lo hubieramos hecho mil veces.

Sentia el latido de su cuerpo bajo su ajustado vestido, su perfume se mezclaba con el aroma salado que traia la brisa del mar. Nuestras mejillas se rozaban. Entre las luces, las copas que llevaba y la musica, disfrutaba como si se hubiera quitado veinte anos de encima. Nos ibamos acercando cada vez mas, hasta pegar nuestras mejillas. Algunos chicos que no nos conocian nos miraban sonrientes, pensando que eramos una madurita ligando con un chico joven. Afortunadamente ninguno podia ver como se despertaba un deseo animal y profundo.

—Estas muy callado —murmuro rozandome con su boca.

—Si te dijera lo que estaba pensando volverias a mandarme a Inglaterra. —respondi.

—¿Y que sabes tu lo que pienso yo?

La cancion termino y comenzo de nuevo la musica rapida. Nos quedamos quietos, en medio de la pista. Entonces con un gesto complice, me susurro:

—¿Por que no nos vamos a otro sitio a seguir bailando? !Hace tanto tiempo que no lo hacia.

—¿Otra copa? —exclame dudando, algo confundido con el tono de sensualidad que desplegaba esa noche —. Ya has bebido mucho ¿no?

—Todavia es temprano —dijo mientras miraba el reloj que marcaba las 2:45—. Hay que aprovechar una noche tan maravillosa.

Me deje arrastrar y finalmente deje escapar una carcajada.

—Pero como pareja, nada de madre e hijo.

—Donde nadie nos conozca. Donde puedas… podamos....sentirnos libres —completo.

No podia creerlo. Pensaba lo mismo que yo. Cuando salimos del club, ella iba tambaleante, sin estar borracha pero lo suficiente animada para reir en alto, para hablar sin filtros.

—Tienes unos ojos peligrosos —me dijo de pronto, mientras subia al coche—. Siempre los has tenido, desde que eras un crio pero ya no lo eres ¿verdad?

Me rei sin saber que responder mientras el aire de la madrugada agitaba su pelo y mis entranas. Le ayude a colocarse el cinturon y ella me acaricio la mano como si fuera lo mas normal del mundo.

—¿A donde vamos? —pregunte.

—Voy a ensenarte un sitio en la carretera de Javea —sonrio.

En el trayecto por la costa, no paro de hablar: de lo estupida que se sintio al descubrir como era de verdad Lucas y lo que echaba de menos dormir sin alguien al lado, de las ganas que tenia de volver a sentirse deseada y no equivocarse.

—No quiero un hombre solo para cuidarme, quiero uno que me haga temblar —dijo, con la voz arrastrada.

Yo iba sonriendo, escuchandola, mirando el mar por la ventanilla abierta. Al pasar por una zona rocosa, el mar quedaba abajo a mi izquierda.

—No se si me da mas vertigo mirar a la derecha o a la izquierda —dije mirandola a ella.

Su mano, busco la mia en la palanca de cambios, transmitiendome calidez.

—No tenemos que temer nada. Salvo los cotilleos.

Entramos en una terraza escondida entre arboles, con una pista al aire libre bajo faroles y musica suave, elegante. Gente de cierta edad, muchos extranjeros. Nadie nos conocia, a nadie le importabamos.

Sonaba una cancion de ritmo mas lento, ella me tendio las manos, la cogi por detras, casi hasta su culo sin que ella se apartara, lo que aproveche para atraerla por la cintura y acercar su cuerpo al mio. Ella se dejaba hacer y sin proponermelo, senti como mi miembro se endurecia. Nuestros cuerpos seguian moviendose a un ritmo, suave y sensual y eso me iba excitando. Notaba su pecho temblar y casi cortarsele la respiracion ante alguna insinuacion que me atrevia a dirigirle. Subi una mano un poco mas hasta el pecho, sin dejar de llevar el ritmo de la musica.

—!Cuanto tiempo hacia que no bailaba asi...! —susurro.

—Me encanta verte feliz —anadi.

La abrace estrechamente por la cintura y ella abrazo mi cuello con sus manos. Nos fuimos deslizando despacio, cara con cara, cheek to cheek, el roce de su vientre contra el mio, sus dedos enredados en mi pelo.

Me miro sonriente e inmediatamente, reclino su cabeza en mi hombro. Acerque mi boca su cuello, y deje mis labios en su piel, en un beso alargado. Retire su pelo y repeti llevar los labios a su piel, besandola abiertamente en el cuello. Mi polla ya estaba firme y ella no se retiro. Continuamos bailando, metiendole mano descaradamente a mi madre, amparado en la lejania con nuestra playa. Le manosee su pecho, baje mi mano a su entrepierna sin ser rechazado.

A las cinco de la manana fuimos los ultimos en abandonar la terraza. A esa hora ya hacia fresquito, caminabamos pegados el uno al otro, tomada por mi brazo sobre sus hombros.

—¿Adonde vamos ahora? —dijo ella tartamudeando, sin ganas de regresar.

—¿Ahora? !Son las cinco, vamos a dormir!—Le respondi mientras ella se tambaleaba—. Vas dando tumbos.

Solto una carcajada y me dio un empujon jugueton. Se quito los zapatos.

—Eran los tacones, ya estoy perfecta, ¿adonde vamos?

Me habria gustado decirle, vamos a follar como locos, pero ella tampoco estaba en condiciones de hacer nada. Cuando llegamos a casa, tuve que ayudarla a bajar. Me miro desde el umbral como si fuera un amante que llevaba a casa esa noche. Mi corazon latia con fuerza, el deseo golpeaba mi interior como una masa de agua retenida por una presa.

—Siento no estar muy consciente —susurro.

La lleve hasta su habitacion. La cremallera de su vestido sono al deslizarse guiada por mis dedos temblorosos. Ella se incorporo con torpeza, levanto los brazos para que le quitara el vestido y quedo en ropa interior. Un conjunto negro como su vestido, elegante, que resaltaba su bronceada piel, sugerente, vulnerable, hermosa.

Se dejo caer boca arriba sobre la cama, a medio camino entre el sueno y la realidad. Sus piernas dobladas, su cuerpo semidesnudo, su boca entreabierta. Mi conciencia gritaba, mi cuerpo ardia. Queria tumbarme a su lado, recorriendola centimetro a centimetro. Con los ojos cerrados murmuro.

—He notado esta noche que te excitabas.... ¿Te gusto?

Su pregunta desperto todos mis demonios. Necesitaba reafirmar su condicion de mujer antes de dar el paso final. Pero despues de llevar toda la noche merodeandola, mimandola, tocandola, no me atrevia a dar el siguiente paso. Apague la luz y me dispuse a marcharme.

En la penumbra, mientras salia de la habitacion, escuche su voz.

—¿Me das un beso? El beso del principe —anadio riendo.

Esperaba que no notara el temblor que sentia al acercarme. Cuando me tuvo a su alcance, me miro a los ojos y se acerco desafiante a besarme con hambre de besos.

—Quedate...—suspiro—. Echo de menos dormir abrazada.

Me desvesti en un santiamen. Continuamos besandonos con una ansiedad de sed de besos que no sabia que tenia. Le quite el sujetador sin dejar de besarla. En braguitas, con el pecho al aire, deslizo su mano por el interior de mi slip.

Desnudos los dos, desplegue sobre ella una bateria de caricias que solamente reservaba para las grandes ocasiones. Abrio su boca a mis besos y abrio su mente al placer. La bese por todos los rincones de su cuello y hombros, bajando a sus pechos sin detenerme, me apodere de ellos con mis labios, pasando despacio del uno al otro, botaba sobre la cama, acelerando en un deseo contenido.

—!Que carinoso eres carino!

Segui llenandola de caricias, le comia su conito y subia cuando la veia desbordarse hasta encontrarme con su boca. Los besos se alargaban interminablemente, la cadencia de su respiracion se alineaba con el deseo de sexo. Cuando mis deditos alcanzaron el punto cumbre de su conito, sintio alcanzado su limite de aguantar, abrio sus piernas, sollozando de placer y me suplico.

—Follame carino, pero hazlo despacio. Quiero un recuerdo que me haga sentir viva cada vez que lo evoque.

Me subi encima de ella y con un ritmo pausado y continuo, la penetre como ella lo habia pedido: con un movimiento lento y consciente, lleno de miradas, de respiraciones profundas y de caricias largas. Ningun gesto brusco, ningun movimiento fuera del tempo perfecto que marcaba su deseo. Me sentia embriagado de su olor, del tacto de su piel, del fuego de sus ojos. Sus jadeos sonaban a musica celestial.

—Asi, asi, despacio, !Mmm que rico!

Hicimos el amor como si tuvieramos todo el tiempo del mundo. Como si aquella noche fuera una isla detenida en mitad del verano, alejada del mundo, de los convencionalismos y del miedo.

Fui entrando y saliendo de ella, iluso de que a ese ritmo podria seguir follandola hasta el fin de los dias, pero no era cierto. Antes de lo que hubiera deseado, senti que me aceleraba y saque la polla de su interior para alargar el momento. Continue acariciandola con mis dedos.

—!Vuelve a meterla, quiero tu polla para correrme!

Yo no tenia ninguna prisa en que terminara la noche, me sentia excitadisimo. No era un polvo de aqui te pillo, habia empezado a desearla en la fiesta y llevabamos desde entonces acercandonos como si fueran juegos preliminares.

—Tranquila mama, vas a correrte todas las veces que quieras.

Me empujo a un lado y se subio sobre mi, abriendo su sexo a mi polla como abria su boca a mis labios. Comenzo la tipica aceleracion de estar a punto de correrse.

—!Joder estoy a punto!

Consciente de que me quedaban solo unos segundos, acelere a lo bestia hasta oirla gritar e irme detras de ella regalandole el primero de los muchos polvos que queria echarle a partir de entonces

—Uff. Ha sido increible —dijo abrazandose a mi.

Comenzamos una conversacion divertida, con un lenguaje que nunca le habia oido, travieso, atrevido.

—Joder carino que bueno eres follando. Me encanta como me has dominado.

—Me sentia obligado, no queria que echaras de menos a ningun amante —nos reimos los dos.

—¿Pero te has creido que soy una matahari? Despues de tu padre, solo he estado con Lucas. Y te aseguro que eres tan carinoso como tu padre pero mucho mejor amante que el, incluso que Lucas.

Mientras reiamos, inevitablemente, mi «amiguita» volvio a despertar.

—Que bonita es la juventud —exclamo al ver la ereccion. —Me he despejado, dejame ahora a mi.

Se alzo de su posicion y se puso delante de mi. La cogio con sus manos y comenzo a chuparla como si tuviese un helado en su boca, fue poco a poco metiendosela mas adentro mientras con sus manos acariciaba mis genitales de vez en cuando paraba, sabia que a ese ritmo no le podria aguantar demasiado. Estuvo un tiempo jugando conmigo dejandome reposar y activandome de nuevo. Cuando le parecio bien se subio sobre mi. Se enredo el pelo con las dos manos, cambiando ese peinado lacio por uno mas asalvajado, cogio mi polla con sus manos y se la volvio a meter dentro. Estaba liberada, ya habiamos dejado atras todos los prejuicios.

Empezo a cabalgarme despacio, a camara lenta, moviendo su pelvis hacia adelante y hacia atras, comprimiendo mi polla en su dilatada vagina, tratando de alargar el momento mientras fueramos capaces.

—Me encanta el sexo. Quiero disfrutar mucho contigo.

—Eres muy buena follando.

Mi confesion le dio alas y comenzo una galopada salvaje, desmelenada.

—Te gusta follarme ¿verdad? —repitio—. Voy a ensenarte sexo del bueno... —me anticipo.

Mi arma seguia bien cargada porque cuando dispara la primera vez, tarda en disparar la segunda aunque este armada. Por eso pude resistir sus embestidas hasta que la vi tensarse al llegarle su orgasmo. Entonces descargue al grito de ella de, «me corro». Se quedo echada sobre mi un tiempo hasta que se hizo a un lado.

—Como me haces disfrutar —anadio besandome por todo mi cuerpo, con su pelo cayendo por su cara—. Ahora descansa, podemos continuar al despertar.

Amanecio radiante. El tipo de cielo limpio que solo ocurre tras una noche de tormenta emocional. Me desperte el primero, le prepare el desayuno y se lo lleve a la cama. Al encontrarla dormida, semidesnuda, majestuosa recorde como si la reviviera, la noche pasada. Habia sido magica, increible, un torbellino de emociones, deseos reprimidos y sexo brutal al que finalmente nos habiamos atrevido.

Pero ahora, por la manana, a la luz del dia, no podia evitar preguntarme si era real, que pensaria ella, si no nos habriamos dejado llevar por un calenton excitante.

—Buenos dias carino —exclamo sonriente, extendiendome los brazos—. Me dejaste nueva.

—Fue maravilloso —remarque, relajado de que no se sintiera mal por lo ocurrido.

—Aunque reconozco que te provoque y me gusto el juego, no imagine que llegaria a suceder...y me alegro de que asi fuera.

—¿Sabes? —dije, finalmente—. Desde nuestra conversacion en el barco, senti que mi carino como hijo estaba entremezclandose por mis sentimientos de hombre. Anoche, mientras bailabamos me senti muy excitado sexualmente.

Ella me miro, sin dar senales de sorpresa ni de sentirse incomoda. Al contrario, parecia interesada en seguir la conversacion. Asintio con la cabeza.

—Lo percibia y me gustaba. Aunque estaba bebida, recuerdo el roce de tu piel —respondio, acercandose ligeramente hacia mi—. Y recuerdo tu preocupacion al traerme a casa, y lo carinoso que fuiste al desvestirme y meterme en la cama.

Habia algo profundamente honesto en sus palabras y no escondia una vulnerabilidad que no esperas en alguien como ella. Nos dimos un abrazo tan fuerte que la debil tela de mi boxer no fue capaz de contener la furia que el roce de su piel desato en mi entrepierna.

—¿Podemos continuar lo que hablabamos anoche? Ibamos por el dos. Camino del tres.

—Dejame darme una ducha primero. Quiero sentirme limpia por si te apetece bucear.....

Salio del bano hecha una reina, con su pelo lacio cayendole por la espalda y su conito humedo bajo el albornoz, con el moreno de sus piernas que contrastaba con el blanco de sus labios vaginales. Mi mente tardo muy poco en imaginar lo que podia hacer con su conito recien lavado y sediento.

La recibi tumbado desnudo sobre la cama. Se subio sobre mi, de rodillas, sin dejar de besarme, le caia el pelo por su cara, estaba totalmente liberada de sus dudas. Subi mis manos para llegar a sus pechos, gemia de placer al acariciarselos. Me miro con una sensualidad renacida. Abrio sus piernas, de rodillas en la cama, me acerco su copa para que bebiera.

—Follame con tu lengua —dijo en un tono suplicante.

Meti dos deditos, tanteando la zona, sabiendo que estaba optima. Cuando introduje mi cabeza en su cono, desplace mi lengua por el inicio de sus labios vaginales, sintiendo su humedad. Comenzo a subir y a bajar sus caderas, con una enorme suavidad para que le realizara un chequeo a fondo de su conito destaponado de prejuicios anteriores al ano nuevo. Cuando acabe de repelar todo el liquido de su super cono, emergi de entre sus piernas, encontrando su cara de felicidad.

—¿Preparado para tu tercer polvo?

Se tendio sobre la cama, en signo de aceptacion.

—Follame ninato. Demuestra lo bravo que eres.

Ya estaba todo aclarado, deseabamos disfrutar de nosotros. Abrio sus piernas para que entrara. Atrapo mi polla, contrajo su pelvis, y deje que ella marcara el ritmo, estabamos conociendonos en la cama y necesitaba acostumbrarse.

No podia seguirle sus acelerones, parecia un potro escapado de un rodeo americano, pugnando por descabalgarme, pero yo la tenia bien ensartada y no me deje tirar. Su cara se habia transformado, estaba asalvajada, gritando, suspirando. Cogio mi polla con su mano, acelerando mis movimientos. Acabamos a la vez sin dejar de agitarse y cuando consegui sacarla, la tenia dolorida.

—!Que bruta eres!

—Me gusta el sexo, tendras que acostumbrarte.

—Tenemos dias por delante, mami. No querras matarme a polvos.

Sonrio. Me dio un beso.

—Me has despertado el apetito. Te dare bien de comer para que tu juventud se reafirme.

Hablamos de que hacer esa manana y decidimos realizar planes por separado.

—Esta manana voy a la playa con las chicas. Han reservado hamacas en Las Marinas. ¿Y tu? —me pregunto con esa indiferencia de quien no ha matado una mosca.

—He quedado con los chicos de anoche del club.

—!Cuidado con esa Luisa! Si quieres que mantengamos nuestro estatus, quiero tu polla en exclusiva. Por eso despedi a Lucas, no le pareci suficiente.

—Prometido. No necesito nadie mas —me despedi con una sonrisa.

Nos separamos por unas horas. Cada uno en su mundo. Yo con mis amigos, ella con los suyos. Pero la tenia en la cabeza como una musica de fondo persistente. Imaginaba sus piernas mojadas, su risa libre, la forma en que se colocaria las gafas de sol al mirar al mar. Y me ardian las manos por no estar alli.

Volvi a casa sobre las seis. Estaba duchandome cuando escuche su voz desde el otro lado de la puerta:

—¿Javier? Se me ha ocurrido una idea...

Sali del bano con la toalla en la cintura. Ella estaba de pie en el pasillo, con la piel dorada del sol y un enorme panuelo veraniego que utilizaba de pareo atado al cuello.

—¿Que te parece si esta noche salimos en barco? Podriamos alejarnos un poco, ver Denia desde el mar… Ya sabes que tu padre salia a pescar de noche y alguna vez le acompane. Puedo preparar algo ligero de cenar, llevar unas velas y....

Su propuesta venia cargada de una dulzura que desarmaba. No era solo el plan, era lo que no decia: la necesidad de intimidad, de seguir acercandonos, de generar ilusion. Nos miramos solo un instante en el que revivimos la pasion de la noche anterior.

—¿A que hora zarpamos, capitana?

Ella sonrio con ese brillo tan suyo.

—A las nueve. Quiero ver el puerto alejarse al atardecer, con una copa de vino en la mano.

Ella aparecio con un vestido largo veraniego, de seda azul noche que se cenia al cuerpo. El pelo suelto, algo ondulado por la sal y el viento y unos pendientes de nacar que le daban un aire de actriz italiana de los anos setenta.

—Estas preciosa —le dije con la voz alterada por el impacto.

—Hoy quiero que disfrutemos de una noche de pelicula

Zarpamos a las nueve en punto, con la pasarela iluminada con pequenas luces solares. Apenas nos alejamos del muelle, el barco comenzo a mecerse con suavidad. El perfil de la costa encendida quedaba atras, en una noche calida y sin viento que obligaba a usar la navegacion a motor.

Cuando fondee, ella ya habia puesto la mesa, cubierta con un mantel blanco sujeto por conchas, dos copas, una cubitera con vino blanco. Las velas temblaban sobre la mesa y cada gesto de ella tenia algo de ritual: como se recogia el cabello, como servia el vino, como sostenia la mirada sin dejar de mirarnos.

La conversacion fluyo con total naturalidad. Compartimos historias personales, descubriendo detalles el uno sobre el otro que por la distancia no habiamos conocido. Su risa abierta, dejaba a la vista una dentadura blanca que invitaba a probarla. Comimos despacio para alargar el momento. Cuando finalizamos, cogimos las copas y nos dirigimos a la cubierta, donde nos sentamos mirando al horizonte.

Durante unos instantes, parecio que el universo silencio nuestras palabras. Su mirada permanecia fija en la mia y senti como si ambos esperaramos que el otro rompiera el silencio. Finalmente, hablo con total sinceridad.

—No quiero complicarte la vida, ni la mia —continuo, queriendo dejar claro lo que teniamos—. Por mi parte, me encuentro en un punto en el que puedo permitirme explorar nuevas sensaciones sin miedo de remordimientos.

Asenti lentamente, tratando de procesar su confesion.

—A mi tambien me apetece seguir explorando contigo el mundo de los sentidos. Al fin y al cabo, somos adultos, ¿no?

Sonrio satisfecha, antes de inclinarse hacia adelante, dejando la copa sobre una maroma de cuerda.

—Pero debemos mantenerlo completamente en secreto. Ni mis amigas ni los tuyos, nadie mas, debe enterarse. Ni Martita cuando venga.

—Sera nuestro secreto —respondi euforico.

Su mirada sonrio de esa manera que anunciaba actividad. Se alzo, se desato el vestido con lentitud y lo dejo caer sin violencia. El cuerpo que aparecio bajo la tela era real. No tenia nada que demostrar. Su conjunto de ropa interior era de escandalo.

—Estas muy sexy.

—Me gusta mostrarme sexy. Y sorprender.

Yo tambien me desnude en silencio. Ya desnudos los dos, con nuestros cuerpos casi tocandose, iniciamos un desnudo mucho mas profundo. Sentiamos la necesidad de ponerle palabras a lo que flotaba entre los dos.

—¿Sabes? —dijo de pronto sin mirarme—. No me siento mal con el recuerdo de tu padre, ni me siento infiel a su memoria.

Asenti, dejando que sus palabras se aposaran, mientras acariciaba ligeramente sus pechos.

—Yo tambien he pensado mucho en mi padre estos dias —le dije—. No se que pensaria si pudiera vernos ahora, pero el queria que fueras feliz...

Ella sonrio, pasando levemente su mano por mi polla, pero con un nudo en los ojos.

—Tu padre me cuido, me quiso y me respeto. Pero esto… esto es distinto. Pero no imagine que algun dia podria sentirme asi... contigo. Y si, me siento feliz. Pero soy consciente de que esto durara mientras queramos los dos y despues volveremos a nuestro papel de madre e hijo.

Me incline hacia ella, le di un beso y hable con toda la sinceridad que pude reunir.

—Esto es lo mas increible que me ha pasado y no quiero que lo echemos a perder preguntandonos que nombre tiene esto.

Ella solto una carcajada suave, y luego se quedo mirandome con ternura.

—Nunca he disfrutado del sexo como lo hice anoche. Me siento deseada y libre. Y quiero que me folles de nuevo.

Sin esperar mas, nuestras bocas se buscaron, y se encontraron… queria comermela entera, y queria hacerlo desde su boca, mi lengua busco la suya, que me esperaba para volver a librar una batalla lingual.

Abrazandola note como sus pezones se erizaban y empece a acariciar su pecho. Con la otra mano, alcance inmediatamente su conito y me bastaron dos segundos para que mi mano estuviera jugando en su culo, apretado, duro, apetecible. Cuando mi dedo se acerco a su agujero anal, note el calor que su sexo desprendia.

Ella, notablemente excitada, hizo un pequeno movimiento para alcanzar mi polla y a la vez situar su culo completamente de frente a mi, invitando a que introdujera un dedo en su culito. Justo en ese momento, ella gimio de placer, y como poseida, comenzo a masajear mi polla y yo a iniciar una penetracion lenta de mi dedito en su culo.

Excitados los dos, meti un segundo dedo para explorar su dilatado y maravilloso culo y, por la expresion de su cara, por los besos que me daba en mi cuello para retener sus gemidos y por la forma en la que apretaba mi polla, sabia que disfrutaba y estaba proxima a correrse. Abandone sus pechos y baje esa mano a su conito para acelerar su clitoris. Rodeada por todos lados, un dedo en su clitoris y dos dedos metidos en su ano, entrando y saliendo, anadi un tercer dedo, sin dejar de entrar y salir de su culo, que ya estaba super dilatado. Su grito en la noche al correrse llego hasta el horizonte y retorno en forma de eco repetido.

Lejos de desfallecer despues de correrse, se encendio mas y acabo de desinhibirse. Bajo su cabeza, me beso la polla primero, despues paso la lengua y luego, tras mirarme sonriente y salvaje, volvio a su tarea, se tragaba entera, jugando con su lengua por todas y cada una de las venas de mi endurecida polla, la sacaba y mojaba con su saliva la cabeza, mientras le daba lenguetazos y la mordia con sus labios… estaba en el paraiso, regalandome una de las mejores mamadas que jamas habia recibido.

Mi excitacion me llevaba a seguir jugando con su caliente y mojado conito, llegando a meter tres dedos hasta que de repente, sin decir nada, se levanto, se sento sobre mi, y fue bajando por mi polla, clavandosela entera en su cono,…. Pense que me moria, y practicamente al cuarto salto que sus caderas realizaron con mi polla aprisionada en la vagina, me corri como un animal, llenandole su cono de semen. No paro de moverse hasta asegurarse de que ya estuviera completamente descargado, luego, me volvio a mirar a los ojos y volvimos a entrelazar nuestras bocas en un largo y apasionado beso.

—Carino, me subes al cielo. Necesito darme un bano, ¿vienes?

Sin esperar mi respuesta, se puso de pie, camino hasta la popa y bajo al agua sin hacer ruido ni levantar espuma. Desde abajo me reto con una sonrisa de adolescente traviesa.

—¿Te da miedo?

Parecia una sirena rodeada de un anillo de plata producido por el reflejo de la luna en el agua. Baje al agua y me abrace a ella. Al principio solo nadamos alrededor del barco. Ella me rozaba como sin querer. Luego nos quedamos quietos, flotando frente a frente, con la luna encima y el silencio entre los dos. Entonces ella me toco la cara, muy despacio, como quien acaricia un secreto. Me beso primero en los labios, luego en la frente.

—¿Te ha gustado jugar con mi culo?

Me sorprendio su pregunta.

—Me ha...encantado, nunca he probado uno.

—¿Te gustaria estrenarte esta noche?

Mi cara debio reflejar mi excitacion.

—¿Te refieres a ....?

—¿Por que no subimos? Quiero que no olvides esta noche en tu vida.

Subimos a bordo, secandonos apenas, temblando de emocion y sal. Bajo al salon y volvio con una terrina de margarina que llevaba varios dias abierta. Extendimos las toallas sobre la cubierta. Ella se recosto boca arriba, mirandome con los ojos abiertos, rendida. Me invito a atraerla hacia mi y la bese.

—Ante todo, relajate. Tenemos que jugar primero, necesito estar excitada para que dilate.

Comence a acariciarla y a recorrer todo su cuerpo eliminando la sal de su piel con mi lengua. Abrio sus piernas y entre a bucear en su gruta, se giro y me ofrecio su culito, poniendose de rodillas y apoyando su cabeza sobre una de los rollos de cuerda sobre la que coloco una toalla. Acerco la mantequilla y la extendio por mi polla.

—Pon un poquito en mi culito carino.

Nervioso ante mi gran ocasion, unte mis dedos en la margarina y con sumo cuidado comence a introducir, primero un dedo y al ver que entraba tan facilmente, uni otro dedo. Acariciaba sus nalgas y metia los dedos un poco mas, provocandole murmullos de placer. Comence a hacer pequenos circulos sincronizados sin apenas presion, solo rozando el perimetro de su ano hasta que note que se abria un poquito.

—¿Por que no usas la otra mano? —recrimino.

Entendi el mensaje y me abrazo completamente a ella, adelantando la otra mano a su clitoris.

—Asi, asi, sigue. Tienes que trabajarme carino.

—Parece que sabes bien lo que haces.

—Lucas me perforo el culo y acabe disfrutando. Estoy deseando que me lo rompas tu.

El lenguaje tan natural de mi madre, sin sombra de verguenza, me dio alas para acelerar el proceso. Cogi mas margarina, me embadurne mas el pene y lleve la punta del glande a su entrada anal.

—Es increible follarte el culo mami.

—Ve despacio pero atraviesame.

Arrodillada sobre la cubierta del barco, ofreciendome su culo en todo su esplendor, facilite mi empuje, elevando aun mas el culo. La agarre por las caderas y de una embestida, con la firmeza de mi polla que estaba a reventar, quiso meterla de golpe, como si la follara por delante.

—Tranquilo, despacio, tiene que dilatar un poco mas para que entre —dijo como experta a la que habian dado por culo decenas de veces—. Metela por delante mientras tanto.

Guiado por sus consejos, introduje mi polla en su conito y comence a masajearle las tetas desde atras.

—Muy bien carino, asi. Calientame un poco para que se vaya abriendo.

Con la otra mano la adelante al clitoris y recibio entusiasmado mis caricias. Y se activo gimiendo y contorneandose.

—Mmm si... Metemela de nuevo por detras.

Ya me lance a tumba abierta a perforar su culo. Cuando vi entrar la cabeza de la polla empuje hasta meter un cuarto de polla. Con ella dentro, comenzo a agitar su culo a derecha e izquierda, arriba y abajo, apretando fuerte mi polla entre sus nalgas, en un movimiento circular que me arrastraba al precipicio. Una particular danza del vientre en la que senti que ella succionaba, apretando el culo, provocando un efecto succion que le abrio el esfinter y facilito la entrada hasta la mitad de mi polla.

—Joder mama, eres la hostia...

—Empuja mas. No te distraigas.

Entraba y salia sin freno, mi grado de excitacion me tenia fuera de mi. Y ella dominaba la situacion con maestria y sensualidad, controlando el dolor y disfrutando del placer dominador de verme entregado a ella.

—Follame de nuevo por delante, me duele un poco.

Volvi a metersela por su conito y casi me deje llevar. Quizas viendo que me emocionaba demasiado, me pidio que volviera a intentarlo por el culo. Esta vez entro facilmente hasta la mitad, sin apenas molestia.

—Vamos, rompeme ya cabron —me grito, excitada, con la respiracion mas y mas fuerte cada vez.

La cogi de nuevo por la cintura con una mano y comence una cabalgada de yegua como si estuviera en un rodeo asido con una mano a las riendas y aunque no fui capaz de meterla entera, falto muy poco. La excitacion de estar enculando a mi madre, y las carreras que llevaba intercalando agujeros, hizo que jadeara como un animal, hasta que con el ultimo espasmo, cai rendido y llene de lechecita su culo.

—Mmm que bien Javi, ¿Te ha gustado?

Yo no podia ni hablar. No dije nada en un par de minutos hasta que con la voz entrecortada me confese.

—Era mi primera vez por detras y me he sentido un novato. Se que lo has hecho por mi.

—Me alegro de haberte podido regalar esa ilusion. Ahora, vamos a la cama, tengo frio.

En el camarote, nos acostamos y se acurruco contra mi, con la cabeza en mi pecho y el cabello humedo aun. Se quedo dormido encima de mi, con una pierna cruzada sobre mi cintura y su rostro hundido en mi pecho. Olia a sal, a noche de sexo y a una felicidad serena que no buscaba justificar nada.

A mi me costo conciliar el sueno, habia llegado a un punto de libertad sexual con mi madre tan impresionante que me senti orgulloso de mi y de ella.

Amanecio una manana esplendida. El mar, completamente en calma, era una lamina azulada que reflejaba los primeros resplandores del dia. El barco flotaba placido, mecido apenas por la respiracion del mar, anclado lejos de la costa y mas lejos aun de miradas y cotilleos que pudieran pensar los demas.

Ella desperto sin sobresaltos, como si su cuerpo supiera que estaba a salvo. Abrio los ojos y me miro con unos ojos semi cerrados del sueno. Me beso el pecho con una ternura infinita.

—Buenos dias... —dijo con voz ronca, sin moverse—. Me apetece un cafe...

Sali al salon-cocina. Mientras llene de agua la cafetera, ella salio, su cabello recogido con una pinza y una camiseta marinera que le quedaba suelta y le llegaba por los muslos. Cuando prepare las dos tazas de cafe, ella se estaba desperezando sobre la cubierta, con las piernas cruzadas, acariciando la madera con la planta de los pies.

El barco seguia fondeado en la cala. El cafe sabia mejor en mitad del mar, con la luz dorada del sol resbalando por la piel y el recuerdo intenso de la noche entre nosotros. Se reclino sobre mi, buscando la sombra del toldo. Jugaba distraida con el vello de mi brazo.

—Dormir en el mar, amanecer asi... contigo. Es mucho mas que sexo, es como si me hubiera escapado de mi misma —confeso de pronto.

—Nos hemos escapado del mundo. Aqui nadie puede vernos. Esto... es nuestro mundo.

Ella bajo la taza vacia, me miro con los ojos sonriendo y anadio.

— Lo haces muy rico. Me apetece repetir.

Cuando me levante a preparar otra taza, me detuvo con una sonrisa.

—Quiero repetir.... polvo.

No me dio tiempo a contestar. Me quito el banador de un tiron, alzo los brazos para despojarse de la camiseta y, sin dejar de sonreir, se echo sobre mi cuerpo, buscando mi boca, sin vertigo, sin preguntas con esa sensualidad que ya necesita esconderse ni explicar nada.

Nos amamos con deseo de sexo, sin necesidad de justificar nada. Al acabar, nos quedamos alli, juntos, oyendo el rumor del mar como si el mundo se hubiera vuelto sencillo, sin pasado ni futuro. Solo nosotros dos, respirando el presente sin culpas, sin disfraces.

Consegui quedarme teletrabajando dos semanas en la que se repitieron esos encuentros hasta que llego mi hermana Marta. Deje a mi madre con ella pero me prometio venir a Londres en unos dias. No pensabamos renunciar a nada.

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30 Dec 2023Views 1177Mi hermanastra se muda a casa Amor filial, sexo oral, voyeur. Jaime vive con su padre y su madrastra, pero un dia Carol, su hermanastra, vuelve a casa desde Argentina para preparar el acceso a la universidad y para incendiar su vida...

“Con lo tranquilo que yo estaba…”

Capitulo 1

Jaime se encontraba recostado sobre su cama, el zumbido del aire acondicionado se mezclaba con el sonido de los videos que veia en su telefono inteligente, hacia poco, habian sacado un videojuego que le encantaba, pero que todavia no podia permitirse, asi que, ahi estaba, viendo como otros jugaban.

Aquella tarde de fin de verano era calurosa, quedaba muy poco para el inicio del instituto de nuevo y lo cierto es que Jaime tenia muy pocas ganas de que empezase. Ademas, su hermanastra, Carol, iba a vivir con ellos aquel curso. Sus padres se habian casado hace tres anos, y hasta este verano, Carol habia estado viviendo con su padre en Argentina. Pero ahora tocaba preparar el expediente academico para ingresar en la universidad, asi que, asi estaban las cosas.

Sin embargo, la idea de compartir su hogar y su rutina diaria con ella lo ponia nervioso. Siendo hijo unico, siempre habia valorado su espacio personal y sus momentos de soledad. No sabia si estaba preparado.

Jaime y Carol se habian visto una vez en realidad, al vivir tan lejos, nada mas habian coincidido en una comida familiar que habian realizado en Navidad hace muchos anos. Lo cierto es que le habia parecido una chica muy atractiva y de lo mas inteligente. Y eso, eso le hacia sentir un poco inseguro, porque en realidad, sentia una especie de deseo carnal por su hermanastra que lo incomodaba.

Jaime era, por decirlo de alguna manera, un chico sencillo. Le gustaban los videojuegos, disfrutaba leer en sus ratos libres y era aficionado a la informatica. De hecho, ya habia realizado sus primeros intentos programando algunas paginas web. Sin embargo, con las chicas era una historia diferente: se ponia nervioso y, en general, no lograba conectar con ellas. Pero aquel verano, no obstante, habia conocido a una chica en las fiestas de su pueblo y habia perdido la virginidad con ella, de lo cual Jaime culpaba a la desinhibicion por el alcohol que habia bebido.

De pronto, un mensaje le saco de sus pensamientos.

—Va a llegar Carol, recibela cuando puedas.— Ponia el WhatsApp de su padre.— Llegare de trabajar tarde, asi que ensenale la casa y que se sienta comoda.

—Ok! Vale— Respondio Jaime sin mucho entusiasmo.

Jaime bajo las escaleras y se dirigio hacia la cocina, donde preparo una jarra de limonada bien fria para recibir a Carol. Se sento en la mesa y empezo a jugar con su telefono, mientras esperaba que llegara su hermanastra.

Pero, para su sorpresa, alguien llamo al timbre de la puerta. Jaime fue a abrir y se encontro con una chica practicamente desconocida, con una maleta en la mano y una gran sonrisa en el rostro.

—Hola, soy Carol— dijo la chica con una voz dulce y un leve acento argentino.

Jaime se quedo boquiabierto, no habia reconocido a su hermanastra, la chica era aun mas guapa de lo que recordaba de Navidad. Era alta y delgada, con una larga cabellera castana y unos ojos color miel que lo miraban con curiosidad.

—¿Jaime, verdad?— pregunto Carol tendiendole la mano.

Jaime reacciono y estrecho la mano de su hermanastra, bajando la mirada para no sentirse tan incomodo con su presencia.

—Si, soy yo. Pasa, por favor— respondio sonriendo ligeramente.

Carol entro en la casa y Jaime la siguio hasta la cocina, donde le sirvio un vaso de limonada.

—Muchas gracias— agradecio Carol con una sonrisa sincera.

—¿Que te parece la casa?— pregunto Jaime intentando iniciar una conversacion.

—Es muy bonita, me gusta la decoracion. Y gracias por la limonada, es muy refrescante. Pero, ¿donde estan todos?— pregunto Carol mirando a su alrededor.

—Papa esta trabajando, llegara tarde. Asi que, me toca hacerte de anfitrion. ¿Quieres que te ensene la casa?

Carol asintio y los dos salieron de la cocina. Jaime le mostro todas las habitaciones, el jardin y la zona de estudio que compartian.

Mientras caminaban por la casa, Jaime no podia dejar de notar que Carol era diferente a todas las chicas que habia conocido antes. Era inteligente, divertida y habia viajado por diferentes paises, lo que la hacia interesante a sus ojos.

Pero el no podia dejar de mirarla y sentir esa incomoda atraccion hacia Carol. Cada vez que la miraba, sentia un cosquilleo en el estomago y se ponia mas y mas nervioso. Aquella chica era preciosa, llevaba un top blanco que dejaba al descubierto su abdomen totalmente plano y una falda que bailaba sobre su culo perfectamente puesto. Jaime tenia miedo de que le pillase mirandola.

Ella, por su parte, parecia completamente ajena a los conflictos internos de Jaime. Estaba fascinada por la casa, haciendole preguntas sobre cada detalle de la decoracion y contandole anecdotas de los lugares que habia visitado.

Despues de un rato, los dos se sentaron a charlar en el salon. Carol le conto sobre su vida en Argentina, las costumbres que alli tenia, su amor por la musica y su deseo de terminar su carrera de medicina en Espana. Jaime se encontraba cada vez mas cautivado por ella, estaba claro que eran dos personas completamente diferentes, pero tambien sintio que encajaban bien juntos.

En un momento, Carol bajo la vista hacia su telefono y vio el mensaje de su padrastro.

—Parece que papa va a demorar un rato en llegar —comento, levantando la vista hacia Jaime—. ¿Como lo llevas con tener una hermanastra? No ha de ser facil.

Jaime se rio con ironia.

—No, no lo es. Es especialmente complicado cuando esa hermanastra es tan… —no pudo encontrar la palabra correcta. Especial, impresionante, atractiva, ¿que podria decir sin liarla?—. Diferente —acabo diciendo.

Carol sonrio con el cumplido.

—Espero poder hacerlo mas facil con el tiempo —dijo—. Tengo ganas de llegar a conocerte mas, Jaime. Creo que podriamos llevarnos muy bien.

Se rieron un rato juntos, hasta que Carol se dispuso a preparar su cuarto, Jaime, a su vez, se dirigio al suyo y encendio el video que estaba visualizando antes, aunque no le presto atencion, su mente estaba en la sonrisa y el cuerpo de su hermanastra.

Unas semanas despues, Jaime habia quedado con unos amigos, pero se habia hecho tarde. Habian estado jugando al baloncesto en unas canchas cercanas y, posteriormente, compartieron unas cervezas entre risas y bromas. Estaba cansado, por lo que decidio irse a casa para jugar un rato al ordenador y luego ir a la cama.

Al llegar a su casa, Jaime fue recibido por un penetrante silencio. Los pasillos estaban vacios y no habia ninguna lampara encendida ni ruidos familiares. Dedujo que sus padres debian de haber salido a cenar. Sin perder tiempo, subio a su habitacion en el segundo piso con la intencion de encender el ordenador. No obstante, justo cuando estaba a punto de abrir la puerta de su habitacion, escucho algo que lo hizo detenerse.

El sonido procedia del cuarto contiguo, el de Carol. Los ruidos la delataban; Carol estaba explorando su placer con un satisfyer, y no parecia saber que Jaime habia llegado a casa. Jaime se quedo paralizado, escuchandola.

Inseguro, se aproximo con cautela a la pared que dividia sus habitaciones. Lentamente, acerco su oreja a la superficie fria para escucharla mejor. Los gemidos de Carol resonaban por todo el espacio, bajos y temblorosos, pero innegablemente eroticos mientras se entremezclaban con el zumbido de su juguete sexual.

Cada sonido que Carol emitia empezo a atraerlo de maneras que no podia comprender. La linea entre lo prohibido y lo aceptable se habia volatizado y su miembro empezo a endurecerse.

Jaime cerro los ojos y respiro profundamente, apenas podia escuchar su respiracion debido al ritmo de su corazon, intentaba controlar sus emociones revueltas. Pero, cada vez que lo hacia, el ardiente gemido de Carol volvia a resonar en sus oidos.

Sabia que debia alejarse, sabia que estaba adentrandose en terreno peligroso, pero algo dentro de el lo mantenia pegado a la pared, hipnotizado por los gemidos de su hermanastra.

En ese momento, el zumbido aumento, senal inequivoca de que habia aumentado la intensidad del juguete. Jaime tomo una dificil decision y, tragando saliva, se acerco a la puerta del cuarto de Carol.

La puerta estaba entreabierta y, a traves de la rendija, pudo ver a Carol. Como si le hubiera golpeado una poderosa ola, se sorprendio por el deseo que la vision de Carol le provocaba. Su hermanastra acostada en su cama con los ojos cerrados y su rostro reflejando perfectamente los gemidos que habia estado oyendo.

Carol estaba inmersa en su mundo de satisfaccion, abandonada a su propio deseo, agarraba con una mano uno de sus pechos mientras con la otra, manejaba su satisfyer, y lo presionaba contra su clitoris mientras se retorcia y gemia cada vez mas fuerte, provocada por las olas de placer que el juguete le proporcionaba.

Jaime se retiro lentamente, sintiendose como un voyeur y regreso a su habitacion. Cerro su puerta suavemente y se acosto en la cama, la cara ardiente, la polla durisima y el corazon latiendo con fuerza en su pecho. Tenia la imagen grabada en la mente del cuerpo de Carol, desnudo, vulnerable, erotico…

Aun escuchaba los gemidos de su hermanastra a traves de la pared compartida. Inspirado por los sonidos y la vision todavia impresa en su cabeza, Jaime comenzo a masturbarse al ritmo de Carol.

Movia su mano al ritmo que le marcaban los gemidos, muy despacio, recreandose en cada matiz, imaginando como la penetraba ese mismo ritmo, como era el quien le arrancaba aquellos suspiros.

—Mmmm, que rico—suspiro ella—.

A Jaime se le paro el corazon y pego mas aun su oido a la pared, evocando en su mente las imagenes de la figura de Carol, retorcida, saltando entre intensidades de placer y relax, el sonido de su fluido mojando su juguetitos.

Carol se lo estaba tomando en serio, penso Jaime, quien a duras penas consiguio controlar su excitacion. Estaba a punto de alcanzar su climax.

Agarro algo de papel higienico y, procurando limitar el ruido, se dejo llevar por el orgasmo.

Al poco, escucho como su hermanastra se dirigia al bano y aprovecho, se levanto poco a poco y fue al salon, no queria dejar ninguna sospecha de que la hubiese escuchado. Cuando llego a la escalera, miro atras y miro hacia la puerta del bano pensando en ella.

Y de repente, la puerta se abrio. Cruzandose las miradas de ambos por un momento. Durante ese fugaz instante, una corriente electrica parecio atravesar el aire entre ellos. Luego, la puerta del bano se cerro con un golpe suave, rompiendo el silencio y la tension acumulada. Jaime se quedo un momento con el corazon galopante, su mente aun llena de la imagen de Carol.

Sin poder evitarlo, paseo su mirada por la puerta del bano una vez mas antes de continuar su camino hacia el salon. Comenzo a recoger algunas revistas y periodicos dispersos en el sofa, intentando mantener su mente ocupada en tareas mundanas.

A pesar de su esfuerzo, los sonidos del bano se hacian presentes en su mente. El correr del agua de la ducha competia con los latidos de su corazon. Se sento en el sofa y tomo la television remota para intentar distraerse, pero la pantalla parecia no tener nada interesante.

En medio de todos estos pensamientos, escucho a Carol salir del bano. La puerta se abrio y cerro delicadamente. Jaime podia oler el aroma a jabon y champu que se filtraba desde la puerta del bano y bajaba las escaleras.

Sin levantarse del sofa, volvio su mirada hacia donde habia aparecido Carol. Esta estaba vestida con una bata de bano y su cabello mojado caia sobre sus hombros.

—Jaime, ¿has visto mi telefono?—, pregunto Carol, mientras peinaba su cabello castano con los dedos.

—Tal vez esta en tu habitacion—, respondio Jaime intentando mantener la cordialidad, aunque su voz sono mas ronca de lo que hubiese deseado. El no sabia donde estaba el telefono, pues no lo habia visto en su habitacion cuando la espiaba, pero aquella situacion le incomodaba.

—Gracias—, dijo Carol con un toque de sarcasmo.—Oye, una pregunta, ¿cuando has llegado?—

Jaime parpadeo, tratando de mantener la calma y la tranquilidad.

—Hace unos minutos—respondio, haciendose el desentendido—. Estaba con unos amigos y se me ha hecho tarde.

Carol asintio, sin mostrar nada fuera de lo normal. Jaime se sintio aliviado. Camino hasta la cocina y tomo un vaso de agua para tratar de calmar su nerviosismo.

Sin embargo, a medida que los minutos pasaban, la tension entre ellos crecia cada vez mas. La corta distancia que separaba la sala de la cocina parecia ahora un abismo. La presencia de Carol parecia inundar cada rincon de la casa, haciendo que Jaime se sintiera incomodo y excitado a la vez.

Cuando Carol finalmente subio nuevamente a su habitacion, Jaime se dejo caer en el sofa y exhalo con fuerza. La adrenalina fluia por sus venas y podia todavia sentir el palpitar latente en su entrepierna. Miro su mano y vio como temblaba ligeramente.

Sabia que lo que estaba sucediendo estaba mal, que no deberia sentir esa atraccion hacia su hermanastra. Pero a la vez, lo que habia presenciado en su habitacion, los sonidos que habia escuchado, la imagen de Carol… todo eso echaba gasolina a su fuego interior.

Jaime decidio que esa noche debia aclarar su mente. Iba a salir a correr, desahogar su energia, alejar de su mente la imagen de Carol. Pero justo cuando estaba dispuesto a comenzar a cambiarse de ropa, escucho un golpe suave en su puerta. Miro para alla, preguntandose quien podria ser. No tuvo que esperar mucho para recibir la respuesta.

—Jaime, ¿puedo entrar?—dijo la voz de Carol al otro lado, haciendo que todo su cuerpo se tensara de inmediato.

Por un momento, Jaime quedo estatico, con el sonido de su propio corazon colmando sus oidos. Se aclaro la garganta y respondio con un breve:

—Claro, entra.

La puerta se abrio lentamente y Carol se asomo. Todavia llevaba la bata de bano, y sus cabellos estaban ahora secos, enmarcando galantemente su rostro en un aire de serenidad.

—Perdon por molestarte—dijo Carol, esbozando una sonrisa nerviosa—. Creo que mi telefono se cayo aqui mientras buscaba una camiseta tuya que me prestaste.

Jaime, ocultando su nerviosismo, la observo mientras ella escudrinaba la habitacion. Su mirada recorrio todo el lugar, pero se veia que no encontraba lo que buscaba.

—Lo siento, Carol—dijo Jaime—. No lo he visto.

Carol suspiro dirigiendole una mirada agradecida. Luego, parecio percibir algo y camino hacia el ropero del cual Jaime, minutos antes, habia sacado su ropa deportiva.

—Alla— afirmo, senalando una esquina del suelo justo debajo del ropero. Y, efectivamente, ahi estaba su telefono. Habia caido al suelo, al parecer, cuando Jaime habia sacado su ropa.

Carol se agacho para tomar su telefono y, al agacharse, la bata de bano se abrio levemente, revelando una vision que hizo que a Jaime se le cortara de nuevo la respiracion, sus pechos perfectos. Su corazon comenzo a latir a un ritmo mas acelerado y solo pudo mirar como Carol se ponia en pie nuevamente con el telefono en su mano.

—Gracias—afirmo ella, sonriendo—. Buenas noches.

Y con esas palabras, Carol salio de la habitacion, dejando a Jaime solo con su caos y su deseo. El se recosto en su cama, las imagenes de Carol llenandole la mente a pesar de sus esfuerzos por evitarlo.

—Joder —susurro el para si mismo.

Aquella noche no salio a correr.

Capitulo 2



Esa manana, Carol le lanzo una mirada interrogante en la cocina, algo en sus ojos le decia a Jaime que su hermanastra era plenamente consciente del caos que habitaba en su mente. Carol siempre ha sido perceptiva a los sentimientos de los demas.

—¿Jaime, todo bien? —pregunto, pasandole la mantequilla.

—Si, solo una mala noche —respondio Jaime con un encogimiento de hombros. Se concentro en untar la mantequilla en su tostada, evitando el contacto visual.

Carol solto una risita suave, su voz flotaba con un atisbo de burla.

—¿Demasiado ruido del barrio?—, pregunto ella, mientras tomaba un sorbo de su cafe.

Jaime se quedo helado, pensando que ella estaba haciendo referencia a los ruidos que habia escuchado la noche anterior. El busco en sus ojos cualquier indicio de que ella sospechara algo, pero no encontro nada mas que la diversion inocente.

—Algo asi—, se limito a responder Jaime, aparentando indiferencia. Sin embargo, por dentro, su estomago se retorcia de ansiedad.

—Adios —respondio Jaime automaticamente, todavia ausente en sus pensamientos.

Miro a Carol alejarse, sin poder evitar fijarse en su figura, y cuando escucho el ruido de la puerta principal al cerrarse, dejo escapar un suspiro, confundido por sus sentimientos.

Jaime sabia que no podia seguir asi. Necesitaba una distraccion, algo que le permitiera despejar su mente y darle un descanso a su corazon acelerado. Decidio levantarse temprano al siguiente amanecer para salir a correr, en la esperanza de poder aclarar sus pensamientos.

Al dia siguiente, Jaime, despues de terminar toda su tarea, al caer la tarde y, tal como habia planeado, se calzo las zapatillas y salio a correr.

Corrio durante mas de una hora, a traves del bosque cercano a su casa, en un intento por alejarse de todo. A pesar de que estaba fisicamente agotado, mentalmente se sentia aliviado de poder alejarse, aunque fuera por un momento, de su escandaloso deseo por Carol.

Jaime llego de nuevo a casa, agotado pero satisfecho, y se dirigio a la ducha, esperando que el agua caliente le limpiara el cuerpo y le despejara la cabeza.

Pero cuando abrio la puerta del cuarto de bano… Carol ya estaba alli, su cuerpo desnudo cubierto solamente por la cortina de la ducha. Jaime paro en seco, sus ojos recorrieron el cuerpo de Carol, atonito.

—Carol... —murmuro, tratando de sonar sorprendido y no excitado. Estaba respirando con dificultad, su corazon latia con fuerza en su pecho.

Carol se giro sorprendida hacia el, sus ojos se encontraron y por un segundo, tanto Jaime como ella se quedaron inmoviles, con la mirada fija en el otro.

—Lo siento,— balbuceo Jaime rapidamente, intentando retirarse del bano…

Pero justo cuando estaba a punto de salir, la voz de Carol le detuvo.

—No te vayas—dijo, y fue en ese momento que Jaime noto como su voz vacilaba un poco—. Solo dejame un momento para ponerme algo, ¿de acuerdo?

Jaime respiro profundamente y asintio, saliendo del bano. Se apoyo en la pared del pasillo y paso una mano por su rostro, intentando calmar el latido desenfrenado de su corazon.

Carol aparecio en la puerta del salon un par de minutos despues. Traia puesta una toalla azul que le llegaba desde el pecho hasta los muslos.

Tomo asiento en el sofa, dejando un espacio entre ellos, y sonrio. Sin embargo, su semblante cambio poco despues. Estaba algo nerviosa, pero debia tratar el tema.

—Te vi espiandome en mi cuarto el otro dia —dijo ella.

—Lo que hiciste no esta bien —continuo Carol. Jaime bajo la mirada, avergonzado y en silencio.

—Lo se —contesto el.

—Pero tambien admito que quizas haya… jugado un poco contigo al respecto y podria haber creado algunas expectativas —anadio Carol, cuyo tono de voz se quebraba al final.

Jaime la miro sorprendido. Ella parecia estar luchando por encontrar las palabras correctas, cosa rara porque Carol solia ser muy elocuente.

—¿Expectativas de mas? —pregunto Jaime, confundido.

—Bueno, digamos que me he dado cuenta de que a veces soy un poco coqueta contigo —dijo Carol, sus mejillas comenzaron a enrojecer—.

Jaime se quedo mirandola, sin palabras. No podia creer lo que estaba oyendo. No solo ella sabia que la espio, sino que tambien estaba reconociendo que le habia hecho ciertos coqueteos. Jaime, de pronto, tomo una determinacion, la deseaba, y todo lo demas daba igual.

Jaime trago saliva, sorprendido por la confesion de Carol. El corazon le latia a mil por hora y un calor inmenso lo inundaba por dentro.

—Y… ¿He tenido efecto en ti? —pregunto Carol, casi en un susurro. Jaime se quedo en silencio por unos segundos antes de responder.

—Si —murmuro Jaime, asintiendo.

Carol mostro una ligera sonrisa, tanto aliviada como preocupada.

—Yo… no queria complicar las cosas tampoco —admitio Carol, mirando hacia la ventana de la sala, como si tratara de encontrar las palabras justas en alguna parte—, pero parece que ya es demasiado tarde para eso.

El corazon de Jaime se detuvo por un segundo mientras las expectativas se formaban en su mente.

—¿Que sugieres? —pregunto Jaime, intentando mantener la compostura, pero su voz temblaba.

Carol retiro uno de los pliegos de la toalla y la retiro, quedandose completamente desnuda.

—¿Esto tiene efecto en ti, Jaime?— pregunto, con una sonrisa traviesa jugando en su boca.

Jaime trago saliva, su vista recorriendo la belleza natural de Carol, ahora completamente expuesta para el —mas aun de lo que sus fantasias se habian atrevido a imaginar—.

—Si —respondio, sus palabras apenas un susurro.

Carol rio levemente, un sonido de alivio mientras que se acercaba a Jaime. Su rosto ya estaba tan cerca que podia sentir su aliento, y antes de que Jaime pudiera decir algo, Carol se inclino mas, cerrando la brecha entre ellos con un dulce beso.

Inmediatamente despues, coloco su mano sobre su entrepierna, palpando su miembro y sintiendo su dureza.

—Sigo teniendo efecto en ti —Murmuro contra sus labios, con una risa traviesa.

Jaime gruno en respuesta, la sorpresa ya desaparecida y reemplazada por el deseo puro.

—¿Alguna vez te la han chupado Jaime?—Pregunto Carol.

Estas palabras fueron suficientes para colorear su rostro de un rojo intenso.

—No... nunca —respondio, bajando la vista. Sin duda solo habia estado en aquella fiesta de pueblo con aquella chica y no habia ocurrido aquello.

Carol sonrio nuevamente, parecia encantada con su respuesta. Sin perder tiempo, desabrocho sus pantalones y se dispuso a brindarle a Jaime la mejor mamada que podria desear.

Asi fue, Carol se arrodillo frente a el, se recogio el pelo en una coleta y empezo a jugar con su miembro. Jaime solo podia mirarla con los ojos bien abiertos, al principio sorprendido, luego relajandose, disfrutando de cada segundo.

—Carol…— logro balbucear. Ella levanto la mirada, sus ojos brillantes al encontrar los suyos. Eso solo le excito mas.

Ella no dijo mas palabras, Carol siguio lamiendo su duro miembro, sin dejarse ninguna parte y con la atencion dedicada al maximo en la tarea que tenia por delante.

Carol sabia lo que hacia. Sentia como su lengua paseaba por la punta, como le mimaba y como le daba cosquillas mientras con sus labios ajustaba bien al tallo de su pene, moviendose arriba y abajo.

Las repetidas caricias intimas de Carol estaban nublando su juicio, el extasis embargaba su ser y poco a poco Jaime se perdia cada vez mas. Era un placer que nunca habia experimentado y a cada segundo le atraia mas.

Podia ver los esfuerzos que Carol estaba haciendo, con sus ojos clavados en los suyos, lamiendo y chupando con tal fervor que no habia espacio para dudas. Era su hermanastra pero por un rato, en las rafagas de placer que llegaban una y otra vez, apenas podia recordar quienes eran. Todo lo que importaba era lo que estaba pasando entre ellos en ese momento.

En ese momento, un ruido llego desde la puerta del recibidor, estaban metiendo las llaves en la cerradura. Sus padres.

El mundo se detuvo por un instante. Carol retiro rapidamente su boca de su miembro y se puso de pie, apurada. Jaime se abrocho los pantalones como pudo y se volvio para mirar a la puerta de entrada.

Carol salio corriendo escalera arriba, completamente desnuda. Jaime se quedo en el sofa, la puerta se abrio para revelar a sus padres. Jaime sintio como su corazon se le subia a la garganta.

Su madrastra estaba hablando sobre algo en la reunion de la junta escolar cuando se detuvo a medio camino, sus ojos pasando por la sala antes de posarse en Jaime. Su padre, con una mirada confusa al verle tan azorado y nervioso, se quito el abrigo y la bufanda que llevaba.

La idea de explicar, de armar una historia creible en medio de tamano panico, le parecia exasperante. Pero antes de que pudiera pensar en algo, su padre rompio el silencio.

—Hijo, ¿que sucede? —pregunto, su tono de voz quedo en incertidumbre. Jaime trago saliva, intentando pensar en alguna excusa, pero su mente seguia en blanco.

—Yo… —titubeo Jaime, mirando a su madre y luego a su padre, buscando la comprension en sus ojos—, yo estaba… —

Lo interrumpio una risa proveniente del pasillo. Carol llevaba puesta su sudadera y sus pantalones, el pelo suelto y un brillo de diversion en los ojos que solo Jaime podia entender.

—Aww, estaba ayudandome con un proyecto para la escuela cuando se me ha caido un zumo en la camiseta, y el tonto de Jaime se ha puesto nervioso por ser torpe—termino Carol, sonriendo tranquilamente hacia sus padres.

El alivio y la gratitud que sintio Jaime en ese instante eran imposibles de describir. Se dejo caer nuevamente en el sofa, intentando calmar el latido frenetico de su corazon.

—Eso es todo —agrego Carol, apoyandose en la pared del pasillo, cruzando los brazos sobre su pecho—. ¿Habeis cenado?

Jaime se quedo mudo mientras su madrastra pasaba junto a el, sonando aliviada. Su padre, por otro lado, le dio a Carol una mirada de sospecha antes de seguir a su esposa hacia la cocina.

—¿Un proyecto de la escuela en un sabado noche? —Se le escucho murmurar mientras se alejaba.

Una vez desaparecieron de la vista, Carol se volvio hacia Jaime, quien se encontraba mordiendo con fuerza el cojin que tenia a mano, evidentemente en shock.

—Siento haber interrumpido —dijo, sus labios formando unas lineas traviesas—. Pero ya sabes, el deber nos llama.

Jaime, todavia intentando procesar todo lo que habia sucedido, asintio sin decir palabra.

—La proxima vez, asegurate de que no es un dia en que nuestros padres vuelven temprano a casa —bromeo Carol, dirigiendose a su habitacion.—¿Me acompanas para terminar el proyecto?

Dejo a Jaime solo en la sala, con el eco de sus palabras y la euforia del placer todavia resonando en su ser.

La noche habia tomado un giro inesperado, desde luego. Jaime se quedo en el sofa, mirando la puerta por la que habia desaparecido Carol. Solo despues de que el silencio de la sala se instalara por completo y el eco de las risas en la cocina parecio menos amenazante, Jaime se levanto con torpeza, ajusto sus pantalones y siguio a Carol escaleras arriba.

Entro en la habitacion de su hermana, sintiendose como un intruso. Carol estaba sentada en la cama, con un libro abierto en frente, vestida de nuevo en sus ropas normales como si nada hubiera ocurrido. Jaime cerro la puerta detras de el y avanzo hacia la cama, sentandose junto a ella.

—¿Y bien?— pregunto Carol en voz baja, sin levantar la vista del libro— ¿Vamos a terminar ese trabajo de la escuela?

Jaime se quedo mudo por un momento, tratando de procesar la repentina transformacion de Carol. ¿Como podia actuar como si nada hubiera pasado?

—Si, claro —respondio al fin. Trato de concentrarse en el libro que Carol tenia abierto en las piernas, un texto sobre psicologia adolescente. Observo como su hermanastra robaba esporadicas ojeadas hacia el, como si quisiera garantizar que ya se encontraba en la misma pagina que ella.

Continuaron estudiando juntos, o al menos, trataban de hacerlo. La tension sexual entre ellos aun se sentia palpable, pero ninguno de los dos se atrevia a romper el silencio con respecto a lo que habia ocurrido antes, hasta que Carol le puso su mano en la entrepierna de nuevo.

Jaime dio un respingo, la miro sorprendido. Carol, sin contarse, continuo leyendo el libro que se encontraba en su regazo. Sus dedos se metieron lentamente debajo de su entrepierna a traves del material de la tela de sus pantalones. Jaime sintio una corriente de excitacion ante su tacto, deseaba que volviera a hacerlo, queria mas.

—Carol... —sus palabras se perdieron ante la sensacion, perdido en su deseo y el placer que provocaba Carol en el.

Ella se limito a seguir leyendo en voz alta, actuando como si no estuviera haciendo nada fuera de lo comun, pero su sonrisa traviesa decia lo contrario. Jaime trataba de concentrarse en las palabras que Carol leia, pero todo lo que pudo hacer fue rendirse al placer que ella le proporcionaba con sus dedos que acariciaban lentamente su miembro de arriba a abajo.

—Simplemente, disfruta—murmuro Carol, inclinandose para susurrar en su oido.

Y vaya si lo disfruto. Jaime no la paro, dejandose llevar por la ola de placer que Carol le proporcionaba mientras leia en voz alta un libro de psicologia adolescente.

Al final, mientras la noche parecia mas tranquila, con sus padres ocupados en la sala de estar, Jaime decidio que queria mas de lo que Carol estaba dispuesta a ofrecerle. Despues de todo, le gustaban los proyectos de la escuela... y las mamadas de su hermanastra.

El final del libro se acerco tras un rato mas de estudio, una experiencia sumamente extrana para Jaime considerando las circunstancias. Fue entonces, cuando Carol le paso el libro y alzo la vista, finalmente libre de la distraccion, sus ojos se encontraron con los suyos, brillantes y cargados de promesa.

—Sigue tu leyendo y me toca la parte practica, tenemos que acabar el proyecto de la escuela— murmuro Carol, bajandole de nuevo los pantalones hasta los tobillos.

Trago con fuerza, casi incapaz de mantenerse en a raya. Siguio leyendo, tratando de concentrarse en cada palabra, en cada frase. Pero era inutil. Sentir la cabeza de Carol bajando otra vez, sintio sus labios de nuevo en torno a su polla, desatando una nueva ola de placer a lo largo de su cuerpo, era demasiado para soportarlo sin soltar algun gemido de satisfaccion.

Con cada estrofa que leia, su voz se arremolinaba en su pecho, ahogandose en el extasis que le proporcionaba Carol. El libro cayo de sus manos y con ellos la ilusion de que estaban alli por deberes escolares.

Sus manos se aferraron a las sabanas, sus nudillos se tornaban blancos de la tension mientras recorria su cuerpo, un placer sobrecogedor.

De repente, Jaime sintio una abrumadora oleada de calor que surgio de su ingle y se extendio a lo largo de su cuerpo. Se derramo en la boca de Carol, que trago todo, saboreando su sabor.

El silencio de la noche se volvio mas palpable despues de eso. Carol subio a acurrucarse junto a el, su cuerpo junto al suyo en la cama. Se enredo en su abrazo, su cabeza descanso en su pecho y sus piernas se entrelazaron con las suyas.

—Eso fue… intenso —dijo Jaime.

—Esto solo es el principio —respondio Carol, besando su pecho.