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22 Oct 2024 Views 849 Como fue que terminamos cogiendo con mi hermano
Yo habia acelerado mis movimientos de cadera, porque estaba cerca de tener un gran orgasmo, cuando senti que el comenzo a explotar y llenarme de leche por dentro... Aca va un relato que me conto una amiga, esta muy bueno, espero que les guste tanto como me gusto a mi cuando ella me lo conto... "Vengo de una familia como cualquier otra, mama y papa trabajaban mucho para poder mantenernos a mi hermano Jonatan y a mi. Habia que pagar las cuentas, los colegios, y vivir, cosa dificil en este pais. Mi nombre es Natalia, y cuando paso esto que les voy a contar yo tenia 21 anos, no era alta, pero debido un poco a mi sobrepeso, tenia unas tetas bastante gordas y grandes, una cadera voluptuosa tambien, ademas de un culo bien grande. Mi hermano Jonatan tenia 18 anos, era mas alto que yo, tambien tenia sobrepeso, lo que lo hacia caderon tambien, herencia de nuestra madre. En esa epoca mi padres no estaban pasando por su mejor momento en la pareja, ya que discutian bastante y francamente, en el fondo sabiamos que se iban a terminar separando, aunque no lo queriamos, creo que muy en el fondo lo sabiamos. Un sabado a la noche, mis padres habian salido a la casa de unos amigos, a cenar y ver peliculas, y nos quedamos en casa con mi hermano Jonatan, asi que aprovechamos a ver algunas peliculas subidas de todo, nada del otro mundo, peliculas eroticas, pero bastante subidas de tono, cosa que a esa edad estaba muy bueno, ya que no dejas de ser chico para algunas cosas, pero no terminas de ser grande para el resto de las cosas. Aprovechamos que teniamos la casa para nosotros solos, y tomabamos unas cervezas al principio, pero cuando se terminaron, revisamos lo que habia guardado, y descubrimos que nuestros padres tenian unos licores y algun whisky, asi que decidimos portarnos mal y seguir tomando eso. Pero la fiesta no podia estar completa sin algo para fumar, algo que nos haga relajar y pasarla realmente bien. La cuestion es que la estabamos pasando realmente bien, entre todo el alcohol que habiamos tomado, las peliculas y el ambiente que se habia formado, parecia una fiesta de esas que son increibles, solo que eramos solamente 2 en la fiesta. En un momento, no se bien como paso, pero comenzamos a pasarnos el humo de boca a boca, era parte de un juego que habia comenzado como algo divertido, sin hacer que se toquen nuestros labios… pero todo comenzo con un roce, nuestros labios se rozaban cada vez mas, y una cosa llevo a la otra, y terminamos besandonos apasionadamente. Nuestras lenguas jugaban en la boca del otro, era algo muy caliente. Yo sentia sus manos acariciando mi espalda, mis brazos… para finalmente posarse en mis tetas. Sentia como me las amasaba, con fuerza y algo de torpeza, mis tetas eran grandes en ese entonces, ya que tanto mi hermano como yo teniamos algo de sobre peso, y mis pezones ya habian reaccionado a sus caricias, los tenia bien duros. Yo creo que Jonatan se dio cuenta de eso, asi que metio la manos por debajo de mi blusa y la levanto, dejandome solo con el corpino. Dejo de besarme y comenzo a bajar, dandome besos por el cuello y el pecho, cuando llego a mis tetas y trato de sacarme el corpino, no se que fue lo que me paso, creo que me asuste, porque me levante y me fui a dormir. Los dias siguientes no hablamos del tema, pero era evidente que habia una tension sexual entre nosotros bastante grande. Llego el sabado siguiente y mis padres volvieron a salir, esta vez era un casamiento, y nosotros decidimos no asistir. Todo se volvio a repetir tal cual el sabado anterior, cervezas, licor, algo de whisky, fumamos… pero esta vez, en vez de ver peliculas eroticas, directamente fuimos hasta una caja donde mi padre guardaba algunas peliculas porno, el seguramente pensaba que nosotros no sabiamos que las escondia, pero como todo adolescente, lo sabiamos. Esta vez me convenci de que, si llegaba a pasar algo, yo dejaria que pase, no pondria resistencia y trataria de ver hasta donde ibamos a llegar. Por supuesto, como dice el dicho: Entre el dicho y el hecho… hay un largo trecho. Cuando comenzaron los besos, no me pude resistir y me entregue nuevamente al placer de sentir nuestras lenguas unirse y juguetear adentro de nuestras bocas. Comenzaron sus caricias nuevamente, y lo que hice esta vez fue darle la espalda, pero pegarme a el. Enseguida pude sentir su pija bien dura apoyada en mi culo, a pesar de que los dos estabamos con pantalones de jean, podia sentirla dura contra mi culo. Jonatan me besaba el cuello y sus manos comenzaban a acariciarme nuevamente. Me saco la remera y volvio a pegarse contra mi espalda. Sus manos recorrian mi pancita y seguian subiendo, hasta llegar a mis tetas, que ya estaban por explotar de la calentura que tenia, mis pezones nuevamente estaban erectos y muy duros. Sus manos levantaron mi corpino y mis tetas cayeron, saboreando la libertad. Ahi estabamos los dos, pegados, y mientras me apoyaba por atras y me besaba el cuello, sus manos se aferraron a mis grandes tetas, sus dedos comenzaron a apretar mis pezones, yo cerraba los ojos y trataba de disfrutar al maximo lo que estaba pasando… Pero otra vez aparecio ese sentimiento de culpa, de saber que no estaba del todo bien lo que estaba pasando, y volvio a apoderarse de mi… sali corriendo y me encerre en mi habitacion nuevamente, igual que el sabado anterior. Tenia una mezcla de ansias y culpa, me gustaba mucho lo que estaba pasando, pero sabia que no estaba bien. Y me quede luchando contra todos mis sentimientos y pensamientos, hasta que me quede dormida. Igual que la vez anterior, no se volvio a tocar el tema en la semana siguiente. La diferencia es que ya no hubo mas sabados solos, mis viejos no volvieron a salir, y todo quedo en la nada, pero solo por unas semanas… Mis padres terminaron separandose, y nosotros nos quedamos en esa casa viviendo con nuestra mama, y mi papa se fue a vivir a una casa chiquita, que fue lo unico que pudo conseguir por el precio justo que el podia pagar. Al principio le costo comprar los muebles, primero compro una cama matrimonial, una mesa, sillas y un sillon. Lo justo para volver a comenzar. Nosotros ibamos a visitarlo algunos fines de semana, y dormiamos en su cama matrimonial, y el dormia en el sillon que estaba en el living. Mas alla de todo lo que yo pense que podria pasar al dormir juntos con mi hermano Jonatan en la misma cama, jamas paso nada de nada, cosa que me hacia pensar que ya no le gustaba, o que tenia alguna novia con la que quizas se sacaba la calentura. Un sabado como tantos otros, fuimos a visitar a nuestro padre, cenamos y el nos dijo que tenia arreglada una salida con una amiga, con Jonatan nos quedamos sorprendidos, pero entendimos que tanto el como nuestra madre, tenian el derecho de rehacer sus vidas. Ya era tarde, y nos dijo que nos acostemos tranquilos, cuando nosotros quisieramos, que el vendria seguramente tarde. Nos fuimos a acostar relativamente temprano. Yo me quede dormida como lo hacia siempre, de costado, mirando hacia la parte de afuera de la cama, dandole la espalda a el. Al ratito me desperte algo sobresaltada, note que Jonatan estaba pegado a mi. Sentia su pija rozando mi culo, y sus manos estaban adentro de mi remera y jugaban con mis pezones, que ya estaban duros, lo que me hizo pensar de que hacia rato que estaria pasando esto. Durante unos segundos me quede quieta, pensando y analizando lo que estaba sucediendo, otra vez sentia la calentura que me decia que lo deje hacer lo que el quiera, pero tambien la culpa me decia que lo detenga. Al mismo tiempo el me seguia pellizcando los pezones y finalmente tome una decision. Lleve mi mano hacia atras y agarre su pija, y comence a masturbarlo suavemente. Jonatan hizo lo mismo, comenzo a bajar su mano, hasta que la
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14 Jan 2025 Views 1104 Madre e hija folladas en una suite
Una madre y su hija exploran sus deseos mas oscuros en un juego de pasion y complicidad con dos hombres, sellando un secreto que transforma su relacion. Mariana observaba la playa desde el balcon del hotel, el mar extendiendose ante ella como una promesa incierta. Las olas rompian con un ritmo hipnotico, pero su mente estaba en otro lugar. Camila estaba sentada detras de ella, en el sofa, con los auriculares puestos y una expresion de indiferencia que parecia estar tallada en piedra. El viaje habia sido una apuesta. Mariana sabia que su hija no estaba feliz con la separacion, y menos aun con la idea de pasar unos dias en un hotel lejos de su circulo social. Pero despues de meses de peleas, portazos y silencios incomodos en la casa, Mariana habia decidido que algo tenia que cambiar. —¿De verdad tenias que traernos aqui? —dijo Camila, quitandose un auricular sin mirar a su madre. Mariana suspiro, apoyandose en la barandilla del balcon. —Necesitabamos un respiro. Tu y yo. Camila solto una risa seca. —¿Un respiro de que? ¿De todo lo que rompiste? Las palabras golpearon como una bofetada, pero Mariana las esperaba. Desde la separacion, habia aprendido a recibir las criticas de su hija con la paciencia de quien sabe que el tiempo y la perspectiva lo cambian todo. —Se que estas enojada, Camila —respondio con calma—. Y tienes derecho a estarlo. Pero este viaje no se trata solo de mi. Tambien es para ti. Camila no respondio, pero tampoco volvio a colocarse el auricular. Eso, para Mariana, ya era un avance. Mas tarde en la piscina. Camila caminaba unos pasos delante de Mariana, con la vitalidad y frescura que solo sus diecinueve anos podian otorgarle. Habia heredado lo mejor de la genetica de su madre: la piel tersa y radiante, los ojos brillantes que parecian guardar secretos y una figura esculpida que no pasaba desapercibida. Sin embargo, tambien habia heredado el caracter explosivo de su padre, una chispa que encendia tanto su temperamento como su magnetismo natural. Llevaba un bikini rosa que acentuaba su silueta juvenil. El top triangular realzaba su busto perfecto, mientras que la diminuta parte inferior dejaba al descubierto sus caderas redondeadas y piernas largas, que parecian disenadas para atraer miradas. El kimono blanco semitransparente se deslizaba por sus brazos, flotando con cada uno de sus movimientos, como un delicado marco que destacaba su feminidad sin esfuerzo. Camila aun no parecia consciente del efecto que causaba en los demas, o quiza lo sabia demasiado bien y jugaba con ello. Al cruzar el area de la piscina, sintio las miradas, algunas furtivas, otras descaradas, de hombres de todas las edades. Pero ella, con una sonrisa entre inocente y desafiante, parecia disfrutar el juego. Mariana observaba a su hija con una mezcla de orgullo y nostalgia, recordando como, a esa edad, habia dominado el arte de ser mirada, aunque con menos rebeldia y mas cautela. —¿Sabes? Cuando tenia tu edad, solia venir a la playa con tus abuelos —comento Mariana, intentando romper el hielo. —¿Si? ¿Y tambien te paseabas como si estuvieras en una pasarela? —respondio Camila, con una mirada que oscilaba entre la burla y la curiosidad. Mariana se detuvo un instante frente a una vitrina del hotel y miro su reflejo. Su cuerpo, a sus cuarenta anos, seguia siendo una declaracion de feminidad. Aun conservaba las curvas que la habian hecho modelo en su juventud, aunque ahora exhibian las marcas de su historia: las delicadas estrias en sus caderas, un vientre que hablaba de la maternidad y muslos anchos que reflejaban fuerza y sensualidad. El trikini negro que habia elegido era atrevido y perfectamente ajustado a su figura, con aberturas estrategicas que dejaban entrever su piel bronceada. Las delgadas tiras doradas del diseno, que recorrian sus hombros y su cadera, anadian un toque de lujo mientras abrazaban su cintura, realzandola. Su escote pronunciado y el corte alto en las piernas transformaban su andar en una oda a la confianza. Su trasero redondeado se balanceaba al ritmo de sus pasos, evocando la confianza que habia olvidado poseer. Despues de anos de vivir bajo las reglas y criticas constantes de su exmarido, habia recuperado el placer de vestirse para si misma, y el resultado era innegable: una mujer que desbordaba poder y sensualidad con cada paso. —De hecho, si —respondio, con una sonrisa que no llego del todo a sus ojos—. Fui modelo, ¿recuerdas? Antes de que nacieras. Camila se detuvo, girando hacia su madre con una ceja levantada. —Siempre pense que eso era un invento tuyo. Mariana solto una carcajada sincera. —Lo entiendo. Ultimamente, ni yo lo creia. Por un momento, la tension entre ambas parecio disiparse. Mariana decidio arriesgarse un poco mas. —¿Por que no nos tomamos unas fotos juntas? Algo divertido. Camila la miro con incredulidad. —¿Fotos? ¿Tu y yo? —Si, ¿por que no? —Mariana alzo los hombros, como si fuera lo mas natural del mundo. —¿Para que me sigan comparando contigo? No, gracias. Las palabras de Camila dejaron a Mariana helada. —¿Compararte? ¿Quien hace eso? —Todo el mundo. Papa, las tias, incluso tu. Siempre hablando de como eras antes, como si yo tuviera que ser igual. Mariana quiso protestar, decir que no era cierto, pero algo en el tono de su hija le hizo guardar silencio. Habia verdad en esas palabras, aunque no fuera intencional. Asi paso la tarde, cada una sumida en su propio mundo bajo el sol abrasador. Mariana habia decidido no insistir mas. Desde la tumbona, observaba como Camila tomaba el sol junto a la piscina, con una despreocupacion que parecia calculada. Los rayos del sol acariciaban la piel de Camila, resaltando el brillo dorado que comenzaba a formarse en sus hombros. Jugaba con los tirantes de su bikini, deslizandolos lentamente por sus brazos, como si buscara evitar marcas de sol, pero el gesto tenia algo de intencional, casi provocador. Sus pezones se marcaban sutilmente bajo la tela, endurecidos por el calor directo y la brisa ocasional, algo que no paso desapercibido para los chicos del hotel. Camila lo sabia. Mariana observaba desde su tumbona, siguiendo los movimientos de Camila con una mezcla de admiracion y curiosidad. Noto los pequenos gestos calculados: como arqueaba ligeramente la espalda al estirarse, dejando que sus curvas se moldearan contra el bikini; como entrecerraba los ojos bajo el sol, con esa sonrisa traviesa que nunca se definia del todo; como sus dedos jugueteaban distraidamente con un mechon de su cabello, desordenandolo apenas, como si el desorden tambien fuera parte del juego. Los chicos seguian mirandola, intentando no ser demasiado evidentes, pero Camila ya habia notado cada mirada. Mariana tambien. Era como un espejo del pasado: el descubrimiento de la propia sensualidad, esa mezcla de inocencia y audacia que, sin pretenderlo, enciende deseos. Mariana se sorprendio reconociendose en ella, como si el tiempo hubiera retrocedido y, de pronto, estuviera mirando a una version mas joven de si misma. Esa noche, mientras ambas se arreglaban para cenar en el restaurante del hotel, Camila rompio el silencio: —¿Que se siente cuando un hombre deja de mirarte? Mariana se giro hacia ella, sorprendida por la pregunta. —¿A que te refieres? —Nada. Solo que… los hombres te miran diferente ahora, ¿no? —Camila hablaba, su voz suave y cargada de una curiosidad contenida, mientras retocaba su labial frente al espejo. Los movimientos de sus dedos eran delicados, casi como si estuviera acariciandose los labios, notando como el color resaltaba la suavidad de su boca. Mariana se acerco lentamente, el aire denso de la habitacion impregnado con el perfume calido de su piel. Ajusto el escote de su vestido con una elegancia tranquila, permitiendo que la tela se amoldara perfectamente a la curva de su pecho. El escote sugerente, profundo, acentuaba la suavidad de sus pechos, su piel brillante como la porcelana. El movimiento de sus manos deslizandose sobre la tela del vestido era casi hipnotico, como si estuviera celebrando la renovacion de su propia sensualidad. —Supongo que si. —Mariana le dedico una mirada enigmatica, su tono bajo y controlado—. Pero la pregunta no es como me miran ellos. Es como me miro yo. Su cuerpo transmitia algo mas que solo madurez; irradiaba una sensualidad serena, elegante pero decidida, como si cada paso, cada gesto, hablara de una confianza que habia sido conquistada con el tiempo. Camila la observaba, sus ojos fijos en ella con una mezcla de admiracion y deseo sutil, como si estuviera descubriendo algo en su madre que hasta entonces no habia notado. La atmosfera entre ellas se volvio densa, cargada de una tension de admiracion silenciosa, que no necesitaba ser dicha para sentirse. —¿Y como te ves ahora? Mariana sonrio, suavemente. —Como alguien que esta empezando de nuevo. Esa noche, cuando bajaron juntas al restaurante, Mariana sintio que algo habia cambiado. No mucho, solo un pequeno paso hacia una relacion mas abierta. La cena transcurria con una calma inusitada, como si el murmullo lejano del restaurante hubiese desaparecido por completo, dejando solo el sonido suave de sus voces. Camila y Mariana compartian un momento que, aunque informal, se sentia cargado de una intimidad nueva. Entre risas y anecdotas, la distancia que habia marcado el tiempo entre ellas, las diferencias generacionales, los reproches del pasado, se desvanecia poco a poco. Las palabras fluian con naturalidad, sin reservas, como si finalmente se estuvieran descubriendo de nuevo. Mariana noto como su hija la observaba con una atencion que no era la de una simple hija. Habia en sus ojos algo mas, algo que desbordaba la simple admiracion. Era como si, de alguna forma, el cuerpo de Mariana, su actitud serena y poderosa, hubiera comenzado a deshacer las barreras invisibles que habian existido entre ellas. Camila la veia ahora desde una perspectiva diferente, mas cercana, como si la feminidad que su madre emanaba hubiera alcanzado una nueva dimension, algo que antes habia ignorado. Esa sensualidad madura, esa energia femenina que parecia irradiar sin esfuerzo, era hipnotica. —No sabia que te sintieras tan segura de ti misma —comento Camila, su voz suavemente admirada, como si no pudiera evitarlo—. Nunca te habia visto asi. Mariana sonrio, un gesto lleno de complicidad y entendimiento. La mujer ante ella no era solo la madre de Camila, sino una mujer que habia vivido, que habia experimentado, que habia aprendido a abrazar su propio poder. La separacion con su exmarido habia sido como una liberacion, un peso que habia caido de sus hombros y le permitio redescubrir su propio ser, alejada de las expectativas y presiones que el imponia. —Con el tiempo, te das cuenta de lo que realmente importa —respondio Mariana, su tono lleno de una seguridad calida y reconfortante—. Y de lo que es mejor dejar ir. Me libere de las cosas que me detenian, las que ya no sumaban, como todo lo que me ataba a tu padre. Esa liberacion me dio espacio para ser quien realmente soy. La mirada de Camila se suavizo al escuchar las palabras de su madre. Sabia que, de alguna manera, esa separacion habia sido mas que un simple cambio de vida: habia sido una catarsis para ambas, el punto de inflexion en que cada una pudo aprender a volar por si misma. Mientras la observaba, algo comenzo a inquietarla. Durante anos, habia sido dura con Mariana, sin entender completamente lo que su madre habia pasado. Aunque sabia que su padre no habia sido el mejor esposo, siempre lo habia defendido de alguna manera. ¿Acaso habia juzgado demasiado rapido? Un leve remordimiento la invadio, como si finalmente empezara a entender la valentia de Mariana al salir de esa relacion. Tal vez habia sido injusta, no reconociendo la fuerza que su madre siempre tuvo. De repente, el sonido de los cubiertos en la mesa vecina interrumpio el flujo de su conversacion. Un camarero se acerco a su mesa, con una sonrisa elegante y un par de copas de champagne en las manos. —Una cortesia de los caballeros en la mesa de alli —dijo el camarero, senalando con un gesto sutil una mesa cercana, donde dos hombres morenos la observaban discretamente. Camila alzo la vista, sus ojos captaron la imagen de los dos hombres: alrededor de treinta anos, atractivos de una manera cruda y desenfadada, su mirada era fija en ellas, pero sin ser descarada. Eran mas jovenes que Mariana, pero definitivamente mayores que Camila. Mariana, por su parte, no se sintio incomoda. Al contrario, una sonrisa ligera se asomo en sus labios, como si ya supiera lo que eso significaba. Camila se dio cuenta de como su madre mantenia una postura relajada, pero a la vez, un brillo travieso se reflejaba en su mirada. —¿Quienes son? —pregunto Camila, sorprendida por la situacion, sin saber si la intriga venia de la sorpresa o de una fascinacion inesperada por los hombres en la mesa. Mariana se encogio de hombros, tomando una copa de champagne con una elegancia que solo ella sabia exudar. —No lo se. Pero parece que les hemos llamado la atencion —dijo, mirando a los hombres con una sonrisa ironica. La atmosfera se cargo de una tension sutil, un juego de miradas entre las dos mujeres y los desconocidos. Las copas de champagne tintinearon suavemente, como si marcaran el comienzo de una nueva dinamica entre ellas, una nueva fase en la que las barreras de madre e hija comenzaban a desdibujarse. Los hombres, que hasta entonces parecian solo un par de figuras lejanas, se acercaron con naturalidad. El mas alto de ellos, un moreno de cabello corto y ojos oscuros fue el primero en romper el hielo, levantando su copa hacia ellas con una sonrisa intrigante. —Buenas noches, soy Gabriel, —dijo con tono calido, su voz grave, como si la noche misma lo hubiera suavizado. Sus ojos, sin embargo, contaban otra historia. Se deslizaron lentamente sobre ambas mujeres, deteniendose primero en el escote profundo del vestido de Mariana, donde la tela ajustada delineaba sus pechos firmes y generosos. Luego, sus pupilas saltaron hacia Camila, cuya piel brillaba bajo las luces gracias al top de lentejuelas que apenas cubria sus curvas. Gabriel sonrio, pero no hizo nada por ocultar como las devoraba con la mirada. Su companero, mas joven, de expresion mas relajada y abierta, tambien asintio mientras se presentaba. —Damian, un placer, —anadio, pero sus ojos traicionaron la intencion de sus palabras. Se detuvieron en las piernas largas de Camila, expuestas por la minifalda que subia ligeramente cada vez que ella cruzaba las piernas. Cuando sus miradas volvieron a subir, ambas mujeres ya los estaban observando, sonriendo con esa mezcla de complicidad y desafio que parecia haberlos dejado sin aire. Mariana respondio con una sonrisa tranquila, sus ojos reflejando algo que no era solo cortesia, sino una invitacion implicita. Se acomodo mejor en su asiento, su cuerpo se relajo en una postura mas abierta, como si la situacion fuera lo mas natural del mundo. Camila, al principio reticente, dejo escapar una risa nerviosa, casi sin darse cuenta, contagiada por el ambiente que se estaba creando. La conversacion comenzo de manera ligera, hablando de trivialidades y luego de pequenos halagos lanzados de forma casual pero efectiva. La quimica era palpable, no tanto en palabras, sino en gestos y miradas. Camila, al principio sorprendida por lo fluido que todo se daba, comenzo a sentirse comoda, a responder con la misma soltura, a jugar con las palabras sin pensarlo demasiado. —¿Y asi es como se relajan aqui? —solto Damian, dejando que su mirada bajara descaradamente por las piernas de Camila antes de volver a subir. Su sonrisa ladeada dejaba claro que no estaba intentando ser sutil. Camila sonrio, jugueteando con el borde de su copa. —Depende. Algunas vienen a tomar el sol... otras prefieren probar algo mas emocionante. —Mariana respondio, alzando una ceja, pero manteniendo la calma y el tono seductor, dejando que sus palabras flotaran en el aire como una invitacion disfrazada. Gabriel solto una pequena carcajada, inclinandose ligeramente hacia adelante. —Bueno, nosotros siempre estamos dispuestos a ayudar a que la noche sea mas interesante. —Sus ojos seguian fijos en Mariana, pero de vez en cuando se desviaban hacia Camila, como si le costara decidir en cual centrarse mas. Las risas y comentarios juguetones fluyeron con naturalidad, pero pronto se fueron cargando de insinuaciones veladas. Gabriel y Damian se complementaban a la perfeccion, intercambiando gestos y miradas complices mientras hablaban, como si no necesitaran palabras para coordinarse. Ambos exudaban confianza, cada uno proyectando un tipo distinto de atraccion masculina. Gabriel, con su actitud mas madura y calculada, se movia con la seguridad de alguien acostumbrado a tener el control. Damian, en cambio, irradiaba una energia mas joven y desenfadada, como si disfrutara del juego sin prisas, pero con la intencion clara de ganar. Mariana y Camila notaron esa dinamica y, aunque no lo dijeron en voz alta, les divertia. Era facil ver como se turnaban las atenciones, primero desnudando con la mirada a Camila, luego deslizando los ojos hacia Mariana, deteniendose en sus curvas como si no pudieran decidir cual de las dos preferian. A pesar de la diferencia de edad entre ellas, algo en sus gestos y miradas revelaba un lazo inconfundible, y los hombres lo notaron. Esa dualidad—la frescura descarada de Camila y la elegancia sensual de Mariana—los encendia aun mas. Despues de unos minutos de charla despreocupada, Gabriel inclino la cabeza hacia Mariana, sosteniendole la mirada con un aire desafiante y seductor. —Nos encantaria seguir disfrutando de esta conversacion... si no es mucha molestia, —dijo, su tono suave, pero cargado con una pregunta implicita que dejo claro lo que realmente tenia en mente—. Tenemos una suite privada... un lugar mas tranquilo, si quieren seguir. Damian no espero a que ellas respondieran. —Seria una pena que la noche terminara aqui, ¿no creen? —Sus ojos se movieron descaradamente entre ambas, dejando claro que su imaginacion ya habia adelantado la respuesta. Mariana y Camila se miraron por un instante. No necesitaban hablar. El calor en sus cuerpos y el brillo en sus ojos ya habian tomado la decision. —¿Que opinas, hija? —pregunto Mariana, alargando la palabra hija con un toque deliberado, sabiendo que la insinuacion era inevitable. —Parece entretenido, mama —respondio con un tono jugueton —. ¿Quien sabe? Tal vez sea una buena manera de pasar el rato. Las palabras hija y mama flotaron en el aire, y algo en la atmosfera cambio, como si el “tabu” que lo acompanaba hubiera sido un puente entre todos ellos, algo que, aunque invisible, los habia unido en un entendimiento silencioso. Camila lo noto al instante: el leve rubor en las mejillas de los hombres, la tension palpable, sus miradas mas cargadas de deseo y sonrisas disimuladas que se cruzaron entre ellos, lo delataron todo. Mariana, con un pequeno gesto de satisfaccion, observo como el efecto habia sido inmediato. Era como si, sin querer, las dos hubieran abierto una puerta a un territorio desconocido, un territorio donde lo prohibido se volvia atractivo. Un escalofrio le recorrio la espalda, pero no fue de nerviosismo. Fue un deseo contenido, sabia lo que venia. Lo habia buscado. No era la primera vez que coqueteaba con desconocidos, incluso lo habia hecho mientras seguia casada. Pero nunca con su hija presente. El pensamiento la golpeo como una descarga electrica, pero en lugar de detenerla, la impulso mas. Habia algo en ese morbo retorcido que enceguecia su razon, que le hacia olvidar cualquier barrera moral. Se sintio en control de la situacion, casi como si estuviera guiando el juego sin esfuerzo, mientras que Camila, con una sonrisa traviesa, tambien percibio lo que acababa de desatarse. Sus miradas se cruzaron brevemente. Mariana reconocio algo peligrosamente familiar en los ojos de Camila—curiosidad, excitacion y hambre. Era demasiado tarde para retroceder. —Bueno, parece que esta noche se va a poner interesante —dijo Damian, sonriendo con una mezcla de desafio y diversion, mientras se inclinaba hacia ellas, sus ojos brillando con expectacion. Miro primero a Camila, luego a Mariana, como si estuviera celebrando el giro inesperado de la velada. Gabriel sonrio, complacido, y extendio su mano hacia Mariana, quien no dudo en tomarla, sabiendo que el juego acababa de comenzar. Con una confianza descarada, Gabriel dejo que su mano se deslizara lentamente por la espalda de Mariana, bajando con intencion calculada hasta la curva de su cintura. Sus dedos rozaron el borde de su trasero, como si pusiera a prueba los limites, tanteando cuanto podia avanzar. Mariana lo miro de reojo, con una mezcla de sorpresa y diversion, pero no se aparto. En cambio, sonrio, un gesto leve pero cargado de insinuacion, dejando claro que estaba lista para seguir el juego. Damian no perdio tiempo. Con un gesto firme y posesivo, deslizo su brazo alrededor de las caderas de Camila, atrayendola hacia el como si ya le perteneciera. Sus dedos, sin disimulo, bajaron hasta el borde de la minifalda de cuero, jugueteando con la tela antes de deslizarse apenas bajo el dobladillo, rozando la piel expuesta de sus muslos. La mirada que le lanzo fue descarada, hambrienta, dejando claro todo lo que queria de ella. Camila sintio el calor subirle por el cuerpo, pero no fue por la mano de Damian en su muslo ni por la presion de su cuerpo contra el de el. Era por Mariana. Aunque joven, ya tenia su propia coleccion de experiencias con hombres, incluso mayores como Gabriel y Damian. Sabia como moverse, como provocarlos, como mantener el control incluso cuando fingia entregarlo. Pero esto era diferente. Saberse observada por Mariana anadia una nueva dimension a lo que estaba sucediendo. No podia ignorar su mirada, ese brillo que oscilaba entre curiosidad y deseo. Era como si, por primera vez, Mariana no fuera la madre que siempre habia conocido, sino alguien igual de vulnerable, igual de dispuesta. Y eso, en lugar de intimidarla, la encendia. Queria saber hasta donde podia llevarla. Hasta donde Mariana estaba dispuesta a llegar... y hasta donde ella misma se atrevia a seguirla. Camila deseaba conocer esta nueva version de su madre, mas atrevida, mas libre, y no pensaba quedarse atras. El ascensor del hotel los dejo en la suite, un espacio amplio y elegante, donde las luces tenues y la privacidad invitaban a relajarse por completo. Las parejas se formaron con una naturalidad casi instintiva: Gabriel y Mariana se acomodaron en uno de los sofas, mientras Damian y Camila se instalaron cerca de la barra, sus risas resonando en la habitacion como una melodia despreocupada. Las copas de vino fluyeron con facilidad, desinhibiendo aun mas el ambiente. Gabriel, con una actitud segura, se inclino hacia Mariana, deslizando sus labios por la curva de su cuello mientras sus manos se movian con confianza. Primero acaricio sus muslos, dejando que sus dedos rozaran la tela suave del vestido, y luego subio lentamente, explorando el contorno de sus pechos a traves de la tela ajustada. Mariana respondio con una sonrisa entreabierta y un leve arqueo de su espalda, como si su cuerpo se ofreciera de manera instintiva, dejando claro que disfrutaba del contacto Cerca de ellos, Damian no se quedo atras. Sus labios rozaron el cuello de Camila, dejando pequenos besos que parecian prender fuego en su piel, mientras su mano exploraba con descaro la piel descubierta bajo la minifalda de cuero. Camila reia, sus ojos brillando de diversion y deseo mientras, de reojo, cruzaba una mirada complice con su madre. Mariana se inclino hacia Camila, rompiendo la burbuja entre ellas, con una sonrisa que parecia deslizarse entre la diversion y el desafio. La diferencia de edad entre ambas era evidente; Mariana, con su elegancia madura, proyectaba una sensualidad controlada y segura, mientras que Camila irradiaba descaro juvenil, una energia que desafiaba cualquier intento de contencion. Gabriel y Damian no perdieron detalle. Gabriel apoyo un brazo detras de Mariana, como si reclamara su espacio, mientras Damian, mas relajado, pero igual de atento, dejo caer una mano sobre el muslo de Camila, acariciandola como si le perteneciera. Pero en ese momento, ellas eran las que marcaban el ritmo. Camila, despreocupada y provocadora, acepto el juego con una sonrisa, mientras Mariana mantenia esa mirada firme y dominante, como si ya supiera quien terminaria ganando. Damian y Gabriel intercambiaron miradas. Sabian lo que estaba pasando. Lo habian anticipado. Pero verlas moverse tan cerca, compartiendo ese espacio reducido en el sofa, fue suficiente para que ambos tensaran las mandibulas y se recostaran para observar. Mariana jugo primero. Deslizo los dedos por el muslo de su hija, siguiendo la linea suave de su piel desnuda, expuesta bajo la minifalda de cuero. Sus unas cortas y cuidadas trazaron un recorrido lento, maternal, pero cargado de intencion. —¿Siempre te vistes asi para salir? —pregunto, con una sonrisa que mezclaba curiosidad y travesura. Camila se mordio el labio, como si estuviera considerando su respuesta. Su juventud chispeaba en el descaro de su mirada, pero su cuerpo se tenso ligeramente bajo el toque de Mariana, como si no estuviera acostumbrada a ser dominada de esa manera. —Solo cuando quiero causar problemas. —respondio, inclinandose un poco mas hacia Mariana, casi como una adolescente buscando aprobacion. Mariana rio suavemente, pero no aparto la mano. Al contrario, la subio unos centimetros mas, atrapando la atencion de los hombres, y tambien la de Camila. —Vaya... ¿y los buscas a proposito? Los problemas, digo. —Mariana arqueo una ceja, como si estuviera reprendiendola de manera juguetona, pero su tono tenia un filo que desperto algo en Camila. Camila rio, pero su risa sono mas nerviosa que segura. —A veces los problemas me encuentran... como hoy. —dijo, dejando que sus palabras flotaran en el aire, cargadas de un significado tan ambiguo como provocador. Mariana inclino la cabeza, como si estuviera estudiandola. —Me lo imagino. Seguro los atraes como un iman. —Mariana dejo caer la mano mas abajo, sus dedos deslizandose sin prisa, hasta donde la piel caliente de Camila se encontraba con el cuero frio de la falda. Camila trago saliva, tensa pero inmovil, mientras los dedos de Mariana se aventuraban mas alla del borde, acariciando su intimidad con un toque lento y calculado. Sabia que Mariana estaba jugando con ella, probandola, pero lo peor era que le gustaba... y no queria que parara. —Y dime... ¿sabes como manejarlos? —pregunto Mariana, con la voz mas baja, casi un susurro. Camila sonrio, pero no respondio. En cambio, se inclino hacia adelante, como si quisiera retar a Mariana a seguir. Los hombres observaban en silencio, pero sus respiraciones eran mas pesadas, mas hambrientas. Mariana sonrio, como si supiera exactamente lo que estaba haciendo. Tomo la barbilla de Camila entre los dedos y la sostuvo alli un segundo mas, antes de soltarla. —Supongo que estamos a punto de averiguarlo. Gabriel se inclino hacia adelante. —No pareces muy preocupada por eso. Camila levanto la mirada, desafiante. —¿Y por que lo estaria? —respondio Camila, con una sonrisa traviesa mientras se enderezaba un poco mas. Se acerco a Mariana, lo suficiente para que sus pechos casi se rozaran, dejando que sus dedos jugaran con el borde de la tela del vestido ajustado de la otra mujer. Mariana no se aparto. Al contrario, tomo la muneca de Camila, guiandola suavemente hacia arriba, deslizandola por su propio muslo, en un gesto calculado pero firme. Camila sintio el calor de su piel bajo los dedos, tan inesperado como deliberado. Y estaba fascinada. No podia apartar los ojos de su madre, de la forma en que se movia con esa seguridad descarada y sensualidad controlada que nunca habia visto en ella. Era como si se hubiera quitado una mascara, como si hubiera dejado atras la actitud sumisa y callada que siempre mostro durante su matrimonio. Camila recordaba a esa otra version de Mariana, la que se encogia un poco cuando hablaba y siempre dejaba que otros decidieran por ella. Pero esa mujer ya no existia. La Mariana frente a ella ahora era otra. Mas libre, mas peligrosa. Damian atrajo a Camila hacia el, tomandola por la cintura y obligandola a quedar sobre su regazo. Mariana se inclino hacia Camila, rozando apenas sus labios contra los de ella. Fue un beso rapido, cargado de intencion. No necesitaban mas para que los hombres entendieran lo que estaba pasando. Las reglas habian cambiado. Camila, todavia sentada sobre Damian, se inclino hacia Mariana, esta vez profundizando el beso, dejando que sus lenguas se encontraran brevemente mientras las manos de Damian se deslizaban con descaro por su cuerpo. Sus dedos bajaron hasta sus muslos, separandolos con firmeza mientras se hundia entre ellos, explorandola sin prisas, pero con la confianza de quien sabia que podia tomar mas. Camila jadeo entre el beso, pero no se aparto. Al contrario, abrio las piernas un poco mas, dandole permiso sin necesidad de palabras. Gabriel, por su parte, ya tenia las manos firmes en el trasero de Mariana, apretandolo con descaro mientras ella se inclinaba hacia adelante, dejando que la tela ajustada del vestido resaltara cada curva de manera deliciosa. La forma en que se exponia frente a el, vulnerable y provocadora a la vez, lo hizo aferrarse mas fuerte, acercandola contra su cuerpo sin interrumpir el juego ardiente que se habia desatado entre las dos mujeres. Camila se separo lentamente de los labios de Mariana, con una sonrisa traviesa y el aliento entrecortado. Sus ojos brillaban. Podia sentir las manos de Damian aventurandose con mas fuerza, impaciente, mientras ella todavia jugaba bajo la falda de Mariana, como si no quisiera romper el contacto. Pero entonces giro la cabeza, volviendo su atencion hacia Damian, que la miraba con una mezcla de expectativa y desafio. —Creo que alguien esta esperando mas atencion. —Camila le susurro al oido, deslizando una mano entre los botones abiertos de su camisa, sintiendo el calor de su piel. Mariana y Gabriel observaron en silencio mientras Camila se inclinaba lentamente, dejando un camino de besos humedos por el pecho de Damian hasta que sus rodillas tocaron la alfombra. Al hacerlo, la falda corta se subio un poco mas, revelando lo que Mariana ya habia sentido al tocarla: no llevaba nada debajo. La curva desnuda de su trasero quedo expuesta, apenas cubierta por el borde levantado de la tela, y cuando se acomodo entre las piernas de Damian, su postura descarada dejaba poco espacio para la imaginacion y aun menos para la contencion. Gabriel se inclino hacia Mariana, su boca rozando el borde de su oreja. —Mira a tu hija. Esta disfrutandolo. Mariana no aparto la vista. Camila, con la lengua jugueteando alrededor del cierre del pantalon de Damian, parecia disfrutar cada segundo de la atencion. Sus manos se movieron lentas, abriendo el boton y bajando la cremallera, dejando que la tension creciera. Damian solto un gemido ahogado cuando Camila finalmente lo libero, dejando que su ereccion se alzara, pesada y lista, en el aire cargado de deseo. Sus dedos se cerraron alrededor de el, envolviendolo con una presion lenta y calculada, como si saboreara cada segundo ante de inclinarse hacia adelante. Sus labios carnosos se entreabrieron, deslizandose con una facilidad provocadora mientras su lengua lo envolvia primero, humeda y descarada, antes de dejarse hundir poco a poco, centimetro a centimetro, hasta que sus mejillas se ahuecaron. Los ojos de Camila permanecieron fijos en el, desafiantes, juguetones, pero tambien hambrientos, disfrutando tanto de su propio control como de la manera en que Damian luchaba por mantener la compostura. A unos pasos, Mariana se mordio el labio, incapaz de apartar la vista. El ritmo humedo y sugerente llenaba el ambiente, haciendo eco en sus oidos mientras sentia las manos de Gabriel deslizandose mas arriba por sus muslos, separandolos apenas, como si reclamara su atencion, pero sin apresurarse, disfrutando de verla arder. Mariana no podia apartar la vista de Camila. La habia visto crecer, pasar de ser un bebe a una nina risuena y traviesa, hasta convertirse en una mujer descarada y magnetica. Hubo un tiempo en el que la amanto, la consolo de una pesadilla e incluso la reprendido en sus momentos mas mas dificiles. Pero ahora, viendola de rodillas, con la boca ocupada y la mirada encendida, todo lo que alguna vez sintio por ella se transformaba en algo distinto. Algo crudo y prohibido, pero tambien irresistible. Mariana no pudo evitar preguntarse si Camila siempre habia tenido esa capacidad de desarmarla, o si simplemente nunca quiso verlo. Lo cierto era que esa noche lo veia todo. Cada movimiento, cada gesto, y la forma en que su propio cuerpo respondia. —¿Te gusta mirarla? —susurro Gabriel contra su oido, su aliento calido deslizandose por su piel mientras sus dedos rozaban el borde de su ropa interior, jugando con ella, provocandola. Mariana sintio como el calor se acumulaba entre sus muslos, pero no aparto la vista. No podia. Camila la tenia atrapada tanto como tenia atrapado a Damian. —No podemos dejar que se lleven todo el espectaculo, ¿verdad? —insistio Gabriel, esta vez mordiendole suavemente el lobulo de la oreja, antes de besarla con fuerza, haciendola arquearse hacia el mientras su respiracion se volvia mas pesada. Pero incluso mientras Mariana se entregaba al beso, sus ojos seguian fijos en su hija, como si no pudiera dejar de verla. Mientras tanto, Camila aumento el ritmo, dejando atras cualquier rastro de inocencia. Sus movimientos eran descarados y seguros, como si estuviera demostrandole a su madre que ya no era una nina, sino una mujer consciente del poder que tenia sobre los hombres. Cada gemido contenido de Damian parecia alimentar su confianza, pero lo que realmente la encendia eran las miradas hambrientas de Mariana y Gabriel. Camila sabia que estaba dando un espectaculo, y lo hacia a proposito. Sus ojos se encontraron brevemente con los de Mariana, desafiandola, como si quisiera probarle que ahora podia jugar al mismo nivel. Y Mariana, lejos de apartar la vista, la devoraba con la mirada, lo que solo hizo que Camila se moviera con mas intencion y provocacion. Gabriel no espero mas. Sus manos encontraron la cremallera del vestido de Mariana, bajandola lentamente mientras sus labios devoraban el cuello de ella, dejando un rastro humedo que hizo que Mariana se estremeciera contra su cuerpo. El vestido se deslizo, cayendo en un susurro hasta quedar amontonado en el suelo. Los pechos desnudos de Mariana quedaron expuestos, firmes y generosos, con un leve bronceado en la parte superior, producto del rato que habia pasado con Camila tomando el sol esa manana. El tono dorado contrastaba con la piel mas clara donde la tela del vestido los habia cubierto, creando un efecto sensual e hipnotico. Las venas finas y sutiles se marcaban delicadamente bajo su piel, testigos de una maternidad ya pasada que habia dejado en su cuerpo un rastro de plenitud madura y deseo contenido. Sus pezones, ya tensos por el deseo contenido, parecian pedir atencion. Gabriel dejo escapar un grunido bajo, como un depredador ante su presa, antes de apresarlos con las manos, acariciandolos como si fueran suyos, llenandolos por completo en sus palmas. Luego bajo la cabeza, atrapandolos con la boca hambrienta, su lengua caliente deslizandose por cada curva mientras Mariana jadeaba, arqueando el cuerpo hacia el, ofreciendose aun mas. Mariana echo la cabeza hacia atras, dejando que un gemido escapara de sus labios mientras sus dedos se enredaban en el cabello de Gabriel, guiandolo, apretandolo contra ella como si quisiera que no parara. Sus caderas comenzaron a moverse, frotandose contra la ereccion dura y palpable de el, que todavia estaba contenida en el pantalon. El roce directo la hizo jadear mas fuerte, mordiendose el labio para no gritar demasiado. Detras de ellos, los sonidos humedos y ritmicos de Camila y Damian se mezclaban con las risas entrecortadas y los gemidos apagados. La suite entera olia a deseo, una mezcla embriagadora de piel caliente, vino derramado y el aroma salado de cuerpos entregandose sin pudor. Gabriel la levanto con facilidad, sentandola sobre el sofa y separandole las piernas, dejando que Mariana se frotara mas contra el. Su boca nunca dejo de moverse, marcandola, reclamandola con cada beso, cada mordida. —Eres deliciosa... no puedo parar. —jadeo, antes de volver a succionar uno de sus pezones, haciendola arquearse contra el. Mariana abrio los ojos por un instante, encontrando a Camila, que todavia estaba de rodillas frente a Damian. Sus miradas se encontraron, y Camila le sonrio con descaro, como si supiera exactamente lo que sentia en ese momento. Gabriel no espero mas. La tomo por las caderas, levantandola apenas para acomodarse entre sus muslos abiertos. Mariana sintio la punta de su verga rozarla, provocandola con movimientos cortos, tentandola mientras su respiracion se volvia mas frenetica. La necesidad latia entre ellos, pesada y urgente. Entonces, Gabriel empujo de golpe, penetrandola con un impetu inesperado que hizo que Mariana soltara un gemido agudo, mezclando sorpresa y placer. Su cuerpo se arqueo automaticamente, apretandolo mas fuerte mientras el la sujetaba como si no quisiera soltarla jamas. —Asi... —jadeo el, clavando los dedos en su piel mientras se hundia otra vez, esta vez mas profundo, mas fuerte. Mariana apenas podia pensar. Su cuerpo reaccionaba por instinto, buscando mas de el, moviendose al ritmo frenetico que Gabriel marcaba sin dudar. Cada embestida resonaba en el sofa, en las paredes, en sus propios gemidos que ya no intentaba contener. Mientras tanto, Camila se posiciono en el suelo, de rodillas frente a Damian. Su minifalda de cuero se deslizo hacia arriba cuando el la tomo por la cintura, exponiendo su trasero firme y desnudo. La vision arranco un grunido bajo de Damian, que paso las manos por sus caderas, bajando lentamente por sus muslos antes de separarlos. —Eres una puta, igual que tu madre... —susurro, inclinandose hacia ella mientras deslizaba sus dedos por la humedad que ya la esperaba. Camila rio suavemente, pero el sonido se rompio en un jadeo cuando Damian comenzo a jugar con ella, despacio al principio, provocandola, antes de empujarla hacia abajo, haciendo que se apoyara en las manos, completamente expuesta para el. Mariana, al otro lado, apenas podia concentrarse en lo que pasaba con Camila. Gabriel la mantenia atrapada en el momento, empujando con fuerza mientras sus manos recorrian todo su cuerpo, reclamandola como si fuera la unica persona en la habitacion. Pero cuando Mariana abrio los ojos un instante, vio a Camila, de rodillas, mordiendo su labio mientras los dedos de Damian seguian moviendose en ella. Y eso la encendio mas. Gabriel lo noto. —Mira eso... mira a tu hijita siendo follada, igual que tu. —Gabriel le susurro al oido, su voz baja y cargada de lujuria mientras seguia embistiendola sin tregua. Mariana gimio mas fuerte, sus manos aferrandose al sofa mientras sus ojos seguian fijos en Camila. La vision de su hija, de rodillas, con Damian empujandose dentro de ella, hizo que el calor en su vientre estallara. Damian agarro con mas fuerza las caderas de Camila, marcandola con los dedos mientras la empujaba hacia el, haciendo que su trasero rebotara contra su pelvis con cada embestida. Los gemidos de Camila eran agudos, descarados, resonando en la habitacion como una invitacion a seguir rompiendola. —Mira como te tragas cada centimetro... tan facil. —gruno Damian, inclinandose sobre ella para morderle el hombro, dejando una marca roja mientras su ritmo se volvia mas salvaje. Camila se arqueo mas, apoyando la cabeza contra el sofa, con el rostro girado lo suficiente para ver a Mariana. Sus ojos se encontraron. Mariana ya estaba al limite. Gabriel seguia empujando dentro de ella con golpes profundos, su respiracion caliente contra su cuello mientras sus manos no dejaban de recorrer su cuerpo. —Vas a correrte, ¿verdad? —Gabriel le susurro, mordiendo su lobulo, y eso fue todo lo que Mariana necesito. Su cuerpo se tenso, temblando con el climax que exploto dentro de ella, arrancandole un gemido casi gritado que lleno la habitacion. Camila la observo mientras sus propias manos se aferraban al sofa, empujando mas fuerte hacia Damian, como si quisiera lo mismo. —Eso es, mira a tu hija correrse para mi. —Damian gruno entre dientes, sujetandola mas fuerte mientras su ritmo se volvia erratico. Camila gimio mas fuerte, sus unas aranando la tela mientras sentia como Damian llenaba cada espacio, llevandola al limite. Su cuerpo se sacudio, dejandose ir por completo, perdida en el calor que la recorrio desde el vientre hasta las piernas. Damian no tardo mucho mas. Con un grunido bajo, empujo una ultima vez, hundiendose por completo antes de quebrarse dentro de ella. La habitacion quedo envuelta en jadeos pesados, con el olor de piel caliente y sexo impregnando el aire. Mariana abrio los ojos, todavia recuperandose, mientras veia a Camila desplomarse contra el sofa, con una sonrisa satisfecha y el maquillaje un poco corrido, pero mas hermosa que nunca. Gabriel solto un suspiro, besandole el cuello, mientras Damian se dejaba caer a un lado, todavia acariciando las caderas de Camila, como si no quisiera soltarla del todo. La habitacion olia a sexo y sudor, el aire denso con el rastro de todo lo que acababa de suceder. Las luces tenues arrojaban sombras suaves sobre los cuerpos desnudos y entrelazados, mientras el eco de los gemidos y jadeos aun parecia flotar en las paredes. Mariana se estiro sobre el sofa, dejando que su cuerpo relajado se hundiera en el cuero frio, el contraste contra su piel caliente la hizo estremecer. Su cabello despeinado caia en ondas sobre sus hombros desnudos, y cuando giro la cabeza, vio a Camila, desnuda tambien, acurrucada contra Damian. Sus miradas se encontraron y sonrieron, una sonrisa complice que decia mas de lo que cualquiera de los hombres podria entender. —No puedo creer que realmente hicimos esto, —murmuro Camila, con la voz todavia ronca mientras pasaba una mano por su muslo desnudo, como si estuviera recordando lo que acababa de sentir. Mariana se rio suavemente, sentandose mientras alcanzaba una copa de vino olvidada en la mesa. El liquido rojo se deslizo entre sus labios, y por un momento sus ojos vagaron hacia Gabriel, que estaba apoyado contra el respaldo del sofa, todavia desnudo, con la piel humeda y brillante. —¿Y que esperabas? —respondio Mariana, alzando la copa hacia Camila, como un brindis silencioso. Camila sonrio, incorporandose con pereza mientras Damian la observaba como si todavia no hubiera terminado con ella. —Supongo que esperaba un poco menos de... intensidad. Mariana rio, esta vez con una confianza desbordante, y se levanto del sofa como una reina desnuda, sin el mas minimo intento de cubrirse. Cada paso que daba hacia la barra estaba cargado de una fuerza sensual, como si saboreara el poder que emanaba de su cuerpo expuesto, consciente de las miradas hambrientas que la seguian. Gabriel no aparto los ojos de ella, su deseo evidente en cada detalle de su expresion. Pero Mariana lo ignoro deliberadamente por un momento, disfrutando de su atencion mientras servia otra copa para Camila, dejandole claro quien llevaba las riendas. —Intensidad es lo que necesitabamos. —Mariana le guino un ojo mientras le pasaba la copa. Camila tomo un sorbo, su cuerpo relajado pero sus ojos brillaban como si todavia estuviera procesando lo que habia pasado. Los hombres las observaban. Damian apoyado contra el sofa, Gabriel recostado pero alerta. Ninguno de los dos parecia listo para dar por terminada la noche. Mariana levanto una ceja hacia su hija, como si estuviera leyendo sus pensamientos. Mientras una sonrisa traviesa se dibujaba en sus labios. —¿Listos para un segundo asalto? —pregunto, desafiante, mientras pasaba los dedos por el borde de la copa, como si quisiera retarlos. Gabriel y Damian intercambiaron una mirada cargada de complicidad. No necesitaban hablar para saber que ambos estaban pensando lo mismo. —¿Cambio de parejas? —Damian sonrio, apretando suavemente el trasero de Camila antes de soltarla y levantarse. Su mirada se deslizo lentamente hacia Mariana. —Ustedes dos son tan... parecidas. Tan putas. —Sus palabras salieron roncas, crudas, como si apenas pudiera contenerse. Camila rio, excitada por el comentario, mientras Gabriel la tomaba de la muneca y la guiaba hacia el sofa con una sonrisa en los labios. —Ven aqui, pequena. Quiero ver que tan buena eres montando. Camila se mordio el labio, disfrutando del tono dominante, y subio a horcajadas sobre el, dejando que sus manos exploraran su pecho desnudo antes de bajar hasta la dureza entre sus piernas. Mientras tanto, Damian arrincono a Mariana contra la barra, empujandola suavemente, pero con firmeza para que se apoyara en el marmol frio. —¿Asi que la mamita tambien quiere jugar? —susurro contra su oido, mordiendole suavemente el lobulo mientras sus manos se deslizaban por sus caderas, separandole las piernas sin pedir permiso. Mariana solto un gemido ahogado al sentirlo presionarse contra ella, todavia duro y hambriento. —Hazme olvidar que soy la mayor aqui, —susurro, mirandolo por encima del hombro mientras arqueaba la espalda, empujando sus caderas contra el, incitandolo a tomarla de una vez. Gabriel, por su parte, ya tenia a Camila encima. —Miralos, —dijo, mientras levantaba las caderas para entrar en ella, provocando un gemido inmediato de Camila. —¿Te gusta que nos miren? Porque a mi si. Camila se movia sobre el, sin reservas, sus manos aferrandose a sus hombros mientras sus pechos rebotaban con cada embestida, pesados y firmes, siguiendo el ritmo marcado por Gabriel, que la empujaba con fuerza desde abajo. Los gemidos de Camila se mezclaban con el sonido de la piel chocando contra la piel, mientras Gabriel atrapaba su mirada, disfrutando del espectaculo de sus curvas entregandose sin pudor. Mariana, mientras tanto, jadeaba contra la barra mientras Damian le subia una pierna, penetrandola con un solo movimiento, arrancandole un gemido que resono en la suite. —Eres mas puta de lo que pensaba. —Damian gruno, apretandole las caderas mientras embestia con fuerza. La suite volvio a llenarse de sonidos humedos y gemidos, mientras los cuerpos se movian sin pausa, intercambiando posiciones y miradas cargadas de lujuria. Gabriel atrapo los pezones de Camila entre sus dedos, mordiendolos suavemente, mientras ella se aferraba mas fuerte a el, sintiendo como su climax comenzaba a acumularse otra vez. Damian, por su parte, sujetaba a Mariana del cabello, obligandola a mirar hacia adelante, hacia Camila. —Mirala mientras te follo. Mirala correrse otra vez. Damian no perdio tiempo. Levanto a Mariana, tomandola por las caderas y colocandola sobre la barra de marmol, fria contra su piel caliente. Sus piernas quedaron abiertas para el, expuesta, vulnerable, y lo supo. Mariana apenas podia respirar. Su mirada se fijo en su hija, que seguia montando a Gabriel, los pechos rebotando descontroladamente mientras el la azotaba en el trasero, una y otra vez, provocando un grito ahogado y profundo cuando el orgasmo de Camila finalmente la sacudio por completo. Jadeo al ver el cuerpo de su hija retorcerse, y eso fue suficiente para que Damian la penetrara sin aviso, arrancandole un gemido desgarrador mientras la empujaba contra el marmol. —Mirala. Mira como se corre. —gruno Damian, sujetandola del cabello y obligandola a mantener los ojos en Camila, mientras el se hundia en ella una y otra vez. Mariana se aferro al borde de la barra, sintiendo como el frio del marmol contrastaba con el calor abrasador que ardia entre sus muslos. Damian, sin soltarla, dejo que una de sus manos explorara mas alla, deslizandose con malicia hasta su otro punto prohibido. Con un dedo, comenzo a presionar suavemente el esfinter, provocandola mientras seguia marcando el ritmo intenso de sus embestidas. —Y ahora tu. Quiero ver como te corres igual. —Su voz ronca y demandante la hizo temblar, pero Mariana no se aparto. Al contrario, se arqueo mas, ofreciendose, sintiendo la doble invasion como una mezcla de placer y vulnerabilidad que la consumia por completo. Los gritos de Camila todavia resonaban en la habitacion, pero ahora se mezclaban con los jadeos entrecortados de Mariana, que sentia como su cuerpo se rendia, alcanzando el borde sin resistencia. Mariana se dejo caer sobre la barra, el marmol frio contra su piel ardiente, mientras su cuerpo se sacudia en espasmos incontrolables. El orgasmo la golpeo con una intensidad que no esperaba, dejandola sin aliento, sin fuerzas, entregada por completo a las manos firmes de Damian, que todavia la sujetaba como si no quisiera soltarla. Su respiracion se mezclaba con la de Camila, que ya se habia derrumbado en el sofa, sus piernas temblorosas y su pecho subiendo y bajando en un intento de recuperar el aliento. Los hombres sonreian, satisfechos, pero las mujeres compartieron una mirada diferente: una mezcla de complicidad y triunfo. Pasaron algunos minutos en silencio, mientras el olor a sexo seguia impregnando el aire y el eco de los jadeos se desvanecia en las paredes. Mariana fue la primera en moverse, deslizandose con cuidado fuera de la barra, buscando su vestido mientras Camila tambien comenzaba a recoger sus cosas. Se ayudaron mutuamente, riendo en voz baja mientras se arreglaban el cabello y alisaban las telas arrugadas, como si trataran de borrar las marcas visibles de lo que acababa de ocurrir, pero no habia forma de borrar lo que habian compartido. Antes de salir, Camila se acerco a Mariana y le susurro: —Esto queda entre nosotras. —Sus labios se curvaron en una sonrisa complice, pero sus ojos aun brillaban con el rastro de deseo. Mariana asintio, ajustando la cremallera de su vestido. —Entre nosotras. —Repitio suavemente, mientras las dos se deslizaban hacia la puerta de la suite, dejando atras a Damian y Gabriel, satisfechos y exhaustos. Cuando la puerta se cerro tras ellas, la noche fria del pasillo las recibio, pero ni el aire fresco pudo borrar el calor que todavia sentian en la piel. Caminaron juntas, en silencio, pero cada paso parecia sellar un pacto invisible. Algo habia cambiado entre ellas. Un vinculo nuevo, hecho de confianza, deseo y secretos compartidos. Mariana rompio el silencio primero, alargando el paso para ponerse al nivel de Camila. —¿Y si ahora nos tomamos una foto para el recuerdo? —dijo con una sonrisa ladeada, pero sus ojos tenian ese brillo picaro y desafiante. Camila giro la cabeza, levantando una ceja. —!Mama! No pienso tomarme una foto contigo despues de esto. —Rio, pero sus mejillas se sonrojaron, como si el peso de la noche todavia se aferrara a su piel. Mariana tambien rio, pero luego la miro fijamente. —Aun nos quedan unos dias de vacaciones... —murmuro, bajando la voz. Camila detuvo el paso un segundo, como si el significado oculto en esas palabras se asentara en su mente. La noche podia haber terminado... pero el juego apenas estaba comenzando. Gracias por leer.
22 Oct 2024 Views 1029 Una Huesped Inesperada: Pilar
Leopoldo tiene su vida perfectamente organizada hasta que acoge a su prima Susana. Este relato NO CONTIENE FILIAL, lo pongo aqui para mantener la continuidad de la serie Leopoldo llego al trabajo esa manana con la mente todavia revuelta por los ultimos acontecimientos en casa. Su prima Susana habia transformado su vida en un torbellino de emociones, y aunque a veces sentia que perdia el control, habia algo embriagador en la intensidad de todo. Pero ese dia, al menos durante unas horas, queria poner su mente en blanco y concentrarse en su trabajo. Su oficina estaba ubicada en un edificio antiguo del centro, con techos altos y grandes ventanales por donde entraba la luz matutina. Se dirigio a su escritorio, saludando con un gesto a sus companeras de trabajo. Begona le lanzo una sonrisa que el apenas percibio; su mente estaba todavia perdida entre las imagenes de Susana de la noche anterior. La manana trascurria con normalidad absoluta, sentado en su mesa Leopoldo seguia dedicandose a su pasatiempo favorito, estudiar a sus companeras de oficina. Fantaseaba con Begona con un conjunto de ropa interior de fantasia. El color tenia que ser oscuro porque la chica tenia la piel muy blanca. Se decidio por una braguita tipo culotte sobre un tanga brasileno. Ahora la gran duda, que sujetador ponerle, sin dudas las tetas eran el mejor atributo del cuerpo de la chica. Tenian tamano mas que de sobra, lo cual descartaba un wonderbra o similar, un sujetador normal, pero con unas transparencias que dejaran sus pezones visibles. Ya la fantasia de Leo habia completado la indumentaria de su companera, anadiendo unos zapatos negros de altisimo tacon. Descarto ponerle medias. Joder que malo era el aburrimiento. Afortunadamente ya quedaba poco para la hora de salir, la mayoria de sus companeros ya estaban saliendo y a el le quedaban pocos minutos Antes de poder terminar de recoger los papeles sobre su mesa, escucho el inconfundible sonido de los tacones de Pilar, su jefa, acercandose. Pilar era una mujer energica y con un aire de autoridad que hacia que todos en la oficina se enderezaran un poco mas en sus asientos cuando pasaba. Hoy llevaba un traje chaqueta con una blusa de seda color marfil que realzaba su figura y una falda negra que abrazaba sus caderas con elegancia. — Leopoldo, ¿puedes venir un momento a mi despacho? —dijo con una voz suave, pero que no dejaba lugar a discusion. El se levanto de inmediato y la siguio. Pilar tenia la costumbre de caminar rapido, y el tuvo que apurar el paso para mantenerse a su lado. — Necesito que te quedes a trabajar esta tarde —dijo, mientras caminaban por el pasillo hacia el despacho de ella—. Tenemos que organizar unos expedientes que llegaron tarde y necesito que alguien de confianza se encargue. Leopoldo asintio. No es que tuviera muchos planes para la tarde, pero le sorprendio que fuera el quien tenia que quedarse. — Claro, Pilar. No hay problema —respondio, manteniendo su tono neutral. Cuando llegaron al despacho, Pilar cerro la puerta detras de el. Leopoldo no podia evitar notar el leve aroma de su perfume, un toque de jazmin que inundaba el pequeno espacio. — Vamos a empezar con esos expedientes ahora —dijo ella, mientras lo guiaba hacia un cuarto pequeno al fondo del despacho, un archivo lleno de estanterias apiladas hasta el techo con carpetas y cajas de documentos. Pilar se detuvo en la puerta y miro hacia las estanterias. — Creo que estan en la parte de arriba... Tendre que subir a la escalera para alcanzarlos. Leopoldo se quedo parado un momento mientras Pilar buscaba la escalera plegable que se guardaba en un rincon. Cuando la encontro, la desplego con facilidad y se subio con la agilidad de alguien que estaba acostumbrada a hacerlo. El no pudo evitar fijarse en la forma en que sus piernas largas y bien torneadas se movian al subir peldano a peldano. La falda de Pilar, que ya era ajustada, se tenso aun mas sobre sus muslos a medida que ascendia, y Leopoldo sintio que el calor le subia por el cuello. Trato de apartar la mirada, centrarse en cualquier otra cosa, pero sus ojos parecian tener vida propia, siguiendo el contorno de sus piernas hasta la curva de sus caderas. Pilar tenia esa presencia magnetica que siempre habia notado, pero nunca se habia permitido considerar demasiado de cerca. Ahora, en el silencio cerrado del archivo, esa presencia se hacia mucho mas real. — ¿Puedes sostenerme la escalera un momento? —pidio ella, girando su cabeza para mirarlo desde lo alto de los peldanos. Leopoldo se acerco, tratando de mantener la compostura. Sujeto la escalera con ambas manos, sintiendo la vibracion sutil del movimiento de Pilar mientras estiraba el brazo hacia los estantes superiores. En ese momento, un pie de Pilar se deslizo ligeramente, y ella solto una pequena exclamacion. Sin pensarlo, Leopoldo levanto la vista y estiro los brazos para sostenerla por la cintura, ayudandola a mantener el equilibrio. Su tacto fue firme pero suave, y durante un segundo, ambos quedaron inmoviles, apenas respirando. — Gracias —dijo Pilar, con una voz mas baja de lo normal. Leopoldo asintio, sintiendo el calor de su piel a traves de la delgada tela de la blusa. Podia ver el brillo de los mechones de su cabello cayendo sobre su hombro y como su respiracion parecia haberse vuelto un poco mas lenta. Cuando ella se estabilizo y comenzo a buscar de nuevo entre los expedientes, el no aparto las manos de su cintura de inmediato. Habia algo en el aire, un susurro de tension que ambos percibian. Pilar bajo un peldano. Sus ojos se encontraron por un instante, y el sintio un golpe en el pecho. La oficina parecia un mundo aparte en ese momento; el resto del edificio estaba silencioso y, detras de la puerta cerrada, nadie podia verlos. Pilar inclino ligeramente la cabeza, como evaluando la situacion, sus labios pintados de rojo formaron una pequena sonrisa. — Creo que tu tambien podrias ayudarme a revisar estos archivos, Leopoldo —dijo con un tono que parecia de desafio. El trago saliva, sintiendo como el ambiente se espesaba a su alrededor. Asintio, y Pilar bajo de la escalera, rozando su cuerpo con el de el en el proceso, de una manera que parecia deliberada. La tarde se extendia ante ellos, cargada de posibilidades. Cuando Pilar bajo de la escalera, se quedo unos segundos demasiado cerca de Leopoldo, lo suficiente como para que el pudiera sentir su respiracion y percibir el suave aroma de su perfume. Despues, sin decir nada mas, se giro y camino de vuelta hacia su despacho. Sus tacones resonaban sobre el suelo de madera, cada paso marcaba un ritmo lento y deliberado. Leopoldo la siguio, aun sintiendo la calidez en las palmas de sus manos por el breve contacto con su cintura. Al llegar al despacho, Pilar cerro la puerta tras el, creando un ambiente intimo y sellado del resto de la oficina. La luz de la tarde entraba suavemente por las persianas, proyectando lineas en el suelo y las paredes, un juego de sombras y luces que parecia intensificar el aire ya cargado de tension. Pilar se detuvo un momento, como si reflexionara, luego se quito la chaqueta de su traje, revelando por completo la blusa de seda que se cenia a su figura. — Hace calor aqui, ¿no crees? —comento con un leve suspiro. Leopoldo asintio, aunque no estaba seguro si lo habia hecho consciente. Sus ojos seguian cada uno de sus movimientos. Pilar se desabrocho los dos primeros botones de la blusa con calma, sin dejar de mirarlo. La abertura dejaba entrever el principio de su escote, la piel suave que se insinuaba en cada respiracion lenta y controlada. Luego, se inclino ligeramente para quitarse los zapatos, dejando caer uno tras otro con un sonido sordo sobre la alfombra. Leopoldo no pudo evitarlo; su mirada recorrio cada centimetro expuesto, desde el borde de su blusa hasta la curvatura de sus pantorrillas desnudas. Era consciente de que el ambiente habia cambiado por completo, que el juego sutil de poder entre ellos se habia transformado en algo mas cargado, mas intimo. — Vaya, Pilar, deberias quitarte la chaqueta mas seguido —dijo, dejandose llevar por el impulso del momento. Por un segundo, penso que quizas habia cruzado un limite, pero Pilar se quedo inmovil y luego se giro lentamente para enfrentarlo. Habia un destello de algo en sus ojos, una chispa que iba mas alla de la sorpresa. La sonrisa que se formo en sus labios no era la tipica sonrisa profesional que mostraba en la oficina; era algo mas calido, mas genuino. — ¿Si? —respondio ella, con una inflexion que podia ser tanto de desafio como de diversion. Dio un paso hacia el, descalza, y con una soltura en su andar que solo intensificaba la sensacion de cercania—. ¿Eso piensas? Leopoldo sintio como sus propias palabras colgaban en el aire, resonando entre ellos. Ella se habia detenido a solo un par de pasos de distancia, sus ojos clavados en los de el, esperando. Habia un coqueteo en su tono, pero tambien una invitacion implicita, como si ella estuviera evaluando hasta donde el se atreveria a llegar. — Bueno... —Leopoldo hizo una pausa, decidiendo seguir el juego—. No es que sea el unico que lo piensa. Seguro que mas de uno te ha imaginado asi. La sonrisa de Pilar se amplio un poco mas, sus ojos se entornaron, y por un momento el penso que habia visto un destello de aprobacion. Habia un extrano balance entre ellos ahora, una especie de tira y afloja que lo mantenia a la expectativa. Pilar, por su parte, parecia disfrutar de su reaccion, de la forma en que su presencia estaba afectandolo. — Eres mas atrevido de lo que pense, Leopoldo —dijo finalmente, su voz mas baja, casi un susurro. Dio un paso mas, y ahora estaba tan cerca que podia sentir el calor de su cuerpo, la suavidad de su respiracion. Leopoldo trago saliva, sintiendo el latido acelerado de su corazon. El aroma de Pilar era envolvente, la cercania de su cuerpo casi magnetica. Se pregunto si estaba leyendo demasiado en la situacion, pero el brillo en sus ojos y la inclinacion ligera de su cuerpo hacia el le decian que no. Pilar disfrutaba del juego tanto como el, y quizas, solo quizas, estaba esperando que el diera el siguiente paso. — A veces hay que arriesgarse —respondio el, con una voz firme, aunque sentia un nerviosismo que le recorria la espina dorsal. Ella inclino la cabeza ligeramente, y sus ojos lo estudiaron con un interes renovado. Habia una electricidad en el aire que ambos podian sentir. Y en ese momento, Leopoldo supo que el juego de poder habia cambiado de manos; Pilar habia bajado sus defensas y el habia aprovechado el momento para acercarse un poco mas a esa chispa que se habia encendido entre ellos. Pilar camino con la misma elegancia relajada hacia su escritorio, donde se sento en su silla de cuero, sin dejar de mirarlo. Se cruzo de piernas, y el movimiento hizo que la tela de su falda se subiera un poco mas, mostrando un poco mas de la piel tersa de sus muslos. Sin decir una palabra, con una expresion de seguridad y diversion, senalo la silla junto a ella. — Sientate, Leopoldo. Tenemos mucho trabajo por hacer. El asintio, tratando de mantener la compostura, y se sento a su lado. La mesa del despacho estaba llena de expedientes y carpetas, documentos que requerian ser revisados y ordenados, pero en ese momento, toda su atencion estaba en otra cosa. Pilar comenzo a hablarle sobre los documentos que necesitaban revisar, pero su voz era apenas un murmullo en su cabeza. Cada movimiento de ella, cada cruce de miradas, cada pequeno gesto parecia cargado de una intencion diferente. Mientras ella hablaba, Leopoldo trato de concentrarse en los papeles frente a el, pero entonces sintio un roce inesperado. Un toque suave y calido recorrio su pantorrilla, y su respiracion se detuvo por un segundo. Bajo la mirada y vio el pie descalzo de Pilar deslizandose lentamente sobre su pierna, acariciando con una calma que parecia casi calculada. Leopoldo sintio un calor repentino que le subia desde el cuello hasta el rostro, y mas abajo, una presion creciente que le dificultaba mantener la compostura. Su cuerpo reacciono de inmediato; el roce del pie de Pilar le provoco un latido urgente que se instalo en su bajo vientre, una ereccion que crecia rapidamente, haciendo que sus pantalones se sintieran demasiado ajustados. Intento tragar saliva, pero su boca estaba seca. — ¿Te pasa algo, Leopoldo? —pregunto Pilar, con una sonrisa ladeada en los labios, su voz tenida de una dulzura traviesa. El levanto la vista y vio como lo miraba, sus ojos brillaban con una mezcla de diversion y deseo. Pilar sabia perfectamente lo que estaba haciendo, como lo estaba afectando. Y, por la forma en que sus labios se curvaron un poco mas, estaba claro que lo estaba disfrutando. Leopoldo sintio como una gota de sudor le resbalaba por la sien, y trato de limpiarla disimuladamente. — Eh... no, nada, estoy bien —respondio el, aunque su voz sonaba un poco forzada. Sus manos se movian torpemente sobre los papeles, pero su mente estaba en cualquier lugar menos en los documentos. Pilar acerco su silla un poco mas, su pierna ahora completamente en contacto con la suya. Su pie continuaba su exploracion lenta y deliberada, deslizandose hacia arriba y abajo de su pantorrilla, haciendo que el calor en su cuerpo se intensificara. El podia sentir cada curva de sus dedos, cada movimiento ligero que parecia enviar pequenas descargas electricas a traves de su piel. — ¿Seguro? —insistio ella, inclinandose un poco mas cerca, de modo que el escote de su blusa quedaba justo a la altura de sus ojos. Los dos botones desabrochados dejaban ver una insinuacion de encaje negro, un detalle que no habia notado antes, y que ahora parecia imposible de ignorar—. Pareces un poco... distraido. Leopoldo trato de enfocarse, de encontrar las palabras adecuadas, pero todo lo que pudo hacer fue asentir torpemente. Pilar sonrio y dejo que su pie subiera un poco mas, acariciando el interior de su pierna con una lentitud que le resultaba casi insoportable. Cada segundo que pasaba sentia como su ereccion se volvia mas evidente, como la tela de sus pantalones se tensaba cada vez mas. — No hay nada de malo en disfrutar del trabajo, ¿sabes? —dijo Pilar suavemente, sus labios a solo unos centimetros de los de el. Sus palabras eran como un susurro intimo, y el podia sentir el calor de su aliento en su piel. Mientras hablaba, su pie jugueton siguio subiendo, acariciando la parte interior de su muslo ahora, acercandose peligrosamente a su entrepierna. Leopoldo no pudo evitarlo; solto un suspiro ahogado y noto como un calor mas intenso lo envolvia, haciendo que gotas de sudor empezaran a formarse en su frente y espalda. Pilar lo miro directamente a los ojos y sonrio, sabiendo perfectamente el efecto que estaba teniendo sobre el. — Me gusta cuando un hombre sabe apreciar lo que tiene delante —murmuro, y su pie se detuvo justo antes de alcanzar su ereccion, rozandolo apenas. Leopoldo trago saliva de nuevo, sintiendo que el aire se volvia mas espeso, mas cargado. Pilar estaba jugando un juego peligroso, y el estaba demasiado atrapado en el momento para querer detenerla. Su cuerpo estaba tenso, cada musculo alerta, y la mente se debatia entre el deseo de ceder al impulso o mantener algo de control. — Creo que... —comenzo a decir, pero su voz temblo, traicionando la tension que lo recorria. Pilar inclino su cabeza hacia el, su sonrisa aun mas amplia. — ¿Si? —respondio, su tono sugerente, expectante. Leopoldo no podia mas que perderse en esos ojos que lo desafiaban, en ese roce que lo invitaba a seguir. Todo en ella le gritaba que cruzara esa linea, que dejara que las cosas siguieran su curso. Y en ese momento, con su pulso acelerado y el aire cargado de posibilidades, empezo a sentirse como si estuviera al borde de una decision que cambiaria todo. Leopoldo sintio como su autocontrol se resquebrajaba bajo el peso del deseo acumulado. El ambiente en el despacho de Pilar habia cambiado por completo; cada palabra, cada mirada, y cada roce deliberado de ella lo empujaban al borde. Su mente apenas lograba mantener un hilo de pensamiento claro mientras su cuerpo se calentaba con cada segundo que pasaba, con cada pequeno gesto provocador de Pilar. Ella sabia lo que estaba haciendo, y lo hacia con maestria. El roce de su pie en su muslo, la cercania de su voz, el aroma embriagador de su perfume y, sobre todo, esa sonrisa astuta y confiada en sus labios entreabiertos... todo en ella parecia ser una invitacion. Pilar sabia como manejar el juego de la seduccion, y en ese momento, Leopoldo decidio que tambien sabia como jugar. Sin pensarlo mas, dejo que su instinto tomara el control. Dejo caer los papeles sobre la mesa, como si no tuvieran ninguna importancia, y se giro hacia ella con determinacion. Con una firmeza que sorprendio incluso a Pilar, llevo una mano a su cintura, sintiendo el calor de su cuerpo a traves de la fina tela de la blusa. La atrajo hacia el con un tiron decidido, haciendo que Pilar soltase un leve jadeo de sorpresa. Pero no se resistio; al contrario, sus ojos se abrieron un poco mas, brillando con esa chispa de deseo que habia estado presente desde el primer roce. Leopoldo sintio el latido rapido de su corazon resonar en su pecho mientras Pilar, con los labios ligeramente separados, lo miraba con una mezcla de desafio y anhelo. Y entonces, sin esperar un segundo mas, se inclino hacia ella y la beso. El beso fue urgente, hambriento, como si ambos hubieran estado conteniendo esa necesidad durante demasiado tiempo. Leopoldo sintio el sabor de los labios de Pilar, suaves y calidos, moviendose con la misma avidez que los suyos. Ella respondio de inmediato, abriendo su boca para recibirlo con un gemido suave, permitiendole que la abrazara mas fuerte contra su cuerpo. Su lengua encontro la de ella en una danza que era todo fuego y deseo, un intercambio que encendio aun mas la tension que habia estado creciendo entre ellos. Las manos de Leopoldo se movieron por su espalda, explorando su contorno, sintiendo cada curva bajo sus dedos. Pilar, por su parte, no se quedo quieta; sus manos se aferraron a los hombros de el, tirando de el hacia abajo, como si quisiera mas, como si necesitara mas. Sus cuerpos estaban tan cerca que podia sentir el latido de su corazon a traves de la tela, la suavidad de su pecho apretandose contra el suyo. El calor era palpable, envolviendolos en una burbuja donde solo existian ellos dos. Leopoldo no podia contener el ardor que lo consumia; profundizo el beso, buscando mas, mientras la abrazaba con fuerza. Pilar dejo escapar un suspiro suave contra su boca, y el sintio como su cuerpo se relajaba contra el suyo, entregandose al momento. Sus labios se movieron con mas intensidad, mordiendo suavemente los de ella, sintiendo el sabor de su piel y el cosquilleo de sus suspiros. El roce de sus lenguas era como un fuego que crecia con cada segundo, encendiendo sus sentidos y borrando cualquier rastro de duda. — Leopoldo... —murmuro Pilar entre besos, su voz quebrada por el deseo. El respondio con un grunido suave, sin dejar de besarla, sin querer soltarla. Pilar deslizo una mano por la nuca de el, enredando sus dedos en su cabello, tirando de el para acercarlo aun mas, como si temiera que el momento se desvaneciera. Cada segundo que pasaba, cada beso que compartian, aumentaba la intensidad entre ellos. Podia sentir como sus cuerpos se movian al unisono, como el calor se extendia por sus venas como un torrente imparable. Sus manos bajaron por su espalda, deteniendose en la curva de sus caderas. La presion de sus dedos se volvio mas firme, mas posesiva, mientras la acercaba mas a el, casi levantandola de la silla. Pilar se dejo llevar, sus piernas ahora alrededor de las de el, su cuerpo completamente fundido contra el de Leopoldo. No habia espacio entre ellos, solo una cercania intensa y apremiante que ambos habian anhelado sin darse cuenta. — No sabes cuanto he esperado esto —murmuro el, casi sin aliento, contra sus labios. Pilar sonrio contra su boca, sus ojos entrecerrados y brillando con deseo. — Entonces, ¿a que esperas? —respondio, su tono desafiando y encendiendo aun mas la chispa en el. Y Leopoldo no espero mas. La beso de nuevo, con una necesidad que parecia insaciable, sus manos recorriendo su cuerpo con una intensidad nueva, explorando cada rincon que sus dedos podian alcanzar. Pilar se dejo llevar por esa corriente, su cuerpo moviendose en sintonia con el de el, entregandose completamente a la pasion del momento. Pilar rompio el beso con un jadeo entrecortado, sus labios aun rojos e hinchados de la intensidad del momento. Sus ojos, ahora mas oscuros, fijos en los de Leopoldo, brillaban con una mezcla de desafio y deseo desbocado. Sin dejar de mirarlo, se giro lentamente hacia la mesa, apoyando ambas manos en el borde. Con un movimiento firme, se tumbo sobre la superficie, desparramando algunos papeles que cayeron al suelo, pero ni ella ni el parecian preocuparse en absoluto por eso. Leopoldo se quedo quieto por un segundo, observando como Pilar se acomodaba sobre la mesa, con su falda subiendo un poco mas por la parte posterior de sus muslos. La camisa se habia ajustado mas a su figura, destacando cada curva mientras sus piernas se estiraban sobre el borde de la mesa. La respiracion de ambos era pesada y rapida, el aire alrededor se habia vuelto denso, cargado de un deseo casi tangible. Pilar lo miraba con los ojos entrecerrados, como invitandolo a continuar, a no detenerse ahora que habian llegado hasta ese punto. Con un movimiento repentino, ella alargo una mano y agarro el pelo de Leopoldo, tirando de el hacia abajo con una mezcla de urgencia y control. El tiron le hizo inclinarse hacia ella, su rostro ahora a pocos centimetros del de Pilar. Ella le sonrio, esa sonrisa de satisfaccion que solo podia tener alguien que sabe que esta en control y disfrutando del poder que tenia sobre el. — Vamos, Leo —susurro ella, sus ojos brillando con desafio—. No te quedes ahi parado. Esas palabras lo sacaron de su trance momentaneo. Sin mas dudas, sus manos se movieron con firmeza, deslizandose por las piernas de Pilar hasta alcanzar el borde de su falda. De un tiron decidido, le subio la falda hasta las caderas, dejando al descubierto sus muslos y el encaje negro de unas bragas que apenas cubrian su intimidad. Leopoldo sintio una ola de deseo arderle por dentro al ver como su cuerpo se arqueaba ligeramente ante el contacto de sus manos. El sonido de su respiracion, de su piel rozando la tela de la falda, llenaba el aire. Pilar lo miraba con expectativa, sus labios entreabiertos en un leve jadeo. El tomo una respiracion profunda y, sin mas preambulos, deslizo sus dedos bajo el elastico de las bragas. El contacto de su piel contra la de ella era calido y suave, enviando un escalofrio por su columna. Pilar se mordio el labio inferior y lo miro con intensidad, su cuerpo se estremecio al sentir sus dedos explorar la parte interna de sus muslos. Leopoldo comenzo a tirar lentamente de las bragas hacia abajo, sintiendo como la tela acariciaba cada centimetro de su piel mientras las bajaba. Pilar, aun sosteniendo su cabello con una mano, arqueo un poco mas la espalda, facilitando el movimiento, su respiracion se volvio mas rapida y entrecortada. Las bragas finalmente quedaron atrapadas alrededor de sus tobillos, y Leopoldo las aparto sin perder de vista el rostro de Pilar, que ahora mostraba una mezcla de anticipacion y deseo. Con sus bragas fuera, Leopoldo sintio como la tension en el ambiente se intensificaba aun mas. Las manos de Pilar se deslizaron por la mesa hasta volver a su pelo, tirando de el hacia abajo con mas fuerza esta vez, obligandolo a inclinarse sobre ella. Ella queria sentirlo mas cerca, queria mas de el, y el estaba mas que dispuesto a darselo. Los ojos de Leopoldo recorrieron su cuerpo, deteniendose en cada curva revelada, en cada centimetro de piel que ahora quedaba expuesto para el. Se inclino hacia adelante, su boca siguiendo el camino de sus manos, besando y mordiendo suavemente el interior de sus muslos mientras le sujetaba la falda para que no se bajase, dejandola completamente expuesta ante el. Pilar solto un gemido bajo y entrecerro los ojos, su pecho subiendo y bajando con cada respiracion acelerada. Sus dedos se enredaron aun mas en el cabello de Leopoldo, guiandolo, marcando el ritmo, empujandolo a seguir. El sintio la urgencia de su agarre y el temblor de su cuerpo bajo sus labios, lo cual solo intensifico su deseo. La situacion se habia vuelto electrica, y el aire estaba cargado de una promesa que ninguno de los dos queria romper. Leopoldo, aun sintiendo la tension en el agarre de Pilar en su cabello, dejo que su boca se acercara lentamente a su cono. El calor que emanaba de ella lo golpeo, y su aroma lo embriago de inmediato, avivando su deseo. El comenzo con un beso suave, apenas un roce de sus labios sobre la piel sensible de su entrepierna, explorando con una delicadeza que contrastaba con la intensidad del momento. Pilar solto un pequeno gemido, un sonido que hizo eco en la pequena oficina, dejando claro que estaba disfrutando cada segundo. A medida que sentia la urgencia en la forma en que Pilar lo guiaba con sus manos, Leopoldo intensifico sus caricias. Su lengua trazo un camino lento, casi tortuoso, desde la entrada de su vagina hasta su clitoris, deteniendose apenas para saborear la suavidad de su piel. Pilar jadeo y su agarre en el cabello de Leopoldo se volvio mas firme, empujandolo mas cerca, con mas fuerza. El acepto el desafio, sintiendo como su propia excitacion crecia al escuchar los sonidos de placer que escapaban de la garganta de ella. Leopoldo comenzo a lamer con mas firmeza, su lengua moviendose en circulos precisos alrededor del clitoris de Pilar. Cada movimiento parecia enviar una corriente de placer a traves de su cuerpo, que se tensaba y arqueaba contra la mesa. Los gemidos de Pilar se hicieron mas profundos y mas frecuentes, su respiracion era ahora un ritmo acelerado, casi frenetico. Leopoldo se deleito en su reaccion, en la forma en que su cuerpo respondia a cada movimiento de su lengua, cada caricia. — Oh, Leo... si... asi... —jadeo Pilar, su voz entrecortada por el placer. Leopoldo se concentro aun mas, su lengua bailando alrededor de su clitoris en movimientos rapidos y ritmicos, a veces mas suaves, a veces mas intensos. Cada vez que sentia que Pilar estaba al borde, ralentizaba el ritmo, solo para volver a aumentarlo con mas fuerza. El contraste de velocidades hacia que ella gimiera mas alto, su cuerpo temblando bajo la presion de su boca. El podia sentir como sus caderas comenzaban a moverse al compas, buscando mas friccion, mas contacto. Mientras su boca trabajaba con esmero en su clitoris, Leopoldo deslizo uno de sus dedos hacia la entrada de su vagina, acariciandola con suavidad antes de penetrarla lentamente. El gemido que salio de los labios de Pilar fue mas profundo esta vez, su espalda arqueandose contra la mesa. Sentirla contra su boca, caliente y palpitante, hizo que Leo redoblara sus esfuerzos, su lengua moviendose ahora con una precision casi voraz. Pilar se aferro a su cabello con mas fuerza, tirando de el como si tratara de sostenerse en la realidad mientras el placer se acumulaba en oleadas en su cuerpo. Leopoldo no se detuvo. Continuo lamiendo, chupando, saboreando cada rincon de su cono, sin dejar de mover sus dedos dentro de ella con un ritmo constante, sincronizado con los movimientos de su lengua. Pilar empezo a jadear mas alto, casi sin control, sus caderas moviendose involuntariamente, buscando mas contacto. Podia sentir como el placer se acumulaba en su interior, como cada movimiento de la lengua de Leopoldo la llevaba mas cerca del limite. Su respiracion era rapida y entrecortada, y de repente, todo su cuerpo se tenso. — !Dios, si, Leo! —grito, su voz rompiendose mientras su orgasmo la golpeaba con una fuerza inesperada. Su cuerpo se arqueo sobre la mesa, su espalda levantandose del frio de la madera, y sus piernas temblaron alrededor de Leopoldo mientras se corria contra su boca. El no se detuvo, continuo lamiendo con mas suavidad, sintiendo como sus paredes se contraian alrededor de sus dedos, como los espasmos de placer recorrian su cuerpo de arriba a abajo. Pilar gemia sin control, su respiracion pesada y agitada, su mano todavia aferrada a su cabello, aunque ahora su agarre era menos firme, mas tembloroso. Leopoldo la sostuvo con su lengua hasta que el ultimo temblor de su orgasmo se calmo. Su boca todavia estaba caliente y humeda contra su piel, y los jadeos de Pilar fueron disminuyendo lentamente, su cuerpo relajandose en la mesa. Cuando finalmente levanto la cabeza, la miro con una sonrisa satisfecha, sus labios brillando, y los ojos de Pilar lo encontraron, aun vidriosos de placer. — Vaya... —susurro ella, sin aliento—. No me esperaba eso. Leopoldo no pudo evitar sonreir, todavia con el sabor de ella en su boca, sus labios todavia brillando del climax reciente de Pilar. Podia ver como ella seguia respirando de forma entrecortada, su pecho subiendo y bajando mientras intentaba recuperar el aliento. Su sonrisa era una mezcla de satisfaccion y deseo insaciable, y sus ojos no se apartaban de el, como si ya supiera lo que vendria a continuacion. Leopoldo no podia resistirse mas. Con movimientos rapidos y seguros, se desabrocho el cinturon y el boton de los pantalones. Bajo la cremallera y dejo que cayeran al suelo junto con sus calzoncillos, liberando su pene completamente erecto. El aire fresco lo rozo, provocandole un leve escalofrio, pero su atencion estaba completamente centrada en Pilar. Ella, aun tumbada en la mesa, levanto la cabeza para observarlo, sus ojos oscurecidos por el deseo. Una sonrisa picara se dibujo en sus labios cuando vio el tamano de su ereccion, y se humedecio los labios de forma provocativa, claramente ansiosa por lo que estaba por venir. Sus manos, aun apoyadas en la mesa, se aferraron con mas fuerza al borde de la misma, como preparandose para recibirlo. — Ven aqui, Leo —susurro, con la voz aun cargada de lujuria—. No me hagas esperar. Leopoldo no necesito mas invitacion. Se acerco a ella con determinacion, tomando una de sus piernas para levantarla ligeramente, alineando su cuerpo con el de ella. Su corazon latia con fuerza, y cada latido parecia resonar en sus oidos mientras se posicionaba justo entre sus muslos abiertos. Pilar lo miraba fijamente, con una cara de vicio que era pura lujuria. Con un movimiento decidido, Leopoldo tomo su pene con una mano y lo froto contra la entrada humeda de Pilar, deslizandose sobre su clitoris y provocando un jadeo bajo de sus labios. Podia sentir como su calor lo envolvia, como su cuerpo lo llamaba a adentrarse mas profundamente. Pilar solto un gemido ansioso y arqueo las caderas hacia el, buscando mas contacto, mas friccion. Leopoldo empujo lentamente al principio, sintiendo como su miembro se deslizaba en su interior. El calor y la humedad de ella lo recibieron con una firmeza deliciosa, haciendo que ambos dejaran escapar un gemido de placer al unisono. Pilar apreto mas sus manos alrededor del borde de la mesa, su cabeza cayendo hacia atras mientras su espalda se arqueaba con la sensacion de ser llenada por el. — Oh, si... asi... —jadeo Pilar, su voz temblando con cada palabra. Leo la penetro con mas fuerza, profundizando el movimiento, sintiendo como su cuerpo se acomodaba alrededor del suyo. Cada embestida era una oleada de placer que recorria su cuerpo, y los gemidos de Pilar llenaban la habitacion, aumentando en volumen y frecuencia con cada segundo. Sus caderas se movian al compas de las de el, encontrando un ritmo perfecto, rapido y profundo. La mesa crujia suavemente bajo el peso de ambos cuerpos, pero ni Pilar ni Leopoldo se preocupaban por eso. Leopoldo podia sentir como la presion aumentaba a medida que aceleraba el ritmo, sus manos aferradas con fuerza a las caderas de Pilar, tirando de ella hacia el con cada embestida. Pilar se apretaba a su alrededor, su cuerpo temblando de placer con cada movimiento. Los gemidos de Pilar se volvieron mas erraticos, casi desesperados. Sus unas se clavaron en los antebrazos de Leopoldo, dejando marcas rojas, pero el dolor mezclado con el placer solo lo impulso a moverse con mas intensidad, con mas fuerza. — !Dios, Leo! —grito Pilar, perdiendo el control. El la tomo por las caderas con mas firmeza, tirando de ella hacia el con cada movimiento, penetrandola profundamente una y otra vez, buscando ese punto de extasis que ambos necesitaban. El sonido de sus cuerpos chocando, el gemido de ella, el calor que se acumulaba en su interior, todo se combinaba en un torbellino de placer. Pilar empezo a temblar bajo el, su cuerpo reaccionando a cada embestida con una intensidad creciente. Leopoldo noto como sus paredes internas se apretaban aun mas alrededor de su pene, su calor envolviendolo por completo. Su respiracion era rapida y descontrolada, y los gemidos de Pilar se hicieron mas altos y entrecortados, llenando la oficina con una sinfonia de placer puro. El sabia que ella estaba cerca, que estaba a punto de estallar de nuevo, y no iba a detenerse. Con cada empuje, sentia como su cuerpo respondia, su piel humeda por el sudor, sus musculos tensandose al borde del climax. Pilar arqueo la espalda con fuerza, sus unas clavandose en los antebrazos de Leopoldo, dejandole marcas rojas que ardian con el dolor placentero. Su boca se abrio en un grito ahogado, su cabeza cayendo hacia atras mientras su cuerpo se estremecia. — !Leo...! !Me corro! —gimio, su voz casi un grito. Y entonces llego. Un segundo despues, Pilar se dejo llevar por el climax, su cuerpo sacudido por una serie de espasmos intensos. Leopoldo sintio como se apretaba alrededor de el, como su calor palpitante lo envolvia con cada contraccion. Pero no se detuvo. Continuo embistiendola con la misma energia, sus movimientos rapidos y profundos, sintiendo como las olas del orgasmo de Pilar se desbordaban sobre el. Ella gemia sin control, casi llorando de placer mientras su orgasmo recorria todo su cuerpo. Pero Leopoldo siguio, con su pene aun duro y palpitante, penetrandola una y otra vez, intensificando el placer de ella. Pilar lo miro con ojos vidriosos, su pecho subiendo y bajando, intentando encontrar el aliento, pero una chispa de desafio aparecio en su mirada, como si quisiera mas. Y Leo estaba dispuesto a darselo. El la levanto un poco mas de la mesa, ajustando el angulo para llegar mas profundo, y volvio a embestirla con fuerza renovada. Pilar solto un grito, mezclado entre sorpresa y puro deleite, y sus piernas se apretaron alrededor de su cintura, instandolo a seguir. La intensidad de sus embestidas no disminuyo; al contrario, cada movimiento era mas profundo, mas decidido. Pilar, aun temblorosa del primer orgasmo, comenzo a sentir el calor acumulandose de nuevo. Sus caderas se movieron al compas de las suyas, encontrando ese ritmo perfecto que los acercaba a ambos al borde. Leopoldo noto como su propio cuerpo comenzaba a tensarse, como el placer subia desde la base de su columna, una presion creciente que amenazaba con desbordarse. — Vamos, Leo... !No pares! —jadeo Pilar, su voz quebrandose de nuevo, su cuerpo aferrandose al de el con desesperacion. Los movimientos de Leopoldo se volvieron mas freneticos, sus caderas chocando contra las de ella, el sonido de sus cuerpos mezclandose con sus gemidos. Podia sentir como Pilar empezaba a temblar de nuevo, como su interior se volvia aun mas apretado, cada contraccion mas fuerte que la anterior. Y entonces, sintio que se acercaba al borde tambien. Con un ultimo y profundo empuje, Leo sintio como el climax lo arrasaba, su cuerpo estallando en una ola de placer puro que le recorrio cada nervio. En ese preciso momento, Pilar grito de nuevo, su segundo orgasmo atravesandola con una intensidad aun mayor, su cuerpo apretandose alrededor de el en oleadas freneticas, sincronizadas con las de el. Ambos se aferraron el uno al otro, sus cuerpos moviendose al unisono mientras el extasis los envolvia. Leopoldo sintio como se derramaba dentro de ella, y la sensacion de su liberacion se mezclo con la de Pilar, que se corria por segunda vez, sus gemidos resonando en sus oidos, el placer compartido envolviendolos en una espiral de satisfaccion absoluta. Los temblores de ambos fueron disminuyendo poco a poco, sus cuerpos relajandose mientras intentaban recuperar el aliento. Cuando finalmente se detuvieron, Leo se inclino sobre ella, respirando con dificultad, sus cuerpos aun entrelazados, ambos cubiertos de una fina capa de sudor. Pilar lo miro con una sonrisa satisfecha y agotada, sus dedos acariciando suavemente su cabello. — Eso... fue... increible —murmuro, todavia con la respiracion entrecortada. Leopoldo, todavia respirando con dificultad, no pudo evitar sonreir mientras sus manos recorrian la curva de las caderas de Pilar. Sus dedos acariciaban suavemente su piel, subiendo lentamente por su cintura hasta llegar a su trasero, que aun temblaba con los ultimos resquicios del orgasmo. La sensacion de su piel calida y suave bajo sus manos lo hacia querer mas, aunque sabia que habian llevado sus cuerpos al limite. Pilar suspiro profundamente al sentir el toque de Leopoldo, su cuerpo aun sensible y receptivo. Sus ojos se cerraron por un momento, disfrutando de las caricias que ahora parecian mas tiernas que urgentes. Pero su sonrisa no se habia desvanecido, seguia ahi, brillante y satisfecha. Leopoldo dejo que sus dedos se deslizaran con mas confianza, recorriendo las curvas de sus gluteos, apretandolos ligeramente, disfrutando de la firmeza y la suavidad al mismo tiempo. Pilar abrio los ojos y lo miro con una ceja levantada, todavia recostada sobre la mesa, sus piernas ligeramente separadas y su cuerpo aun humedo por el sudor. — Si asi trabajas todas las tardes, Pilar... —dijo Leopoldo en un tono bajo y grave, sus labios rozando el lobulo de su oreja mientras hablaba—. Yo no tengo problema en quedarme todas las horas extra que hagan falta. Pilar rio, un sonido bajo y gutural que resono en la pequena oficina. Aun con el cuerpo relajado, disfrutaba de la atencion de Leopoldo, de sus caricias y de ese tono de voz que dejaba claro que no habia acabado de saciarse. Sus ojos, aun oscuros por el deseo, se encontraron con los de el, y un destello de picardia aparecio en ellos. — Bueno, Leo... —murmuro ella, moviendo las caderas sutilmente contra su mano, provocandolo—. Quizas empiece a necesitarte mas por aqui. Leopoldo dejo escapar una risa suave, su mano aun acariciando sus curvas, sintiendo como su cuerpo respondia al toque. La idea de pasar mas tardes "trabajando" juntos no sonaba nada mal, especialmente cuando podia sentir esa energia cargada de nuevo entre ellos. Sus dedos se deslizaron por el centro de su espalda, bajando hasta su trasero otra vez, acariciandolo con lentitud, disfrutando del momento. — Entonces... cuenta conmigo, jefa —respondio el, dandole una pequena palmada en el trasero antes de acariciarlo de nuevo, su tono cargado de promesas. Pilar solto un gemido bajo y su sonrisa se amplio. Todavia tumbada en la mesa, asintio con un gesto jugueton, sus dedos acariciando el pecho de Leopoldo. — Eso espero, Leopoldo. Eso espero... —respondio ella, aun sin aliento, pero claramente dispuesta a mas. Ambos se quedaron asi un momento mas, compartiendo esa complicidad recien descubierta. El aire en la oficina seguia cargado de deseo, y aunque habian cruzado una linea, ninguno parecia querer dar marcha atras. ATLAS Los siguientes capitulos de esta serie y de otras que tengo en marcha ya estan publicados en mi cuenta de Patreon. El enlace esta en mi perfil, alli podreis apoyarme con una suscripcion y si quereis podreis colaborar conmigo. Aprecio todas vuestras opiniones y comentarios, ya sabeis que os contestare a todos tanto aqui como por mail. Siguientes Capitulos
08 Feb 2024 Views 864 Brenda: ella 19 yo 56 (segunda parte)
Para recapitular la primera parte, cuento que conoci a Brenda el ano pasado, una chica de 19 anos y que trabaja en uno de esos cafes mundialmente conocidos. Le hice creer que me dedico a escribir y en cierta ocasion le dije que escribia un relato erotico que ella me pidio que deseaba leer. Le hago llegar un relato donde un hombre mayor de 56 anos desea acostarse con esa chica joven que conoce y escribo de una manera muy explicita y con todo lujo de detalles de como este hombre desea tenerla. Ella me hace una invitacion un domingo antes de la navidad y este es el relato de la continuacion. Ya habiamos consumido tres cervezas cada uno y de la platica trivial Brenda pasaba a cuestionarme acerca del relato erotico. Me confesaba que se habia masturbado pensando en el relato y yo le habia mentido diciendo que tambien yo lo habia hecho varias veces pensando en ella. Miraba a Brenda un poco mas sonrojada por los efectos del alcohol y tenia las piernas cruzadas y obviamente su falda se subia al punto que me dejaba ver mas los muslos de sus piernas. Otra de las cosas que me gusta de Brenda y que por ser muy conservadora y recatada es que tiene piernas alargadas que no se nota mucho porque siempre la habia visto con pantalones y a pesar de que viste una especie de sandalias, aun sus piernas se miran alargadas. Ella cambia de posicion y cruza las piernas al lado contrario y alcanzo a ver una ropa interior roja o rosa fucsia. No se si lo hace por provocarme, pero sencillamente con esos movimientos sutiles lo ha logrado, mi verga se pone erecta y puedo sentir que hasta esta goteando. Me contaba que la misma manana que le di el relato lo habia leido dos veces y que regreso de la universidad y se habia ido a la cama donde lo volvia a leer. No se, pero se me hizo tan natural que esta joven chica me contara viendome a los ojos que se habia masturbado en ese momento. Fue cuando me revelo que no tenia novio y que recurre a la autosatisfaccion cuando se siente urgida por el deseo. Tambien me contaba que se pone muy caliente cuando el novio de su amiga llega a cogersela y ella escucha todo desde su habitacion y es como me doy cuenta de que comparte con otra chica este apartamento de dos recamaras y esa tarde me ha invitado pues su amiga se encuentra trabajando en un restaurante. Fue al nivel de esa tercera cerveza que me dice que ella tambien desea vivir el relato siempre y cuando cuente con mi discrecion y, no se si solo era el cuento de Brenda, pero me decia que nunca habia estado con un hombre sexualmente y que su maxima experiencia con algun novio era algunos besos y que le habian tocado los pechos y vulva por sobre su ropa y nada mas. No sabia si creerle, pero algo me decia que todo aquello tenia algo de cierto, pues como les he dicho Brenda, aunque de bonito rostro y cuerpo, se mira muy recatada que, ni tan siquiera maquillaje usa. Ella fue por esas instancias que me lo pregunto de esta manera: - Usted se mira como que nunca le han faltado las mujeres, pero porque una mujer de mi edad… ¿es algo que todos los hombres mayores desean? - La verdad -le dije. – Que desde que te vi me gustaste y comence a imaginar como seria estar con una chica como tu. No lo pude evitar, pues tambien me gusta tu manera de ser. - Yo la verdad… usted siempre me ha caido bien y usted me parece un hombre muy guapo. Quiza esta platica nunca la hubiese tenido sino es por esas cervezas, pero la verdad me siento muy nerviosa, pero aqui estamos los dos. - Brenda… ¿quieres intentarlo? - La verdad que me da miedo, pero algo por dentro me dice que si. - Es natural que te sientas asi, pero solo dejame decirte que, si hay algo que no desees, solo dimelo y le ponemos un alto. - !Esta bien! – me dijo. Obviamente sabia que lo queria, pues por esa razon me habia invitado esa tarde. Yo solo lo conllevaba de una manera como todo un caballero y sintiese confortable y con confianza. Me levante del sillon y sabia que se me iba a notar la ereccion, pero eso ya no me importaba, sabia que Brenda la queria ver asi y se imaginaba ver mi verga asi, o por lo menos ver el paquete. Tome asiento junto a ella y le di un pequeno beso en la boca y ella abrio como para que le introdujera la lengua y senti su aliento caliente, su lengua juguetona enredarse con la mia. Podia oler el perfume que usaba y al besar su cuello, pude oler el olor natural de su piel la cual se erizo al contacto. Ella se fue sobre mi sentandose en mis piernas de una manera frontal y la tome de su trasero por debajo de su falda amarillenta, donde mis dedos se insertaron por la tela de su bikini y tenia esas tetas frente a mi, que creo estaban desesperadas porque las desnudara y que estaban dispuesta a amamantar. En el escrito le relataba de como deseaba chupar sus tetas y de esa manera se lo hice. En esa posicion le quite su blusa blanca, comence a besar el entorno de sus bustos aun con el brasier puesto y en minutos desabroche su sosten, uno que deberia ser de copa C y donde develaron una areola cafe clara, un pezon redondo y erecto y me lance eroticamente a chuparlos con delicadeza y a escuchar los gemidos timidos de brenda. De un pezon me pasaba al otro, chupaba cada una de sus tetas mientras mis manos masajeaban sus nalgas aun con su bikini. Sentia que el calor de su vulva traspasaba la tela de su calzon y mi ropa y ella hacia por querer sentir la friccion de mi paquete contra ella. Quiza despues de unos 8 a 10 minutos me pidio que pasaramos a su habitacion. Recogimos su blusa y brasier y pasamos a una pequena habitacion cuyas cortinas estaban cerradas y solo una lampara con una luz debil apenas alumbraba el lugar. Se acosto en la cama y le asisti para removerle la falda y pude ver su bikini fucsia con la evidencia de su humedad. Frente a ella me quite la camisa polo, baje mis pantalones y ella vio como tenia mi verga de erecta pues mi boxer parecia una carpa de circo. La deje con su bikini y me fui por sobre ella a seguir chupando esas tetas, nos echamos las sabanas encima pues a pesar de la calefaccion ya desnudos se sentia frio. Asi como en el relato le comia las tetas lentamente y bajaba a su ombligo y zona del monte venus sin llegar a su vulva pues seguia con su bikini. Me perdi en sus entrepiernas y besaba toda esa zona y me gustaba escuchar los gemidos de Brenda que ahora si eran ya mas elevados y no timidos como en el principio y podia oler los jugos de su joven vagina. No podia creer lo que Brenda me decia, que no habia cogido con hombre alguno, pero ya sea el primero o el quinto me estaba gozando de esta chica de solo 19 anitos y queria que ella lo gozara tambien a lo maximo. Sobre su bikini fucsia llegue a la zona de su clitoris, podia sentir el palpitar acelerado de su pepita, obviamente toda esa zona estaba mojada y literalmente podia beber de sus jugos saladitos y que en verdad disfrutaba. Ella me puso las manos en mi cabeza cuando sintio la presion de mis labios abarcando su clitoris y casi no se sentia esa barrera de su calzon y segui masajeando su vulva con la presion de mi boca sobre su calzon. Ya estaba tan caliente que ya no se pudo controlar, pues creo que despues de 20 minutos de chuparle las tetas y masajear su cuerpo con mi lengua, ya cuando llegue a su conchita fue como la cereza del pastel y no pudo aguantar mucho mas. Solo escuche sus gemidos mas acelerados con una respiracion que se hizo mas profusa y solo escuche que me dijo: !Por dios, me vengo… me esta haciendo correr… uh! !Dios mio me vengo! - Brenda elevaba sus caderas y yo empujaba mi boca contra su concha sobre la tela de su bikini y de esa manera vivio su primer orgasmo conmigo. Despues de ese explosivo orgasmo se iba a levantar para asearse en el bano, pero se lo impedi diciendo que queria tener el honor de quitarle los calzones. Se detuvo frente a la cama y sentado le he bajado el bikini y he podido ver su conchita desnuda, totalmente depilada y de un estilo Barbie que apenas se le puede ver el clitoris. Le pedi que se quedara asi, pero ella insistio que se sentia incomoda y que solo se pasaria una toalla para secar su conchita humeda. Termino con ese movimiento y literalmente me pidio que queria chupar mi verga. Cuando ella me removio el boxer me dio esa mirada de admiracion y me dijo: - !Usted no tiene verga… lo suyo es una vergota! – La tomo del tronco y me comenzo a chupar el glande despues que me lo habia secado con la misma toalla. Era una mamada tambien delicada la cual se conllevaba mientras yo estaba de espaldas sobre la cama y creo que lo que mas le cabia era la mitad de mi verga. Me chupo deliciosamente los huevos y subio a mi oido y me preguntaba: - ¿Lo estoy haciendo bien? Es la primera vez que hago esto. – me dijo. La verdad que me encantaba, ver a una chica de carita y cuerpo lindo que te mama la verga, no importa como lo haga siempre va a ser delicioso. Paso aproximadamente 10 o 12 minutos chupandome la verga cuando me dijo de esta manera: !Quiero que te corras en mi boca… quiero probar y saber que es una corrida! - La verdad que ya estaba a ese nivel y regularmente me gusta hacer correr dos o tres veces a una chica antes de yo correrme, pero vi a Brenda bien entrada en chupar mi verga y pues ya con su permiso me senti libre de irme en su boca. Cinco minutos despues me llego esa sensacion del no retorno, le hice un vaiven frenetico con mi verga en su boca y pude sentir como mis huevos se fruncieron y vi como su boca le rebalso con mi corrida de leche espesa. Parte se lo trago, parte se lo limpio con la toalla y fue cuando le pregunte: - Primera vez que se corren en tu boca… ¿Que te parecio? - Bueno, esto es la primera vez que estoy con un hombre… Sabe algun dulzon. -me dijo. - ¿Que te parecio tu corrida, te gusto, quieres mas? - Ha sido la primera vez que me hace correr un hombre. Hubiese deseado sentir su verga cuando me corria. - Sigueme mamando la verga y te aseguro que pronto lo experimentaremos. - ¿Tiene condones? - ¿Tu que crees? Los traje por si lo que intuia se daba. - !No se equivoco ¿verdad? Me siguio mamando la verga asi de flacida, pero con los minutos paso a tomar grosor y ereccion. Ella sonreia al ver tal efecto. Hizo un ademan con sus manos como que me la media y solo me dijo: - !Tienes una verga muy grande! No es que sea experta en vergas, pero definitivamente tienes una verga grande. -Saque un condon de uno del bolsillo del pantalon que yacia en el piso y vio como este cubria la mayor parte de mi verga. Ella se fue automaticamente en posicion del misionero, me abrio las piernas para facilitarme el acceso, pero primero le volvi a meter la lengua en su conchita. Me hinco frente a ella y sus piernas abiertas, meto primero el glande y ella gime en una combinacion de dolor y placer y lentamente la hundo y ella como que con sus manos me va deteniendo. Siento ese viaje lento de mi verga por ese canal y siento que como que llega a un tope. Me queda viendo y veo en sus ojos placer, un deseo, veo esa dulzura juvenil incredula y me voy por sobre ella y le doy un pequeno beso en su boca. En este momento no hay mucho movimiento y es Brenda la que me dice: - Usted va al pie del relato. Solo que mas rico que el relato. - Quiero que mi lengua chupe cada poro de tu piel… quiero que sientas mi verga en todos tus orificios donde quepa. - Si… yo quiero sentirla tambien… aunque me pone muy nerviosa cuando me lo dice. - No te preocupes, lo haremos cuidadosamente. Quiero cogerme tu conchita con todas mis ganas y disfrutar de ese culito porque hoy quiero que ese culito sea tambien mio. - Yo te lo voy a dar… !Como me encanta que me lo digas! - Brenda, quiero que me des ese culito, quiero que toda mi verga se hunda en ese rico culo que tienes. - ¿Le gustaria probar mi culo? - Tu sabes que me encantaria. Tu sabes que tienes un precioso culo. - No se lo puedo negar… me encanta que me lo diga. - Quiero chuparte el culo y correrme adentro de el. - !Que rico y que rico se siente tu verga en mi conchita! - ¿Quieres que te chupe y que te coja el culo? - Si Tony… quiero que me lo coma y que me lo desvirgue como usted quiera. Me gusta que me hable asi… me excita como su relato. - ¿Sientes la compresion de mi verga? - Si… me gusta. - Tu aprietame la verga con tu conchita. - A ver… Le hablaba de esta manera a su oido y aunque no teniamos mucho movimiento mi verga y mis huevos chocaban por toda esa zona erogena de esta mujer. Diez minutos en esa posicion entre yo comprimiendo mi verga y ella apretandola con su conchita y de repente exploto diciendo. - !Uh, Tony… me corro! !Que rico! Sacudame la verga, dele verga a mi conchita…. Uh, Dios mio, que delicioso. Brenda movia sus caderas y hasta las elevaba, cerraba los ojos y abria la boca respirando profusamente y le di un embate fuerte a esa conchita y la friccion del mete y saca se escuchaba con ecos en esa habitacion. La cama pegaba contra la pared y crujia que parecia que se iba a romper. Creo que fue una corrida multiorgasmica porque paso aullando por mas de cinco minutos y solo me pedia que no parara. Saque mi verga de su conchita y sus jugos espesos eran blancuzcos y salio de nuevo al bano a limpiarse. Vi de nuevo su desnudez y aprecie ese rico culo cuando me dio la espalda y sabia que lo tenia que poseer… esta chica deberia de experimentar sexo anal en esta misma ocasion. Ella creo lo queria… ya lo habia fantaseado como en el relato. Quieres saber como termina este relato… hazmelo saber escribiendome. Tonyzena21@gmail.com
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